Cumbre de la ONU sobre el ataque químico en Idlib. Occidente acusa a Assad. Moscú lo exculpa

El saldo actualizado habla de 72 muertos, de los cuales 20 son niños, y cientos de heridos. Londres, Washington y Bruselas acusan al régimen de Damasco, señalándolo como culpable del “crimen de guerra”. Para Rusia, fue atacada una fábrica de químicos de los rebeldes. Fuentes de AsiaNews: “Prudencia” a la hora de juzgar y una “verificación pormenorizada” de los hechos, dado el contexto de una “guerra de propaganda e información”. 


 Damasco (AsiaNews) – El Consejo de seguridad de la ONU se reúne hoy en una cumbre de emergencia, en la cual se discutirá acerca del ataque químico ocurrido ayer en Idlib, ciudad controlada por los rebeldes situada en el noroeste de Siria, que ha causado decenas de muertos y heridos entre la población civil.  La comunidad internacional ha reaccionado indignada ante el bombardeo, con condenas unánimes y durísimas lanzadas por la Unión Europea, los Estados Unidos, Israel y Gran Bretaña. Damasco negó rotundamente el uso de armas químicas y Moscú, aliada del gobierno sirio, en las últimas horas brindó una versión distinta de los hechos, que exculparía al régimen de Assad

Fuentes eclesiásticas contactadas por AsiaNews en Siria piden “prudencia” y esperan que haya una “verificación pormenorizada de los hechos” para comprobar la verdad. También en el pasado, agrega la fuente, se han verificado ataques que han suscitado indignación y condena pero “nunca fueron aclaradas a ciencia cierta las responsabilidades”, en el marco de una creciente “guerra de propaganda e información”.  

El saldo actualizado brindado por el Observatorio sirio por los derechos humanos, una ONG con base en Londres cercana a los rebeldes y sostenida por los sauditas, refiere 72 muertos, de los cuales 20 son niños, además de cientos de heridos. Antes de denunciar el ataque “químico” de ayer, el grupo agregó que “hay 17 mujeres entre las víctimas” y que el número “podría seguir aumentando” puesto que hay “personas desaparecidas”.

En las redes sociales y en la web circulan imágenes dramáticas del ataque: hombres, mujeres y niños que presentan vómitos y espuma por la boca, como consecuencia del uso de agentes químicos y tóxicos. Según los testimonios provenientes del área controlada por los rebeldes, que son difíciles de verificar de manera independiente, las bombas de la aviación siria habrían sido apuntadas a centros hospitalarios donde se estaba atendiendo a los civiles afectados. Hoy, el sitio  “Shaam”, que simpatiza con la oposición, mencionó bombas de cloro; el personal sanitario de la zona informa, en cambio, que los efectos se corresponden a los causados por el gas sarín. Ambos están prohibidos por los tratados internacionales.

En las horas que siguieron al ataque, las cancillerías occidentales han acusado al presidente sirio Bashar al-Assad y al ejército del gobierno por los bombardeos, definiendo el hecho como un verdadero y auténtico “crimen de guerra”. El ataque también proyectó una sombra sobre la reunión actualmente en curso en Bruselas, centrada en Siria, que cuenta con la presencia de 70 países donantes comprometidos en la colecta y distribución de ayudas humanitarias destinadas a la población local y a los refugiados que han huido, sorteando la frontera, a Turquía, al Líbano y a Jordania.

Desde marzo de 2011, fecha de inicio del conflicto, más de cinco millones de personas han franqueado las fronteras del país árabe y se han registrado como refugiados en las naciones limítrofes. Son cuando menos 400.000 las víctimas de la violencia, lo cual ha obligado a casi la mitad de la población a abandonar sus viviendas. Estimaciones de la UE dan cuenta de que 13,5 millones de sirios necesitan asistencia humanitaria en el país.

Para responder al ataque de ayer, Francia y el Reino Unido han solicitado una reunión de emergencia del Consejo de seguridad de la ONU. Para el representante de Londres en las Naciones Unidas, Matthew Rycroft, el episodio representa “una pésima noticia” para las esperanzas “de paz en Siria”. Habla de un “crimen de guerra” y espera que, esta vez, algunas naciones aliadas de Damasco [léase Moscú, aunque en el pasado también China se opuso a resoluciones de condena] “no usen el veto para defender lo indefendible”.

El presidente estadounidense Donald Trump definió el ataque como “una acción innoble” del gobierno de Assad, y el secretario de Estado de los EEUU, Rex Tillerson habló de “barbarie”. Mayor prudencia manifestó el enviado especial de la ONU para Sira, Staffan de Mistura, quien definió el hecho como “horrendo”, pero al mismo tiempo manifestó su esperanza de que haya “una clara identificación de responsabilidades” y que los culpables sean procesados según marca la justicia.

En estas horas, Moscú, aliado de Damasco, ha brindado una nueva versión de los hechos “en base a datos surgidos a partir del control del espacio aéreo” que exoneraría, al menos en parte, al gobierno sirio. El ministerio de Defensa ruso habla de un ataque aéreo de la aviación del gobierno que apuntó a una fábrica química usada por los rebeldes en  Khan Sheikhoun. Las bombas habrían desencadenado la propagación de sustancias en el área, que luego causaron las víctimas entre la población civil de la zona. La fábrica alojaba un “laboratorio” para la confección de “bombas con sustancias tóxicas”; Moscú no aclaró si el depósito fue atacado deliberada o accidentalmente.

No es la primera vez que, en el contexto del conflicto sirio, se registra el uso de armas químicas. En el año 2013, el gobierno y los rebeldes intercambiaron acusaciones y pases de responsabilidad por ataques con agentes químicos. Las Naciones Unidas iniciaron varias investigaciones luego de las denuncias del uso de gas, tanto por parte del ejército regular como de las milicias rebeldes.  La última de éstas se remonta al pasado mes de agosto, cuando expertos de la ONU denunciaron el uso de gas cloro “en al menos dos ocasiones” por parte del ejército que responde al gobierno. Dichas acusaciones fueron rechazadas por el gobierno de Damasco. 

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