Hace cinco años se derrumbaba el Rana Plaza: el dolor de los sobrevivientes

El 24 de abril de 2013 se produjo el derrumbe del complejo industrial textil. En su interior, hallaron la muerte 1.1.38 personas, y más de 2.500 resultaron heridas. Los testimonios de algunas mujeres. Rozani, una ex operaria, se cortó la mano con tal de sobrevivir; Rashida se arrojó desde una ventana, pero se fracturó la cadera; Rokaya perdió al marido.

por Sumon Corraya

Daca (AsiaNews) – Al cumplirse cinco años del colapso del complejo fabril de Rana Plaza, en Savar (Daca), el mayor accidente industrial de la historia de Bangladés, el dolor y el recuerdo de los sobrevivientes siguen vivos y presentes. En el derrumbe del edificio de ocho plantas, que alojaba fábricas textiles, murieron 1.138 personas y más de 2500 resultaron heridas. El 24 de abril pasado, día del aniversario, cientos de líderes sociales y personas que lograron salvarse de la tragedia rindieron un homenaje a los difuntos. También encendieron velas, como símbolo de esperanza por el futuro de todos los trabajadores del sector textil.

En abril de 2013, el complejo Rana Plaza fue declarado inhabitable y peligroso, porque había sido levantado en un terreno fangoso. En su interior trabajaban miles de personas, empleadas en la producción de grandes firmas de indumentaria como Benetton, Primark, Mango y Walmart. Todos los directivos de las empresas allí presentes, aún conscientes del peligro de que el edificio se desmoronase, obligaron a sus empleados a presentarse al trabajo y retomar sus tareas. El 24 de abril, el edificio colapsó, dejando sepultados a todos los operarios.

Entre los sobrevivientes figura Rozani Begum. En diálogo con AsiaNews, ella dice que prefiere no recordar esos “días espantosos. Mi hermana menor, Murgina, y yo, trabajábamos en una fábrica de indumentaria dentro del Rana Plaza. Cuando el edificio se derrumbó, tomé un serrucho y me corté la mano, para poder salvarme. Ahora tengo muchos problemas físicos a causa de ese accidente, y no puedo trabajar”. La mujer tiene dos hijas y está preocupada por su supervivencia. Recibe ayuda de varias organizaciones, pero teme por sus niñas. “No quiero que vayan a trabajar a una empresa textil –afirma-. Sería muy feliz si pudiera enviarlas a una buena escuela”.  

La sobreviviente pide la pena de muerte para Rana, el propietario del complejo y principal imputado por la tragedia. Como ella, Rokaya Parvin también llora durante la conmemoración realizada frente a las ruinas del edificio. “Mi marido y yo trabajábamos en la misma empresa. Yo logré salvarme, él murió”.

Cuando se produjo el derrumbe, Rashida Akter se encontraba en el primer piso. “De repente sólo veía polvo –recuerda- y en medio de toda esa confusión, logré saltar desde la ventana. Me lastimé la cadera y ahora no puedo trabajar como antes. Hoy ya no hay ninguna fábrica que quiera contratarme”.

En Bangladés, el rubro textil -y en particular, la producción destinada a la confección de prendas de vestir para la exportación- representa un eje fundamental de la economía. El país es el segundo exportador mundial de indumentaria, después de China. El 80% de los empleados del sector son mujeres, y cobran salarios bajísimos. El Papa Francisco, [durante la Audiencia general del primero de mayo de 2013, dedicada a San José Obrero, ndr] se refirió al tema y condenó el “trabajo esclavo”.

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