Hiroshima (AsiaNews) - Hoy se celebró en Hiroshima una ceremonia en memoria de las víctimas surcoreanas del bombardeo estadounidense que provocó la rendición de Japón al final de la Segunda Guerra Mundial. La agencia Kyodo News informó que, con ese motivo, se presentó una actualización del registro con los nombres de 2.826 ciudadanos surcoreanos, al que se incorporaron los de dos personas cuya muerte se confirmó durante el último año.
La conmemoración se repite cada mes de agosto para recordar una historia que durante mucho tiempo permaneció al margen de la memoria colectiva japonesa: la de las decenas de miles de coreanos que fueron alcanzados por las bombas que el 6 y el 9 de agosto de 1945 arrasaron Hiroshima y Nagasaki y que, en los dos últimos años condujeron a la creación de un tribunal internacional para obtener el reconocimiento oficial de los sufrimientos que padecieron.
En aquella época, cientos de miles de coreanos vivían en Japón —que ocupaba la península de Corea desde 1910— para suplir la escasez de mano de obra provocada por la guerra, sobre todo en Hiroshima y Nagasaki, importantes centros militares. Muchos habían llegado en busca de trabajo después de haber sido privados de sus medios de subsistencia en su país. Según algunas estimaciones, alrededor de 70.000 coreanos estuvieron expuestos a las explosiones y cerca de 40.000 murieron en los días inmediatamente posteriores, aunque, como señala Kyodo News, la cifra exacta sigue siendo desconocida. Otras reconstrucciones elevan el número de víctimas coreanas a más de 50.000, de un total aproximado de 215.000 muertos causados por las dos bombas atómicas a finales de 1945.
La incertidumbre sobre el número de víctimas forma parte de la tragedia. Las oficinas del registro civil de la ciudad fueron destruidas por el bombardeo y, además, el sistema colonial japonés obligaba a los coreanos a japonizar sus apellidos, lo que hace prácticamente imposible determinar con precisión cuántas de las víctimas eran extranjeras. Una investigación realizada en 1978 por Jeong Gijang —también sobreviviente del bombardeo— entre los habitantes de Hapcheon, de donde procedía la mayor parte de los coreanos que se encontraban en Hiroshima, identificó a 5.001 coreanos que habían estado expuestos al bombardeo, el 96% de los cuales se encontraba en Hiroshima, la primera ciudad atacada con una bomba atómica. Su investigación sigue siendo, hasta hoy, uno de los pocos censos sistemáticos realizados sobre los sobrevivientes coreanos.
Hapcheon, "la Hiroshima coreana"
Alrededor del 70% de las víctimas coreanas de Hiroshima procedía del condado de Hapcheon, al que posteriormente se llamó “la Hiroshima de Corea”, una zona rural montañosa al norte de Busan. Miles de sobrevivientes regresaron allí tras la liberación de Corea en 1945, de un total de 43.000 coreanos repatriados desde Japón después de la guerra. En Hapcheon hoy funciona un centro de atención para las víctimas del bombardeo atómico, construido en la década de 1990 con una contribución japonesa de 4.000 millones de yenes que se entregó en 1993 como ayuda humanitaria y gestionado por la Cruz Roja Coreana. Detrás del centro, una estructura tradicional conserva 1.172 tablillas conmemorativas con los nombres de los sobrevivientes fallecidos. El director del centro, Jeong Soo-won, explicó que actualmente quedan en toda Corea del Sur cerca de 1.600 hibakusha coreanos, 82 de los cuales residen de forma permanente en ese centro.
Pero es probable que el número de sobrevivientes conocidos sea inferior al real, porque durante décadas muchas víctimas prefirieron guardar silencio. Es el caso, por ejemplo, de Bae Kyung-mi, que tenía cinco años cuando la bomba “Little Boy” cayó sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945: su casa se derrumbó sobre ella y la protegió de las quemaduras que causaron la muerte de decenas de miles de personas, entre ellas una tía y un tío. Cuando regresó a Corea, su familia nunca habló de lo ocurrido. “Nunca le conté a mi esposo que había estado en Hiroshima y que era una víctima del bombardeo”, contó el año pasado Bae, que tenía 85 años, a la agencia France Presse. “En aquella época se decía con frecuencia que te habías casado con la persona equivocada si él o ella era sobreviviente de la bomba atómica”. Sus dos hijos recién descubrieron su historia en 1996, cuando ella se inscribió en el centro de Hapcheon, porque temía que las enfermedades relacionadas con la radiación —que a ella le costaron la extirpación de los ovarios y de un seno debido al alto riesgo de cáncer— pudieran afectarlos también a ellos.
