Rio de Janeiro (AsiaNews)- Hacia las 23 de ayer por la noche (20 hora local) se inició oficialmente la 31ma edición de la Olimpíadas, la primera en Sudamérica, sacudida por problemas políticos, de corrupción y de doping.
La ceremonia de apertura se realizó en el famoso estadio de Maracaná, con la presencia de al menos setenta y ocho mil espectadores, difundida vía Tv a al menos 3 mil millones de personas.
En un video antes del show, el secretario general de la Onu, Ban Ki-moon, dijo que los juegos “celebran lo mejor de la humanidad” y pidió - al igual que en la antigüedad - una tregua olímpica, pidiendo a “todos los que están en guerra el abandonar las armas” al menos durante las dos semanas de los eventos deportivos, del 5 al 21 de agosto.
Pero bastó el anuncio de la apertura oficial, por parte del presidente brasilero interino, para hacer surgir los problemas que está pasando el país. Sus palabras fueron recibidas con abucheos y gritos, siendo él mismo uno de los responsables de haber dejado de lado a la presidente Dilma Roussef, acusada de corrupción. A causa de los sacudones en la dirigencia del poder, muchos trabajos previstos para las Olimpíadas no pudieron ser completadas. A los atrasos y a los trabajos no terminados han contribuido también los temores por una epidemia del virus Zika y sobre todo por la crisis por la cual está pasando el país. Esta edición de los Juegos tuvo un Budget 12 veces menor de las de Londres de 2012 y 20 veces menos de las de Beijing de 2008. En todo caso los grandes gastos para las estructuras de esta Olimpíada- y los hechos de corrupción que invistieron a Brasil y en el Comité olímpico internacional- chocan contra la miseria de muchas fajas de la población. Fuera del estadio, había miles de manifestantes que gritaban. “¡Abajo Michel Temer!” y “¡No nos importan los Juegos, queremos trabajo, salud y educación!”.
La ceremonia fue igualmente adelante con danzas, juegos de luces, música y fuegos artificiales. Partiendo de imágenes de micro-organismos, la ceremonia “narró” la historia de Brasil y la contribución a esta que dieron también los pueblos indígenas, los pueblos portugueses, los esclavos africanos, los migrantes japoneses, dando al país su carácter multi-cultural.
La llama olímpica fue encendida por el maratonista Vanderlei Cordeiro de Lima.
En el desfile de los diversos grupos nacionales con sus banderas, recibió un gran aplauso -segundo solo a aquel de los brasileros - el equipo de refugiados: 10 atletas que participan por la primera vez y provienen de los evacuados de Siria, del Sur de Sudán, Congo y Etiopía.
También el juramento olímpico, proclamado por el velista brasilero Robert Scheidt, en el cual se jura que los 11 mil atletas presentes no harán uso de drogas, y sonó como un poco ridículo, después de los escándalo del doping que han tocado a Rusia, China y otros países en las precedentes ediciones.








