Papa: Una oración por ‘la amada y martirizada Siria’

En el Ángelus, el Papa Francisco recordó la mayor "catástrofe humanitaria de nuestro tiempo" y pidió a las partes implicadas que demuestren buena voluntad, para que se depongan las armas y se de esperanza a la población. El corazón de la fe cristiana: "El amor de Dios llegó a su punto culminante en la entrega del Hijo a una humanidad débil y pecadora". El 19 de marzo comienza el año dedicado a la "Familia Amoris Laetitia".

 


Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - Con un Ave María recitado junto con cientos de fieles reunidos en la Plaza de San Pedro para el Ángelus de hoy, el Papa Francisco recordó los 10 años del "sangriento conflicto en Siria", cuya gravedad lo convirtió en la mayor "catástrofe humanitaria de nuestro tiempo". Utilizando siempre las palabras "amada y martirizada Siria", Francisco pidió a las "partes en conflicto" que demuestren "buena voluntad", para que haya "signos de esperanza para la población", de manera que, “una vez depuestas las armas, se pueda reparar el tejido social y comenzar la recuperación económica” del país.

Anteriormente el pontífice, refiriéndose al Evangelio de la misa de hoy (4 de Cuaresma, B, Juan 3, 14-21), explicó por qué este domingo se llama "Laetare", tomado de la antífona del comienzo de la misa. El Papa se preguntó: “¿Cuál es el motivo de esta alegría? Lo dice el Evangelio de hoy: "tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna" (Jn 3, 16). Este mensaje gozoso es el corazón de la fe cristiana: el amor de Dios ha llegado a su punto culminante con la entrega del Hijo a una humanidad débil y pecadora".

En el Evangelio de hoy, Jesús aparece como el "Hijo del hombre", porque "fue levantado en la cruz y todo el que cree en él queda curado del pecado y vive".

También es el "Hijo de Dios": "Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Jesús. La misión de Jesús es una misión de salvación para todos".

Por último, Jesús es “luz”: “La venida de Jesús al mundo obliga a hacer una elección: el que elige las tinieblas tendrá un juicio de condenación, el que elige la luz tendrá un juicio de salvación. El juicio es la consecuencia de la libre elección de cada uno: quien practica el mal busca las tinieblas, trata de esconderse, quien hace la verdad, es decir, quien practica el bien, llega a la luz. El que camina en la luz, el que se acerca a la luz, hace buenas obras. Esto es lo que estamos llamados a hacer con mayor empeño durante la Cuaresma: acoger la luz en nuestra conciencia, especialmente en el Sacramento de la Reconciliación, para abrir nuestro corazón al amor infinito de Dios, a su misericordia llena de ternura y bondad. No olviden que Dios siempre perdona. Solo tenemos que pedírselo. Así encontraremos la verdadera alegría y podremos regocijarnos en el perdón de Dios que regenera y da vida.

Que María Santísima nos ayude a no tener miedo de dejar que Jesús nos “ponga en crisis”. Es una crisis saludable, para que nos curemos; para que nuestra alegría sea plena”.

Después de la oración mariana y el llamamiento por Siria, Francisco recordó que el 19 de marzo comienza el año dedicado a la "Familia Amoris Laetitia", para poner "la familia en el centro de la Iglesia y de la sociedad".

En el momento de los saludos, Francisco se dirigió especialmente a "los filipinos [presentes] que celebran los 500 años de evangelización de Filipinas. Sigan adelante con la alegría del evangelio”. Esta mañana, la comunidad de inmigrantes filipinos en Roma celebró una misa presidida por Francisco junto con el Card. Tagle y el Card. De Donatis.

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