Milán (AsiaNews)- El domingo próximo 19 de marzo, en el rito romano es el tercer domingo de Cuaresma y en el Evangelio leemos el encuentro de Jesús con la mujer samaritana que había al pozo para sacar agua. El episodio es muy bello y rico de enseñanzas también para nosotros hoy, que nos encontramos a menudo en la situación. Entre Jesús y la mujer había un abismo. Jesús es un joven hebreo y es Dios, la samaritana había pecado mucho, estaba lejos de Dios, pero llevaba en el corazón la sed de Dios.
Muchos de nosotros creyentes en Cristo vivimos la misma experiencia de Jesús. Quizás en mi familia o entre conocidos haya personas que están lejos de la fe. Hoy, no pocos jóvenes, después de la Confirmación, son arrastrados por la ola laicista de nuestra sociedad y a la iglesia no van más. Quien cree debe agradecer al buen Dios que le ha conservado la fe, pero tiene la responsabilidad de testimoniarla a quien la perdió. El Papa Francisco quiere reformar la Iglesia e invita a todos los creyentes a ser misioneros.
El Evangelio nos presenta esta escena de la vida del Mesías. Tres momentos, tres pasajes del misionero Jesús en el encuentro con la samaritana en el pozo
1)Jesús era Dios, nosotros somos un pueblo de pecadores en camino hacia el amor y la imitación de Cristo, viviendo el Evangelio. En 1964 en la Casa Madre de las Misioneras de la Caridad de Madre Teresa de Calcuta, vi un gran Crucifijo con estas palabras: “I thirst”, tengo sed. Sed de amor, sed de almas. La samaritana sentía profundamente esta sed de Dios, que no lograba hacer surgir por una vida superficial y por las muchas emergencias cotidianas. Basta un encuentro con Jesús para llevar a la superficie esta sed de Dios. El encuentro con Jesús cambia la vida de esta mujer.
Queridos hermanos y hermanas, también nosotros encontramos a Jesús en la Misa, en la Comunión, en las oraciones. Pero. “cuán poca oración hay en nuestra oración”, decía Madre Teresa. Encendamos en nosotros el deseo de conocer y amar a Jesús. Nosotros creemos conocerlo, pero no lo conocemos, no los contemplamos en su inmenso amor por nosotros. No sentimos todavía profundamente el deseo de hacer conocer a todos como es bello amar a Jesús.
Queridos amigos que me leéis, todos nosotros estamos huérfanos de Jesús. La Cuaresma es el tiempo oportuno para convertirnos, con la oración, la mortificación, la generosidad en las obras de caridad. Cuánto más nos separamos de nosotros mismos, tanto más nos acercamos a Jesús y nos enamoramos de Él. Todos vivimos una vida superficial, el mundo nos arrastra con sus informaciones, distracciones, preocupaciones. Debemos dar su tiempo a Dios, a su amor, renunciar a algo para explorar el misterio de Dios, Padre misericordioso y de Jesucristo, Mesías y Salvador de la humanidad.
2) Jesús se pone a la par de la mujer. No hace valer su superioridad de hombre, ni de hebreo, ni revela su divinidad. Es más, dice a la samaritana: “Dame de beber”. Le pide un favor, suscitando el interés de la mujer: “¿Cómo es que tú que eres hebreo, me pides beber a mí que soy samaritana?”. Jesús veía la profundidad en el corazón humano y conocía la vida desordenada de aquella mujer, pero veía también en ella la sed de dios, el deseo de pureza, de perdón, de encontrar a dios. Le pide de beber el agua material, luego le habla del agua espiritual que sacia para siempre y aquella mujer le pide de dársela también a ella. Antes se hizo aceptar, luego le reveló ser el Mesías.
En 1990 estaba en Kandy, la ciudad sagrada del budismo en Sri Lanka y le pregunté a un cura local si y cómo la Iglesia anunciase explícitamente la salvación en Cristo. Me respondió: “En esta ciudad el anuncio de Cristo viene después. Antes debemos hacernos aceptar, de querer conocer y apreciar sus riquezas artísticas, morales, espirituales”. Este es el principio que el Papa Francisco pone en práctica en el “Diálogo con los lejanos”, lanzado por Pablo VI y por el Concilio Vaticano II (1962-1965). Francisco quiere convertir al mundo entero a Cristo, no se pone jamás contra los ateos, los perseguidores de la Iglesia, sino “va con los pecadores”, como lo hacía Jesús. El profeta Ezequiel refiere la Palabra de Dios (Ez. 18,23): “Yo soy el Viviente, dice el Señor, no quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva”.
El Papa Francisco llamó por teléfono y habló bien de Pannella, de Dario fo, de Veronesi y de la señora Bonino, se hizo entrevistar por Eugenio Scalfari de “Repubblica” y fue criticado. Él nos dio un ejemplo a todos nosotros, para demostrar como acercarnos a quien no cree. Este ejemplo nos viene bien a nosotros como cristianos. Piensen en cuántas personas encontramos, que necesitan participar en sus problemas, a sus sufrimientos, alabar sus acciones y sus aspectos positivos.
Cito una experiencia mía. Hace algunos años, me escribe Masssimo Ages, abogado romano, ateo, marxista, contra la Iglesia católica. Respondía a su carta, él me propuso discutir, vía computadora, sobre la Iglesia católica (creo unas cincuenta cartas cada uno). Fuimos adelante por un año más o menos intercambiándonos largas cartas de preguntas y réplicas, siempre con mucho respeto y poco a poco con afecto. En aquel tiempo su esposa estaba internada en el hospital para una difícil operación. Le he asegurado mi oración por ella, diciéndole que Dios todo lo puede. Esta carta lo conmovió, era la primera vez que un cura rezaba por él y por su espesa. Al final me escribió que nos hemos dicho todo, me gradeció y me saludó con afecto, como yo también hice. Nunca nos vimos, pero nos convertimos en amigos. El diálogo sincero es siempre útil, me ha enseñado muchas cosas también a mí.
Esta es la “Iglesia en salida” de la cual habla a menudo Francisco. Todos estamos llamados a ser evangelizadores, todos podemos decir una buena palabra. Como cura, medito a menudo las palabras de Jesús a sus discípulos: “Vosotros sois la sal de la tierra, vosotros sois la luz del mundo, vosotros sois la levadura que debe fermentar la masa”. ¡Quizás cuántas personas tienen necesidad de Dios! Encontrándome que soy un sacerdote, de este encuentro puede encenderse la chispa que conduce a Dios, o por otro lado un mal ejemplo que los aleja de Dios. Yo cura, yo cristiano conocido como tal, tengo una responsabilidad: Señor Jesús, hazme una imagen creíble de Ti. La “Nueva Evangelización” del pueblo pasa a través de esta conciencia nueva del cristiano, de tener que representar a las personas que encuentra.
3) El tercer pasaje es el de superar la barrera del laicismo, por lo cual hablar de temas religiosas es considerado no conveniente, casi un tabú, que impide a muchos expresar el sentimiento religioso que todos llevamos en el corazón. A Jesús le bastó una mención sobre el agua espiritual, para tocar el corazón de la mujer. También nosotros podemos decir una buena palabra, razonar si es posible sobre temas de la fe y de la vida cristiana, escuchar qué dice el otro sin hacerle reproches. Si la fe y el amor de Dios nos dan la alegría y serenidad de vida, si nos ayudamos a llevar nuestras cruces, digámoslo. Vivimos en un país de bautizados. Es más fácil que en un país no cristiano. Con la ayuda del Espíritu Santo, sin imponer nada a nadie, podemos lograrlo.














