Papa en Fátima: implora a la Virgen la concordia entre los pueblos

Francisco, en el santuario mariano, es recibido por decenas de miles de personas. En la plegaria también cita el anuncio del Evangelio, derribando muros y superando todas las fronteras, “yendo a todas las periferias, para revelar allí la justicia y la paz de Dios”.

Fátima (AsiaNews) – La concordia entre todos los pueblos, la capacidad de ser anunciadores del Evangelio, derribando todos los muros y superando todas las fronteras,  “yendo a todas las periferias,  para revelar allí la justicia y la paz de Dios”. Es la primera oración que el Papa Francisco dirigió a la Virgen de Fátima, apenas llegó al santuario.

Para darle la bienvenida había miles de personas reunidas desde la mañana en la gran plaza situada delante del santuario.

Al llegar a Portugal y aterrizar en la Base aérea de Monte Real, a las 16.20 (hora local) Francisco fue recibido por el presidente de la República, Marcelo Nuno Duarte Rebelo de Sousa, y por otras autoridades civiles y religiosas. En el aeropuerto hubo un breve encuentro privado del Papa con el jefe de Estado. Luego, flanqueado por dos alas multitudinarias y pasando por una alfombra de pétalos de flores, se dirigió a visitar la capilla del aeropuerto militar y partió rumbo a Fátima.

Aquí dio su primer abrazo a los fieles y fue recibido por el obispo de Leiria- Fátima, Mons. Antonio Augusto dos Santos Marto. Cuarto papa en visitar el santuario portugués, después de  Pablo VI (1967), Juan Pablo II (1982, 1991 y 2000) y Benedicto XVI (2010), Francisco también le llevó a la Virgen una rosa de oro, y la depositó a sus pies en la pequeña Capilla de las Apariciones.

Esta es la plegaria recitada por el Papa:

 

 “Salve Reina, / Bienaventurada Virgen de Fátima, / Señora del Corazón Inmaculado, refugio y camino que conduce a Dios./Peregrino de la Luz que procede de tus manos,/doy gracias a Dios Padre que, siempre y en todo lugar, interviene en la historia del hombre;/ peregrino de la Paz que tú anuncias en este lugar, /alabo a Cristo, nuestra paz, y le imploro para el mundo la concordia entre todos los pueblos; /peregrino de la Esperanza que el Espíritu anima,/vengo como profeta y mensajero para lavar los pies a todos, en torno a la misma mesa que nos une”.

“¡Salve, Madre de Misericordia, / Señora de la blanca túnica! /En este lugar, desde el que hace cien años /manifestaste a todo el mundo los designios de la misericordia de nuestro Dios,/ miro tu túnica de luz/ y, como obispo vestido de blanco,/ tengo presente a todos aquellos que, /vestidos con la blancura bautismal, / quieren vivir en Dios /y recitan los misterios de Cristo para obtener la paz”.

“¡Salve, vida y dulzura, / salve, esperanza nuestra, / Oh Virgen Peregrina, oh Reina Universal! / Desde lo más profundo de tu ser, / desde tu Inmaculado Corazón, / mira los gozos del ser humano / cuando peregrina hacia la Patria Celeste. / Desde lo más profundo de tu ser, / desde tu Inmaculado Corazón, / mira los dolores de la familia humana / que gime y llora en este valle de lágrimas. Desde lo más íntimo de tu ser, / desde tu Inmaculado Corazón, / adórnanos con el fulgor de las joyas de tu corona / y haznos peregrinos como tú fuiste peregrina. / Con tu sonrisa virginal, acrecienta la alegría de la Iglesia de Cristo. / Con tu mirada de dulzura, / fortalece la esperanza de los hijos de Dios. / Con tus manos orantes que elevas al Señor, / une a todos en una única familia humana”.

“¡Oh clemente, oh piadosa, / Oh dulce Virgen María, / Reina del Rosario de Fátima! / Haz que sigamos el ejemplo de los beatos Francisco y Jacinta, / y de todos los que se entregan al anuncio del Evangelio. / Recorreremos, así, todas las rutas, / seremos peregrinos de todos los caminos, / derribaremos todos los muros / y superaremos todas las fronteras, / yendo a todas las periferias, / para revelar allí la justicia y la paz de Dios. / Seremos, con la alegría del Evangelio, la Iglesia vestida de blanco, / de un candor blanqueado en la sangre del Cordero / derramada también hoy en todas las guerras que destruyen el mundo en que vivimos. / Y así seremos, como tú, imagen de la columna refulgente / que ilumina los caminos del mundo, / manifestando a todos que Dios existe, que Dios está, / que Dios habita en medio de su pueblo, ayer, hoy y por toda la eternidad”.

“¡Salve, Madre del Señor, / Virgen María, Reina del Rosario de Fátima! / Bendita entre todas las mujeres, / eres la imagen de la Iglesia vestida de luz pascual, / eres el orgullo de nuestro pueblo, / eres el triunfo frente a los ataques del mal. / Profecía del Amor misericordioso del Padre, / Maestra del Anuncio de la Buena Noticia del Hijo, / Signo del Fuego ardiente del Espíritu Santo, / enséñanos, en este valle de alegrías y de dolores, / las verdades eternas que el Padre revela a los pequeños.  / Muéstranos la fuerza de tu manto protector. / En tu Corazón Inmaculado, / sé el refugio de los pecadores / y el camino que conduce a Dios. / Unido a mis hermanos, / en la Fe, la Esperanza y el Amor, / me entrego a Ti. / Unido a mis hermanos, por ti, me consagro a Dios, / Oh Virgen del Rosario de Fátima. / Y cuando al final me veré envuelto por la Luz que nos viene de tus manos, / daré gloria al Señor por los siglos de los siglos. Amén”.

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