Simposio de Macao: cristianismo y China, una adaptación no en sentido único

El debate que se desarrolló en el evento organizado en la Universidad de San José con motivo del centenario del Concilio de Shanghai. Padre Leopold Leeb: en muchos chinos hay interés por la novedad del Evangelio y ésa es la condición previa de toda inculturación. El papel decisivo del "sensus fidelium" de las familias católicas chinas para mantener viva la fe durante los años de persecución.

Macao (AsiaNews)- El encuentro entre el Evangelio y las culturas nunca es un camino en sentido único, siempre se compone de intercambios recíprocos, y este planteo  también es válido para todos los debates sobre la "sinización" del cristianismo, tanto en la China de ayer como en la de hoy. Entre las muchas ideas que se expusieron en el Simposio que organizó en Macao la Universidad de San José en el 100º aniversario del Concilio de Shanghai, precisamente esta necesidad de ir más allá de las lecturas un tanto esquemáticas de la historia es el rasgo más significativo que caracterizó los tres días de trabajo que se cerraron esta tarde con las conclusiones que se entregaron a los coordinadores científicos de la iniciativa, el padre Cyril Law y el padre Gianni Criveller.

El evento organizado con motivo del centenario - que reunió a un centenar de académicos provenientes de toda la Gran China (República Popular China, Macao, Hong Kong y Taiwán) - fue un momento de intercambio franco de opiniones entre los participantes, con espacio para diálogos que permitieron un debate fecundo. Desde este punto de vista, dos intervenciones en particular introdujeron elementos importantes para releer de manera no ideológica el contexto de China en el que se llevó a cabo el Concilio de Shanghai en 1924.

En efecto, si bien es cierto que ese acontecimiento fue una importante profecía sobre la valorización de la cultura y del clero local chinos que nunca se cumplió plenamente debido a demasiadas resistencias, por otra parte es profundamente equivocado pretender releer en su totalidad la historia de las misiones en China en el siglo XIX y principios del XX como un fenómeno colonial. En este sentido - también a la luz de la insistencia actual en la sinización de las religiones en China - fue interesante lo que subrayó el padre Leopold Leeb, estudioso verbita, profesor de la Universidad Renmin y con muchos años de presencia en Beijing a sus espaldas, sobre la "cristianización de China" como condición previa para una Iglesia con rostro verdaderamente chino. Porque no se trata sólo de formas, personas o categorías culturales que hay que valorar: hay una novedad del Evangelio que también debe poder encontrar espacio en su integridad en el contexto de esta gran nación. "Por parte de muchos chinos - recordó el padre Leeb - hay interés en lo que el cristianismo tiene de nuevo y diferente para proponer. Y también hay que tener en cuenta el camino que China ha tenido que recorrer para acercarse y comprender el cristianismo. El verdadero encuentro, por tanto, requiere esta integración recíproca".

Igualmente significativa fue la relectura que propuso la profesora Rachel Zhu Xiao Hong, de la Fudan University de Shanghai, quien en su intervención señaló que el "sensus fidelium" de las familias católicas (formadas en la fe y educadas en instituciones fundadas por misioneros) fue lo que mantuvo viva la fe en China más allá de todas las tormentas políticas del siglo XX. En este sentido, la estudiosa recordó la experiencia de la familia de Mons. Simon Zhu Kaimin, uno de los primeros obispos chinos ordenados personalmente por Pío XI en 1926, quien dirigió con gran dinamismo misionero en los años posteriores el vicariato apostólico de Haimen. Siendo ya anciano, sin embargo, fue etiquetado como reaccionario por los comunistas y murió básicamente privado de la libertad en 1960. Esa familia Zhu todavía cuenta con algunos sacerdotes mayores de noventa años que han demostrado con su vida que ese "sensus fidelium" siempre ha permanecido profundamente vivo, incluso en los años más duros de las persecuciones.

En el Simposio también se presentaron importantes reflexiones sobre algunos aspectos específicos del camino que el Concilio de Shanghai ya había señalado hace un siglo: por ejemplo, Pan Zhi Yuan, investigador de la Shanghai University, recorrió la trayectoria del sector editorial católico chino en la primera mitad del siglo XX, mientras Franz Gassner, de la Universidad de San José de Macao, habló sobre la idea de una Biblia china, que fue uno de los temas que discutieron los obispos en 1924.

Paralelamente a las sesiones de estudio, el Simposio vivió también momentos públicos significativos con este mismo espíritu. La tarde del 27 de junio, en el Auditorio de Fátima, una gran multitud de católicos de Macao asistió a la proyección de Ageless China, película rodada en 1949 por los jesuitas estadounidenses Bernard Hubbard y William Klement. Se trata de un documento prácticamente desconocido, de gran calidad, que permitió revivir con imágenes emocionantes cómo era la vida de la comunidad católica de Shanghai a fines de los años '40. Esta tarde los trabajos concluyeron con otro momento artístico: la presentación en la capilla del Seminario de San José de la Misa Regina Pacis, compuesta por el salesiano austriaco Wilhelm Schmid con motivo de la coronación de la imagen de la Virgen en el santuario de Sheshan en Shanghai. Todas ellas oportunidades para redescubrir una valiosa riqueza para el camino de la Iglesia de hoy en China.

 

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