Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – El papa León XIV publicó ayer una carta apostólica en forma de motu proprio titulada «Mutua concordia», mediante la cual ha introducido una nueva normativa para las Iglesias orientales que afecta muy de cerca a algunas comunidades católicas de Asia. La medida tiene por objeto abordar los casos de ruptura grave e irremediable de las relaciones entre un patriarca y el Sínodo de obispos de su propia Iglesia, atribuyendo a los Sínodos —en determinadas condiciones y con el consentimiento del Papa— la facultad de destituir a un patriarca o a un arzobispo mayor. El objetivo declarado es potenciar la responsabilidad de los sínodos y restablecer, en las situaciones más graves, la unidad y la comunión eclesial.
Dentro de la Iglesia católica, las Iglesias orientales se caracterizan no solo por un rito distinto del latino, sino también por una normativa canónica propia regulada por el Código de los Cánones de las Iglesias Orientales, que reconoce facultades específicas a los sínodos. Actualmente hay seis Iglesias patriarcales: la Iglesia maronita (libanesa), la Iglesia caldea (iraquí), la Iglesia siro-católica, la Iglesia greco-melquita (muy extendida por todo Oriente Medio), la Iglesia armenio-católica y la Iglesia copto-católica. A estas hay que añadir, sin embargo, las cuatro Iglesias arzobispales mayores a las que —según especifica el motu proprio Mutua concordia— se aplican por analogía las nuevas normas sobre la posibilidad de destituir al líder elegido por el Sínodo: la Iglesia greco-católica ucraniana, la Iglesia greco-católica rumana y las dos Iglesias indias de rito oriental: la siro-malabar y la siro-malankara.
La nueva normativa —que modifica los cánones 106 y 126 del Código de Cánones de las Iglesias Orientales y ha entrado en vigor de forma inmediata— establece que, en caso de que el patriarca o el arzobispo mayor no cumplan con las obligaciones previstas en el Código, el Sínodo podrá ser convocado también por el obispo de mayor antigüedad en la ordenación episcopal, en caso de que el patriarca no proceda a la convocatoria.
En caso de una causa grave reconocida por el Sínodo, este podrá pedir al patriarca que renuncie a su cargo. Si este se negara, el Sínodo podrá proceder a una votación secreta: para la destitución se necesitarán al menos dos tercios de los miembros con derecho a voto. El motu proprio especifica que se deberá garantizar al patriarca el pleno derecho a la defensa.
No obstante, la decisión no será definitiva sin el consentimiento del Papa. Al igual que ocurre con la elección, corresponderá al pontífice verificar que el voto de los obispos se haya emitido libremente y sin presiones indebidas, asumiendo así una función de garantía.
En la introducción a la carta apostólica, el papa León XIV especifica que «si el vínculo sagrado entre el Pater et Caput y los demás obispos se viera irremediablemente comprometido, ello supondría una grave herida a la que habría que poner remedio, tal y como han solicitado también numerosos prelados orientales». Detrás de estas palabras no es difícil vislumbrar algunas situaciones dolorosas que han provocado en los últimos años graves divisiones en el seno de algunas de estas Iglesias. Particularmente dura —por ejemplo— fue en la India la escisión dentro de la Iglesia siro-malabar, que en 2023 condujo a la dimisión del arzobispo mayor, el cardenal George Alencherry. Las nuevas normas promulgadas por León XIV pretenden, por tanto, colmar una laguna del Código de las Iglesias Orientales, pero también reforzar el papel de los sínodos en la gestión de los conflictos internos de las comunidades.
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