Roma (AsiaNews) - En un mensaje difundido hoy, pero con fecha del 12 de octubre de 2026, víspera de la intervención en el hospital Gemelli en la que le extirparon un "nódulo circunscrito" del pulmón, León XIV se dirige al director general de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), el chino Qu Dongyu, quien ocupa el cargo desde 2019, con motivo del Día Mundial de la Alimentación, cuyo lema es "Innovar hoy para alimentar mañana".
En seis puntos, el Papa advierte sobre los motivos económicos y los intereses egoístas que pueden contaminar la innovación y conducir al mundo "a una paradoja: el progreso global, que avanza cada vez más rápido, va acompañado de la persistencia del hambre y la pobreza", señala el mensaje.
Cambiar la manera de concebir el progreso
Según León XIV, es necesario cambiar el modo en que concebimos el progreso. Para salir de una "profunda crisis antropológica y ética", debemos recordar que "cuando el ser humano contribuye a que la tierra dé sus frutos, no está llevando a cabo una mera transacción técnica, sino que está cumpliendo con el mandato de cuidarla y cultivarla". Este mandato "precede a toda arquitectura jurídica y a todo avance técnico", afirma el Pontífice.
Sin embargo, la tecnología se utiliza, lamentablemente, de maneras que "despoja al suelo de su fertilidad natural o expulsa al campesino de su tierra". León XIV define esta práctica como una "forma sofisticada de devastación", en la que se pierde de vista el bien común, se viola el principio de solidaridad y se ignora "el mandato del ser humano de preservar la creación".
El hambre no es una anomalía estadística
El Papa reivindica una forma de innovación ética, que "no se mide únicamente por la cantidad de grano obtenida, sino por la promoción de la dignidad humana otorgada por Dios y por la integridad del ecosistema que el ser humano está llamado a preservar".
"El hambre no puede considerarse una anomalía estadística", afirma. Entre sus principales causas identifica la falta de voluntad política y la ausencia de caridad colectiva. León XIV considera "intolerable que, en una época caracterizada por un progreso técnico sin precedentes, el pan siga siendo un privilegio y el agua una mercancía disputada". También subraya que el acceso regular a una alimentación segura es un derecho humano fundamental y que garantizarlo constituye una obligación de justicia.
Por eso, urge revisar la distribución, porque "se perfeccionan los mercados del grano en las bolsas de valores, mientras la semilla real, la que germina en el surco, cae en manos de monopolios que asfixian a la agricultura de pequeña escala", advierte. Para ello es necesario "liberar los alimentos de las lógicas puramente especulativas". "El pan no es un instrumento de presión geopolítica ni un activo financiero volátil. Nunca debe utilizarse como arma de guerra", declara.
Un llamamiento a asumir responsabilidades más allá de los balances
El Pontífice invita a mirar más allá del corto plazo. "El mito del crecimiento ilimitado a pesar de que los recursos son limitados ha llegado a un punto de ruptura", afirma. Por eso considera necesario "asumir una responsabilidad intergeneracional que vaya más allá de los presupuestos anuales". También considera fundamental "reconciliar la tecnología con la sabiduría del agricultor, "que ha afianzado su conocimiento del suelo y del clima a lo largo de siglos de atenta observación". "Innovar —afirma— también implica proteger el agua como bien común indivisible".
En su mensaje a la FAO, León XIV exhorta a "no conformarse con diagnósticos abstractos ni con declaraciones de eficacia efímera. Es hora de la audacia moral. Es necesario establecer un nuevo orden alimentario global", e insiste en la necesidad de avanzar con un "imperativo ético impostergable, hacia la investigación agrícola sostenible y la regeneración de los suelos degradados".
"El mañana no es un espacio de tiempo abstracto", continúa diciendo, "sino la cosecha de lo que sembramos hoy con nuestras decisiones". Por último, el Papa reitera el "apoyo incansable" de la Santa Sede a los "nobles esfuerzos" de la FAO.



















