El Papa en la JMJ: hoy, el Vía Crucis de Jesús se prolonga en medio de la indiferencia y el egoísmo

Francisco recordó “el camino de Jesús” que continúa en una sociedad que consume y se consume, que ignora y se ignora en el dolor de sus hermanos”. “Se prolonga en el dolor oculto e indignante de quienes, en vez de solidaridad por parte de una sociedad repleta de abundancia, encuentran rechazo, dolor y miseria, y además son señalados y tratados como los portadores y responsables de todo el mal social”.

por Franco Pisano

Panamá (AsiaNews) – El Vía Crucis de Jesús hacia el Calvario continúa en nuestros días y vuelve a darse “en tantos rostros que sufren por la indiferencia satisfecha de sí, que anestesia, de nuestra sociedad que consume y se consume, que ignora y se ignora en el dolor de sus hermanos”, sean ellos emigrantes constreñidos a abandonar su tierra, los numerosos “descartados”, los ancianos, los niños privados de su infancia o del derecho a nacer. El dolor del mundo se hizo presente en las palabras de Francisco durante el Vía Crucis realizado en la tarde de ayer  (22.30 GMT) y en el cual participaron cuando menos 400.000 jóvenes que asisten a las 34ta JMJ, en Panamá.  

Y “también nosotros, oh, Señor, tus amigos, nos hemos dejado tomar por la apatía y la inercia. No pocas veces, el conformismo nos ha derrotado y paralizado. Ha sido difícil reconocerte en el hermano que sufre: hemos apartado la mirada, para no ver; nos hemos refugiado en el ruido, para no oír; nos hemos tapado la boca, para no gritar, Siempre es la misma tentación. Es más fácil y ‘paga más’ ser amigos en la victoria y en la gloria, en el éxito y en el aplauso; es más fácil estar cerca de quien es considerado popular y ganador. ¡Qué fácil es caer en la cultura del bullying, del acoso y de la intimidación!”

“Para Ti, no es así, Señor: en la cruz te has identificado con todos los sufrimientos, con todos aquellos que se sienten olvidados” y “hoy, el Vía Crucis de tu Hijo se prolonga: en el grito sofocado de los niños a quienes se les impide nacer y de tantos otros a los que se les niega el derecho a tener infancia, familia, educación; que no pueden jugar, cantar, soñar..., en las mujeres maltratadas, explotadas y abandonadas, despojadas y ninguneadas en su dignidad; en los ojos tristes de los jóvenes a quienes se les arrebatan sus esperanzas de futuro por la falta de educación y trabajo digno; en la angustia de los rostros jóvenes, nuestros amigos, que caen en las redes de gente sin escrúpulos –y entre ellas se encuentran también personas que dicen servirte, Señor- redes de explotación, de criminalidad y de abuso, que comen de la vida de los jóvenes”.

“El Vía Crucis de tu Hijo se prolonga en tantos jóvenes y familias que, absorbidos en una espiral de muerte a causa de la droga, el alcohol, la prostitución y la trata, quedan privados no solo de futuro sino también del presente. Y así como arrancaron tus ropas, Señor, así es despojada y maltratada su dignidad”. Se prolonga “en los jóvenes con rostros fruncidos que perdieron la capacidad de soñar, de crear e inventar el mañana y se ‘jubilan’ con el sinsabor de la resignación y el conformismo, una de las drogas más consumidas en nuestro tiempo”.

“Se prolonga en el dolor oculto e indignante de quienes, en vez de solidaridad por parte de una sociedad repleta de abundancia, encuentran rechazo, dolor y miseria, y además son señalados y tratados como los portadores y responsables de todo el mal social. Se prolonga en la resignada soledad de los ancianos abandonados y descartados”.

“Se prolonga en los pueblos originarios, a quienes se despoja de sus tierras, raíces y cultura, silenciando y apagando toda la sabiduría que pueden aportar” y “en el grito de nuestra madre tierra, que está herida en sus entrañas por la contaminación”.

“Se prolonga en una sociedad que ha perdido la capacidad de llorar y de conmoverse frente al dolor”.

Y el Papa preguntó luego: “Y nosotros, Señor, ¿qué hacemos?” “¿Consolamos y acompañamos al Señor, indefenso y sufriente en los más pequeños y abandonados?”. “¿Permanecemos al pie de la cruz, como María?”.

 “Contemplemos a María, mujer fuerte. De ella queremos aprender a permanecer de pie junto a la cruz. Con la misma decisión y coraje que ella, sin evasiones o espejismos. Ella supo acompañar el dolor de su Hijo, tu Hijo; sostenerlo con la mirada y protegerlo con el corazón. Dolor que sufrió, pero que no la doblegó. Fue la mujer fuerte del ‘sí’, que sostiene y acompaña, protege y abraza. Ella es la gran custodia de la esperanza”.

Como María, “nosotros también deseamos ser una Iglesia que sostiene y acompaña, que sabe decir: ¡estoy aquí!, en la vida y en las cruces de tantos cristos que caminan a nuestro lado”.

De María, aprendamos a decir “sí” a la resistencia fuerte y constante de tantas madres, tantos padres, abuelos que no dejan de sostener y acompañar a sus hijos y nietos cuando están “en aprietos”. “En María, aprendamos la fuerza para decir “sí” a aquellos que no han callado y no callan frente a una cultura del maltrato y del abuso, del descrédito y de la agresión, y trabajan para ofrecer oportunidades y condiciones de seguridad y protección”.

“Sobre todo, en María podemos aprender a recibir y hospedar a todos aquellos que han sufrido el abandono, que han tenido que dejar o perder su tierra, sus raíces, su familias y su trabajos”. “Como María, queremos ser la Iglesia que propicie una cultura que sepa acoger, proteger, promover e integrar; que no estigmatice y menos generalice en la más absurda e irresponsable condena de identificar a todo emigrante como portador de mal social”.

De ella, concluyó Francisco, “queremos aprender a estar de pie junto a la cruz, no con un corazón blindado o cerrado, sino con un corazón que sepa acompañar, que conozca la ternura y la devoción; que sea un experto en piedad, tratando con respeto, delicadeza y comprensión”. 

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