Taskent (AsiaNews) – La construcción del canal Kosh-Tepa en Afganistán se ha convertido en uno de los temas más debatidos de Asia Central en los últimos años: algunos consideran que el proyecto constituye una amenaza para la seguridad hídrica de toda la región, mientras que otros lo ven como la concreción del legítimo derecho de los afganos a utilizar los recursos del Amu Daria. El proyecto contempla la construcción de un canal principal de 290 kilómetros de longitud, 125 metros de ancho en la toma y unos ocho metros de profundidad. Una vez terminado, Afganistán prevé desarrollar cerca de 550.000 hectáreas de nuevas tierras agrícolas. Para su pleno funcionamiento, será necesario construir más de 500 kilómetros de canales de distribución, y los costos de construcción, según distintas estimaciones, oscilan entre 680 y 2.000 millones de dólares.
Los medios uzbekos suelen referirse a Kosh-Tepa como un proyecto de los talibanes, pero la idea de construirlo se remonta a mucho antes de que los talibanes llegaran al poder. El exministro afgano de Gestión de Catástrofes, Najib Agha Fahim, afirma que desde hace décadas se habla de construir el canal. La iniciativa se planteó por primera vez durante la presidencia de Mohammad Daoud, en la década de 1970, y su ejecución comenzó bajo el gobierno afgano respaldado por Occidente (2001-2021). En diciembre de 2018, Kabul había firmado un contrato con la empresa estadounidense de ingeniería Aecom para realizar un estudio de viabilidad de la obra.
En agosto de 2021, cuando los talibanes tomaron el control de Kabul, la documentación técnica del canal estaba completamente terminada. Said Zabihullah Miri, responsable de la obra, afirma que la construcción no tendrá un impacto significativo en el nivel de las aguas del Amu Daria; explicó que el río dispone de importantes reservas de agua, sobre todo durante los períodos de crecida y deshielo de los glaciares. Kabul reconoce, no obstante, que la construcción podría generar disputas con los países vecinos.
Fahim considera que Uzbekistán y Turkmenistán no tienen fundamentos jurídicos para impugnar el proyecto y sostiene que «el derecho de Afganistán a una parte del agua del Amu Daria está garantizado por numerosos documentos históricos y convenciones internacionales». Cita un acuerdo de 1958 entre Afganistán y la Unión Soviética, que reconocía al Amu Daria como río transfronterizo. Tras la caída de la URSS, los países de Asia Central mantuvieron el sistema soviético de distribución del agua mediante el acuerdo de Almaty de 1992, que mantiene las cuotas de uso del agua vigentes durante la época soviética. Casi la mitad se asigna a Uzbekistán y el resto se distribuye entre los demás países de Asia Central, pero Afganistán no forma parte de este acuerdo.
El Amu Daria es considerado el río más caudaloso de Asia Central; su longitud, incluyendo el Panj, es de unos 2.400 kilómetros y su caudal anual es comparable al del Nilo, es decir, unos 75 kilómetros cúbicos de agua al año. La parte afgana señala que alrededor del 30% del caudal natural de la cuenca del Amu Daria se genera en su territorio y que, a través del Kosh-Tepa, se prevé utilizar entre 6 y 10 kilómetros cúbicos de agua al año.
A pesar de las predicciones alarmantes difundidas en las redes sociales y en los medios tradicionales, Taskent ha abandonado su retórica intransigente respecto a la construcción del canal. En la primavera de 2025, Uzbekistán y Afganistán firmaron un acuerdo para la gestión conjunta de los recursos hídricos de la cuenca del Amu Daria. El ministro uzbeko de Recursos Hídricos, Shavkat Khamrajev, declaró que "a decir verdad, los afganos son nuestros parientes, y ellos también tienen derecho a extraer agua del Amu Daria. ¿Deberíamos tomar las armas e ir a la guerra? En realidad, estamos construyendo relaciones y manteniendo un diálogo". Mucho dependerá también de que se mantenga el nivel de las aguas, de las técnicas de producción agrícola y de la disposición de Asia Central a aceptar a Afganistán simplemente como un país vecino.














