Papa: enfermos y mujeres embarazadas “rechazadas” en la oración a la Inmaculada

Francisco yendo a rendir homenaje a la imagen de la Virgen, recordó también a los enfermos, a aquellos que están en dificultad, las familias, los sacerdotes, la religiosas y aquellos que tienen responsabilidades en la administración. La visita a la basílica de Santa María Mayor y a la sede del “Messaggero”.

por Franco Pisano

Roma (AsiaNews) –  Los enfermos, a aquellos que están en dificultad, las familias, los sacerdotes, la religiosas y aquellos que tienen responsabilidades en la administración y en particular a cuántas “llevan en su seno la vida” y siente alrededor la indiferencia, el rechazo, a veces del desprecio”. No estuvo sólo Roma en la oración que, según la tradición, el Papa dirigió a la Virgen en el día de la solemnidad de la Inmaculada, yendo a rendir homenaje a la Estatua que está en la Plaza de España. Durante la tarde de Francisco comenzó con la visita a la basílica de Santa María Mayor y se detuvo en oración delante de la imagen de María “Salus Populi Romani”.

De allí fue a plaza de España, esperado por miles de personas, alguna de las cuales estaban ya desde la mañana y las autoridades de la ciudad. La columna sobre la cual está colocada la estatua estaba rodeada de flores y como cada año desde 1857, los bomberos han colocado la corona en el brazo de la estatua, a casi 20 metros de altura.

“Madre Inmaculada,-la oración de Francisco-en el día de tu fiesta/, tan querida para el pueblo cristiano/, vengo a rendirte homenaje en el corazón de Roma./En mi ánimo llevo a los fieles de esta Iglesia/y a todos lo que viven en esta ciudad, especialmente a los enfermos/y a cuantos por, diferentes situaciones, experimentan grandes fatigas para ir adelante./Antes de nada, queremos agradecerte/por el cuidado materno con que nos acompañas en nuestro camino:/¡Cuántas veces escuchamos contar, con lágrimas en los ojos,/a quienes han experimentado tu intercesión,/las gracias que pides por nosotros a tu Hijo Jesús!/Pienso también en una gracia ordinaria para la gente que vive en Roma:/la de afrontar con paciencia los desafíos de la vida cotidiana./Pero para ello te pedimos la fuerza para no resignarnos, al contrario,/que cada uno ponga de su parte para mejorar las cosas,/para que el cuidado de cada uno haga de Roma más bella y habitable para todos;/para que el deber bien hecho de cada uno asegure los derechos de todos./Y pensando en el bien común de esta ciudad,/ te pedimos por aquellos que desempeñan funciones de mayor responsabilidad:/dales sabiduría, amplitud de miras, espíritu de servicio y de colaboración./Virgen Santa,/ deseo confiarte de modo particular a los sacerdotes de esta Diócesis:/ los párrocos y vice párrocos, los sacerdotes ancianos que con su corazón de pastores/continúan trabajando al servicio del pueblo de Dios,y tantos sacerdotes estudiantes de todas partes del mundo que colaboran en las parroquias./Para todos ellos te pido la dulce alegría de evangelizar/ y el don de ser padres, cercanos a la gente, misericordiosos./A ti, Señora toda consagrada a Dios,/ te confío a las mujeres consagradas a la vida religiosa y a la secular,/que, gracias a Dios, en Roma son muchas, más que en otras ciudades del mundo,/y conforman un mosaico estupendo de nacionalidades y culturas./Para ellos te pido la alegría de ser, como tú, esposas y madres, fecundas en la oración, en la caridad, en la compasión./Oh Madre de Jesús,/una última cosa te pido, en este tiempo de Adviento,/pensando en los días en tú y José os encontrabais bajo el ansia junto a José/por el nacimiento de vuestro hijo,/preocupados porque era el tiempo del censo y también vosotros debíais dejar/ vuestro pueblo, Nazareth, y viajar a Belén…/ Tú sabes qué significa llevar vida en el seno/ y sentir la indiferencia alrededor, el rechazo, en ocasiones el desprecio./Por eso te pido que permanezcas cercana a las familias que hoy,/ en Roma, en Italia, en el mundo entero, viven situaciones similares,/para que no los abandones, sino que los tuteles en sus derechos,/derechos humanos que están antes que cualquier otra exigencia legítima./Oh María Inmaculada,/aurora de esperanza al horizonte de la humanidad,/ vela por esta ciudad,/ por las casas, por las escuelas, por las oficinas, por las tiendas,/por las fábricas, por los hospitales, por las cárceles/;que en ningún lugar falte lo que Roma tiene de más precioso,/y que conserva para el mundo entero, el testamento de Jesús/:‘Amaos los unos a los otros, como yo os he amado’.(cfr Jn 12,34)/Amén./

Al finalizar la oración, Francisco se detuvo por un largo tiempo para saludar a unos 150 enfermos y luego fue a hacer una visita a la sede del periódico romano “Il Messaggero”, que festejaba sus 140 años.

 

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