Roma (AsiaNews) – Repetir el gesto de Jesús que, instituyendo la Eucaristía, quería que se diese “de comer” y que al partir el pan, se partió a sí mismo. Es el mandado que Cristo mismo dejó a sus discípulos y que hoy el Papa ha vuelto a evocar durante la misa por la solemnidad del Corpus Domini, celebrada en la Plaza San Juan.
Y también hoy se renovó la tradición por la cual los papas, obispos de Roma, celebran esta solemnidad en su catedral, que es San Juan de Letrán, y que luego de la misa se haga la procesión eucarística –en la cual participan también las pequeñas ciudades congregadas – hasta la basílica de santa María la Mayor, desde donde el Papa imparte (en la foto) la bendición solemne con el Santísimo Sacramento a los muchos miles de personas presentes.
En la homilía, Francisco comentó la frase “Haced esto en memoria mía” (1 Cor 11,24.25), subrayando en particular el “hacer” la Eucaristía con Jesús y “partir” el pan.
El “hacer” fue indicado en aquello que ocurre en la multiplicación de los panes y los peces. "Ante una multitud cansada y hambrienta, Jesús dice a sus discípulos: «Dénles ustedes de comer» (Lc 9,13). En realidad, Jesús es el que bendice y parte los panes, con el fin de satisfacer a todas esas personas, pero los cinco panes y los dos peces fueron aportados por los discípulos, y Jesús quería precisamente esto: que, en lugar de despedir a la multitud, ofrecieran lo poco que tenían. Hay además otro gesto: los trozos de pan, partidos por las manos sagradas y venerables del Señor, pasan a las pobres manos de los discípulos para que los distribuyan a la gente. También esto es «hacer» con Jesús, es «dar de comer» con él. Es evidente que este milagro no va destinado sólo a saciar el hambre de un día, sino que es un signo de lo que Cristo está dispuesto a hacer para la salvación de toda la humanidad ofreciendo su carne y su sangre (cf. Jn 6,48-58). Y, sin embargo, hay que pasar siempre a través de esos dos pequeños gestos: ofrecer los pocos panes y peces que tenemos; recibir de manos de Jesús el pan partido y distribuirlo a todos".
"Hacer y también partir: esta es la otra palabra que explica el significado del «hagan esto en memoria mía». Jesús se ha dejado «partir», se parte por nosotros. Y pide que nos demos, que nos dejemos partir por los demás. Precisamente este «partir el pan» se ha convertido en el icono, en el signo de identidad de Cristo y de los cristianos. Recordemos Emaús: lo reconocieron «al partir el pan» (Lc 24,35). Recordemos la primera comunidad de Jerusalén: «Perseveraban [...] en la fracción del pan» (Hch 2,42). Se trata de la Eucaristía, que desde el comienzo ha sido el centro y la forma de la vida de la Iglesia. Pero recordemos también a todos los santos y santas –famosos o anónimos–, que se han dejado «partir» a sí mismos, sus propias vidas, para «alimentar a los hermanos». Cuántas madres, cuántos papás, junto con el pan de cada día, cortado en la mesa de casa, se parten el pecho para criar a sus hijos, y criarlos bien. Cuántos cristianos, en cuanto ciudadanos responsables, se han desvivido para defender la dignidad de todos, especialmente de los más pobres, marginados y discriminados. ¿Dónde encuentran la fuerza para hacer todo esto? Precisamente en la Eucaristía: en el poder del amor del Señor resucitado, que también hoy parte el pan para nosotros y repite: «Hagan esto en memoria mía»".














