El Papa Francisco a los jóvenes: "No dejen de ver y sembrar esperanza".

En su mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud que se celebrará en las diócesis el domingo 26 de noviembre, el pontífice menciona también la plaga de los suicidios juveniles. "Frente a los dramas de la humanidad, podemos ser parte de la respuesta de Dios".

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - "Vivimos en un tiempo en el que para muchos, incluso jóvenes, la esperanza parece ser la gran ausente. Ante los dramas de la humanidad, especialmente el sufrimiento de los inocentes, también nosotros, como rezamos en algunos salmos, preguntamos al Señor: '¿Por qué? Pues bien, nosotros podemos ser parte de la respuesta de Dios".

Así escribe el Papa Francisco a los jóvenes de todo el mundo en su mensaje para la XXXVIII Jornada Mundial de la Juventud que se celebrará en las Iglesias locales de todo el mundo el domingo 26 de noviembre, en la solemnidad de Cristo Rey. En el texto -difundido hoy- el Pontífice recuerda el gran encuentro celebrado en Lisboa el pasado verano y la cita dada para 2027 en Asia, cuando la JMJ tendrá parada en Seúl. Pero entre medias hay una etapa intermedia, la del Jubileo de Roma en 2025, para la que Francisco ya ha señalado la virtud de la esperanza. Y aquí están las palabras de San Pablo " Alegres en la esperanza " (Rom 12,12), elegidas como tema para la Jornada de la Juventud de este año.

"Quisiera tomarlos de la mano y recorrer con ustedes el camino de la esperanza", escribe el Papa a los jóvenes, "quisiera hablar con ustedes de nuestros gozos y esperanzas, pero también de las tristezas y angustias de nuestro corazón y de la humanidad que sufre (cf. Constitución pastoral Gaudium et spes, 1)". El Pontífice recuerda que ya en tiempos de Pablo eran palabras escritas "en un tiempo de fuerte persecución". Y la "alegría en la esperanza", predicada por el Apóstol, "brota del misterio pascual de Cristo, de la fuerza de su resurrección. No es fruto del esfuerzo humano, del ingenio o del arte. Es la alegría que brota del encuentro con Cristo".

"Desgraciadamente -recuerda a continuación Francisco-, tantos de vuestros contemporáneos, que experimentan la guerra, la violencia, el acoso y las diversas formas de penuria, están afligidos por la desesperación, el miedo y la depresión. Se sienten como encerrados en una prisión oscura, incapaces de ver los rayos del sol. Así lo demuestra dramáticamente la elevada tasa de suicidios entre los jóvenes de varios países. En un contexto así, ¿cómo se puede experimentar la alegría y la esperanza de las que habla san Pablo? Más bien corre el riesgo de apoderarse de uno la desesperación, el pensamiento de que es inútil hacer el bien, porque no sería apreciado ni reconocido por nadie".

He aquí, pues, la tarea de los cristianos -como personas creadas a imagen y semejanza de Dios- de "ser expresión de su amor que hace nacer la alegría y la esperanza incluso donde parece imposible". El Papa cita al joven padre protagonista de la película "La vida es bella", que "con delicadeza e imaginación, logra transformar la dura realidad en una especie de aventura y juego, y así da a su hijo ojos de esperanza". "Esto es lo que vemos en la vida de tantos santos -comentó Francisco-, que fueron testigos de esperanza incluso en medio de la más cruel maldad humana. Pensamos en san Maximiliano María Kolbe, santa Josefina Bakhita, o en el matrimonio beato Józef y Wiktoria Ulma con sus siete hijos. Fue también la esperanza de la Virgen María, que permaneció fuerte bajo la cruz de Jesús, segura de que el 'buen desenlace' estaba cerca".

El Pontífice precisó que "la esperanza cristiana no es optimismo fácil ni placebo para crédulos: es la certeza, enraizada en el amor y en la fe, de que Dios nunca nos deja solos. La esperanza cristiana no es negación del dolor y de la muerte, es celebración del amor de Cristo resucitado que está siempre con nosotros, incluso cuando parece lejano".

Pero la esperanza -añade- hay que alimentarla y el primer paso para ello es la oración, porque como escribió Benedicto XVI, aunque "ya nadie me escuche, Dios me sigue escuchando". Y luego se alimenta con las opciones cotidianas. Francisco sugiere a los jóvenes una concreta: "en las redes sociales parece más fácil compartir malas noticias que noticias de esperanza -recuerda-. Intenten, en cambio, compartir cada día una palabra de esperanza. Conviértanse en sembradores de esperanza en la vida de sus amigos y de todos los que les rodean".

El mensaje retoma también otra imagen muy querida por los jóvenes: la del smartphone, que difunde luz en la noche con una linterna. "En los grandes conciertos, miles de ustedes mueven estas modernas linternas al ritmo de la música, creando una escena evocadora. Por la noche, la luz nos hace ver las cosas de otra manera, e incluso en la oscuridad emerge una dimensión de belleza. Lo mismo ocurre con la luz de la esperanza que es Cristo. Por él, por su resurrección, nuestra vida se ilumina. Con él vemos todo bajo una luz nueva".

Y es la mirada con la que mirar también la vida cotidiana. "Desafíos y dificultades hay y habrá siempre", amonesta el Papa, "pero si estamos dotados de una esperanza "llena de fe", los afrontamos sabiendo que ellos no tienen la última palabra y nosotros mismos nos convertimos en una pequeña linterna de esperanza para los demás. Recuerda a los discípulos que bajaron de la montaña después de la Transfiguración. "No debemos huir del mundo, sino amar nuestro tiempo, en el que Dios nos ha puesto no sin razón. No tengan miedo de compartir con todos la esperanza y la alegría de Cristo resucitado. La chispa que se ha encendido en ustedes, cuídenla, pero al mismo tiempo regálenla: verán que crecerá".

" Estén cerca, en particular -pide Francisco-, de aquellos amigos suyos que pueden estar sonriendo en la superficie, pero por dentro están llorando, pobres de esperanza. No se dejen contagiar por la indiferencia y el individualismo: permanezcan abiertos, como canales a través de los cuales la esperanza de Jesús puede fluir y difundirse en los ambientes donde viven".

Por último, dirige otra invitación a los jóvenes: retomar el Documento final del Sínodo dedicado a ellos en 2018 y la exhortación apostólica Christus vivit. "Ha llegado el momento -comenta el pontífice- de hacer juntos balance y trabajar con esperanza por la plena realización de aquel inolvidable Sínodo".

 

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