Detrás del silencio de las víctimas también subsiste la vergüenza social por haber realizado trabajos humildes en Japón, a lo que después se sumaron los rumores (infundados) de que la exposición a la radiación podía ser contagiosa. Quienes permanecieron en Japón se enfrentaron a una doble discriminación: como hibakusha y como coreanos, y además fueron testigos del conflicto de la década de 1950 que condujo a la división de las dos Coreas.
Para obtener un reconocimiento público también debieron pasar décadas. Un primer monumento a las víctimas coreanas fue erigido en 1970 fuera del Parque Memorial de la Paz de Hiroshima, en el extremo occidental del puente Honkawa, cerca del lugar donde se encontró el cuerpo del príncipe coreano Yi Wu, que era oficial del ejército japonés y murió el mismo día del bombardeo de Hiroshima. Recién en 1999, después de años de presiones, el monumento fue trasladado al interior del parque, junto a los demás memoriales.
Un tribunal internacional en Seúl
Hoy la cuestión del reconocimiento dista mucho de estar resuelta. Shim Jin-tae, de 84 años, nacido en Hiroshima de padres reclutados y actualmente al frente de la sección de Hapcheon de la Asociación Coreana de Víctimas de la Bomba Atómica, resumió la situación en una intervención durante la Tercera Reunión de los Estados Parte del Tratado de la ONU sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPNW), celebrada en Nueva York en marzo del año pasado. “Más de 70.000 coreanos —dijo— estuvieron expuestos a las bombas atómicas que lanzó Estados Unidos sobre Hiroshima y Nagasaki. Sin embargo, todavía hoy no se ha llevado a cabo ninguna investigación adecuada para determinar la verdadera magnitud de los daños y no sabemos cuántos coreanos se vieron afectados”. Y añadió: “Incluso aquellos que sobrevivieron y regresaron a su ciudad natal vivieron el resto de su vida con dolor, sufriendo el abandono del Gobierno, el rechazo social, la pobreza y las consecuencias de la radiación de la bomba atómica. Hasta el día de hoy, el gobierno surcoreano sigue excluyendo a los descendientes de las víctimas de las leyes especiales de ayuda y ha ignorado por completo la voz de las víctimas”. Una ley especial aprobada por Seúl en 2016 otorga un subsidio mensual de unos 100.000 wones (unos 72 dólares) a los sobrevivientes reconocidos, pero no contempla ninguna ayuda para los hijos y nietos, entre los que se registran numerosos casos de enfermedades congénitas relacionadas con la exposición de sus padres.
Por este motivo, a partir de 2024 se empezó a constituir el International People’s Tribunal on the 1945 U.S. Atomic Bombings, promovido por la ONG surcoreana SPARK (Solidarity for Peace and Reunification of Korea) junto con un comité internacional de juristas, con el objetivo de exigir a Estados Unidos que responda, conforme al derecho internacional, por el uso de las dos bombas. El tribunal (que no tiene poder coercitivo, siguiendo el modelo de iniciativas similares de justicia simbólica como el Tribunal Russell sobre Vietnam) se centra específicamente en las víctimas coreanas, cuyas historias, según se lee en los documentos de la organización, “no han recibido suficiente atención por parte de la comunidad internacional”, sobre todo por tratarse de víctimas dobles: de la colonización japonesa y del bombardeo estadounidense. Después de realizar una investigación preliminar en Hiroshima en 2024 y una gira de testimonios por Estados Unidos entre el 20 de abril y el 2 de mayo de este año, que también llevó a la asociación a Nueva York en coincidencia con la Undécima Conferencia de Revisión del Tratado de No Proliferación Nuclear, las audiencias se celebrarán del 13 al 15 de noviembre de 2026 en Seúl, en la Escuela de Posgrado de Teología de la Universidad Hanshin. En junio, los organizadores enviaron una invitación formal a los gobiernos de Estados Unidos y Corea del Sur para participar en el proceso, pero hasta la fecha no se ha recibido ninguna respuesta oficial.
Mientras tanto, se reduce cada vez más la posibilidad de mantener viva la memoria, al mismo tiempo que disminuye el número de testigos directos, que ya superan los ochenta años. Precisamente por ello, explican quienes siguen este caso desde hace años, el tiempo para lograr un reconocimiento internacional es cada vez más limitado. Como resumió Melissa Parke, directora ejecutiva de la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN), después de visitar a los sobrevivientes de Hapcheon en agosto de 2025: “Los sobrevivientes coreanos, al igual que sus homólogos japoneses, han sufrido durante 80 años. Además de recibir el apoyo y el reconocimiento que merecen, su llamamiento a la abolición de las armas nucleares debe ser escuchado por todos los países que las poseen”.














