Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – Los nuncios deben ser misioneros de Evangelio en todos los rincones del mundo, “saliendo” desde el punto de vista físico, cultural y a través de la oración y la Adoración. Fue lo subrayado esta mañana por el Papa Francisco, al celebrar la misa en la Casa Santa Marta junto a los representantes pontificios en el mundo, en ocasión de su Jubileo. El Papa luego quiso agradecer a los diplomáticos vaticanos por su disponibilidad para “recomenzar siempre”.
Francisco, tal como informa la Radio Vaticana, partió de la parábola del Sembrador, y dijo que a menudo, la vida de los nuncios es una “vida de gitanos” , a causa de sus continuos desplazamientos: “Cuando se ha aprendido bien el idioma, suena el timbre y es Roma.. 'Ah, ¿cómo estás? - 'Bien…' – 'Sabes, el Santo Padre, que te quiere tanto… ha pensado…' – porque estas llamadas, estas conversaciones telefónicas se hacen con mucha dulzura, ¿no? '… pensó en ti para esto…'. Y hacer las valijas, irse a otro lugar, dejar amigos, hábitos, dejar tantas cosas que uno ha hecho… Salir de sí mismo, salir de ese lugar para irse a otro. Es allí, comenzar”.
"Cuando se llega a un nuevo país –prosiguió Francisco- el nuncio debe emprender otra salida: salir de sí mismo para conocer, el diálogo, para estudiar la cultura, el modo de pensar”. La salida también se refiere a ir a recibimientos que “tantas veces son aburridos. Pero también allí se siembra. Hay quien puede pensar que es un trabajo demasiado funcional. Un trabajo administrativo que incluso podrían hacer los laicos; pero el otro día, hablando justamente sobre este tema, escuché al Secretario de Estado decir: ‘Mirad, en ceremonias de bienvenida, tantos que parecen ser superficiales buscan a los de “cuello blanco”. Y todos vosotros sabeis bien lo que han hecho en tantas almas. En esa mundanidad, pero sin formar parte de la mundanidad, sino tomando a las personas como son, escucharlas, dialogar… Es la cruz”.
Jesús, agregó, “dice que nosotros, el sembrador, siembra la semilla, el grano, y luego descansa porque es Dios quien lo hace germinar y crecer. Y también el nuncio debe salir de sí mismo hacia el Señor, que hace crecer, que hacer germinar la semilla; y debe salir de sí mismo frente al tabernáculo, en la oración, en la adoración”. Este es un “testimonio grande”, reiteró, “que el nuncio adora a Aquel que hace crecer, a Aquel que da la vida”: “Estas son las tres salidas del nuncio, la salida física, hacer las valijas, la vida de gitano. La salida –por decir así- cultural: aprender de la cultura, aprender el idioma… “Dime –en esa conversación telefónica- ‘dime, ¿qué idiomas hablas? - ‘Yo hablo bien el Inglés, el francés, me defiendo con el español…’ – ‘Ah, qué bien, qué bien…Pero oye ¡el Papa ha pensado en enviarte a Japón, eh!’ – ‘¡Pero ni siquiera conozco una sola letra de estos japoneses!’ – ‘¡Pero, bueno, aprenderás!’ Yo quedé muy impactado por uno de vosotros que, antes de presentar las credenciales, en dos meses había aprendido un idioma difícil y había aprendido a celebrar en ese idioma: re-comenzó esta salida con entusiasmo, con alegría. Y la tercera salida: la oración, la adoración”.
“Tres salidas –concluyó el Papa – y tres modos de servir a Jesucristo y a la Iglesia. Y la Iglesia os da las gracias por estas tres salidas. Os agradece tanto. Y también yo, personalmente, quiero daros las gracias. Tantas veces quedo admirado cuando recibo, bien temprano por la mañana, vuestras comunicaciones: saben cuánto bien me hace esto… Que el Señor os de la gracia de estar siempre al día en estas tres salidas, estas tres salidas de vosotros mismos”.








