10/04/2026, 11.03
IRÁN - VATICANO
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Cardenal de Teherán: el alto el fuego en nuestro corazón

de card. Dominique Joseph Mathieu*

En una reflexión enviada a AsiaNews en vísperas de la vigilia de oración por la paz convocada para mañana por el Papa, que coincide con el esperado inicio de las conversaciones entre Estados Unidos e Irán en Pakistán, el cardenal recuerda que la paz no es una «cuestión externa», sino que «nace en nuestro interior» y se convierte en «palabra, gesto y estilo de vida». Si se «silencia la conciencia, la agresividad crece». La cruz «muestra que el verdadero poder no es el que oprime, sino el que permanece fiel a la verdad».  

 

Roma (AsiaNews) - «El alto el fuego nos plantea una pregunta personal: ¿qué estoy alimentando en mi corazón? ¿La paz o el rencor? ¿La verdad o la conveniencia? Porque la paz no es solo una cuestión “externa”, política o internacional. Nace en nuestro interior y luego se convierte en palabra, gesto, estilo de vida», y cuando la verdad misma «se pone de lado, la paz se debilita. Cuando se silencia la conciencia, la agresividad crece», tanto en las familias como en la sociedad. Así lo escribe el card. Dominique Joseph Mathieu, arzobispo de Teherán-Isfahán de los latinos, en una reflexión enviada a AsiaNews al día siguiente de la frágil tregua alcanzada por Estados Unidos e Irán y en vísperas de las conversaciones de paz en Islamabad mediadas por Pakistán (y China) del fin de semana. Mañana a las 18:00 horas tendrá lugar también la vigilia especial de oración por la paz presidida por el papa León en la basílica de San Pedro.

El cardenal, que en las últimas semanas tuvo que abandonar la capital iraní debido al conflicto, recuerda la concreción de la fe cristiana: «Hay que hacer todo lo posible —subraya— para evitar la guerra, y también en los conflictos la ley moral sigue siendo válida. No todo es lícito, nunca. La paz exige decisiones coherentes, no solo buenas intenciones». Al repasar el significado de la Pascua, y en vísperas de las conversaciones que puedan apagar los vientos de guerra que han soplado con fuerza en el Golfo en las últimas semanas, el card. Mathieu recuerda que «la paz del Resucitado» no es «ingenua», sino que «resiste a la violencia sin imitarla. Es una fuerza humilde y perseverante, que rechaza la lógica del miedo y de la intimidación». Y la cruz «muestra que el verdadero poder no es el que oprime, sino el que permanece fiel a la verdad y así salva. De ahí —concluye— nace la paz cristiana».

A continuación, la reflexión del card. Mathieu enviada a AsiaNews:

En una época marcada por guerras y alto el fuego, incertidumbres y divisiones, la cruz nos revela que la paz no es una idea bonita: es un camino pascual que pasa por la verdad.

La verdad se ve en la vida de Jesús: en el silencio, en la obediencia, en la entrega hasta la cruz. La cruz nos muestra que el verdadero poder no es el que oprime, sino el que permanece fiel a la verdad y así salva.

De ahí nace la paz cristiana. No como un simple deseo, sino como un don real: «La paz esté con vosotros». Es la paz del Resucitado, capaz de transformar el corazón y, a través del corazón, también el mundo.

Esta es la paz que hoy estamos llamados a comprender: una paz «desarmada y desarmante». No nace del cálculo de la fuerza, sino de Dios. Es un don «de lo alto», pero no pasivo: hay que acogerlo, custodiarlo, vivirlo.

Por eso no es ingenua. Es una paz que resiste a la violencia sin imitarla. Es una fuerza humilde y perseverante, que rechaza la lógica del miedo y de la intimidación.

Y, sin embargo, el Evangelio nos advierte: cuando se deja de lado la verdad, la paz se debilita. Cuando se silencia la conciencia, la agresividad crece —en las relaciones, en las familias, en la sociedad— hasta parecer normal.

Entonces, el alto el fuego nos plantea una pregunta personal: ¿qué estoy alimentando en mi corazón? ¿La paz o el rencor? ¿La verdad o la conveniencia?

Porque la paz no es solo una cuestión «externa», política o internacional. Nace en el interior y luego se convierte en palabra, gesto, estilo de vida.

La fe cristiana es muy concreta en este punto: hay que hacer todo lo posible para evitar la guerra, y también en los conflictos la ley moral sigue siendo válida. No todo es lícito, nunca. La paz exige decisiones coherentes, no solo buenas intenciones.

Y entonces comprendemos: la verdad no es un detalle. Es lo que impide que la justicia se convierta en venganza y que la paz se convierta en un compromiso vacío.

Esta paz, además, no se refiere solo a las relaciones entre las personas, sino a toda la vida: paz con Dios, paz entre los hombres, paz con la creación. Es una reconciliación que lo abarca todo.

¿Cómo vivirla, entonces, de manera concreta?

En primer lugar: acoger la paz como un don. No podemos construirla por nosotros mismos. Hay que pedirla, recibirla, cuidarla.

A continuación: buscar la verdad sin ceder a la venganza. La justicia sin reconciliación se convierte en dureza; la paz sin verdad se convierte en ilusión.

Por último: practicar un desarme concreto. En las palabras, en los juicios, en las reacciones. A veces significa escuchar más, hablar con más sinceridad, romper una cadena de agresividad. Y, en la medida de lo posible, apoyar aquello que previene los conflictos y tiende puentes.

Son opciones sencillas, pero exigentes. Porque la tentación es siempre la de las «medias tintas»: distanciarse de palabra, sin cambiar realmente. Pero la conciencia no se lava las manos.

Pero Cristo no se quiebra. Su fidelidad abre un camino: una paz humilde, perseverante, desarmada y desarmante, capaz de vencer el mal sin reproducirlo.

Pidamos, entonces, la gracia de escuchar verdaderamente su voz, de no pertenecer a la mentira y de convertirnos —en la medida de nuestras posibilidades— en artífices de la paz: una paz fundada en la verdad, en la justicia y en la misericordia.

*Arzobispo de Teherán-Isfahán de los latinos

(Foto tomada de los medios de comunicación vaticanos)

 

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