Nueva Delhi (AsiaNews) – Once países, a menudo rivales entre sí, sentados alrededor de una enorme mesa circular; el presidente chino Xi Jinping, de regreso en la India por primera vez después de siete años de ausencia; el presidente ruso Vladimir Putin y el presidente iraní Masoud Pezeshkian sentados a poca distancia del príncipe heredero de Abu Dabi. Las imágenes que circularon después de la 18.ª cumbre de los BRICS, que concluyó ayer, 13 de septiembre, en Nueva Delhi, parecen contar el nacimiento de un nuevo centro de poder mundial. También el primer ministro indio Narendra Modi habló de la necesidad de que los países del grupo se conviertan cada vez más en "rule-shapers", es decir, capaces de establecer las reglas del orden internacional en vez de limitarse a sufrirlas. Pero la supuesta unidad entre los países de los BRICS parece más una escenografía —ni siquiera demasiado bien orquestada, teniendo en cuenta que Xi Jinping no participó en la cena de clausura organizada por el primer ministro indio— que la creación de un polo alternativo capaz de desafiar de manera coherente el orden liderado por Estados Unidos.
De un acrónimo económico a una plataforma para comunicarse con Occidente
Vale la pena recordar cómo nació el grupo. El acrónimo BRIC fue acuñado en 2001 para designar a cuatro grandes economías emergentes (Brasil, Rusia, India y China), que posteriormente celebraron su primera reunión ministerial al margen de la Asamblea General de la ONU en 2006 y su primera cumbre de líderes en 2009, en respuesta a la crisis financiera mundial del año anterior. El grupo nació, por tanto, sobre una base fundamentalmente económica, lo que desde el principio lo diferenció de otros, como la OTAN, la Organización de Cooperación de Shanghái o el Quad, surgidos en torno a una preocupación común por la seguridad. Sobre el papel, el grupo también tiene un "pilar" político y de seguridad, pero en la práctica no existe ninguna estructura que lo sostenga, ni hay por el momento compromisos vinculantes o mecanismos de defensa mutua.
Por consiguiente, según varios analistas y observadores, lo que queda es más bien una plataforma para expresar el descontento con Washington y Occidente. Un descontento que sin duda tienen en común: cuando un miembro puede negociar bilateralmente con Estados Unidos, lo hace discretamente; cuando no puede o no quiere hacerlo, lleva la cuestión a un foro como los BRICS y formula una declaración polémica. Los anuncios terminan teniendo así un valor puramente retórico porque no van acompañados de obligaciones vinculantes ni de mecanismos capaces de garantizar su aplicación.
Y esto se debe a que, en realidad, las relaciones entre los países miembros están muy deterioradas, cuando no abiertamente enfrentadas. China y la India se enfrentaron militarmente en 2020 a lo largo de la frontera en disputa del Himalaya y, aunque las tensiones se han atenuado actualmente, la cuestión fronteriza no se ha resuelto, prevalece la desconfianza y los desencuentros siguen a la orden del día, incluyendo, precisamente, la ausencia de Xi Jinping en la cena de gala de clausura de la cumbre.
Del mismo modo, la declaración final reconoce el papel estratégico de los minerales críticos para las tecnologías de bajas emisiones y la seguridad energética, y reclama cadenas de suministro "fiables, responsables, diversificadas y resilientes". En su discurso, Modi se pronunció en contra de utilizar los minerales críticos como instrumentos de presión. Y esto se debe a que, en la realidad, China domina el procesamiento mundial de las tierras raras y en los últimos meses ha utilizado los controles a las exportaciones precisamente como herramienta de presión en sus relaciones comerciales. La India, que busca diversificar sus suministros y desarrollar acuerdos con otros países, tiene un interés concreto en reducir esta dependencia.
Por no hablar del enfrentamiento entre Irán y Emiratos Árabes Unidos. Teherán no ha respetado el territorio emiratí en sus ataques con misiles durante la guerra que todavía afecta a buena parte de Oriente Medio. Una vez más, los BRICS no funcionan como un bloque de aliados, sino, a lo sumo, como un foro en el que países enemigos intentan gestionar las consecuencias de conflictos que apenas son llamados por su nombre.
Muchas palabras, pocos compromisos
La "Declaración de Nueva Delhi", adoptada por unanimidad, es un documento de 140 puntos. Por una parte, constituye un resultado que no se podía dar por descontado, dado que dos reuniones anteriores de los ministros de Exteriores de los BRICS, celebradas durante este año, no habían logrado producir una declaración conjunta debido a las divisiones internas. Pero, por otro lado, el lenguaje es tan genérico que no resulta vinculante, y además reconoce explícitamente que los países miembros mantienen sus propias "posiciones nacionales" sobre los conflictos armados en curso.
Sobre la guerra en Oriente Medio, el texto se limita a pedir "la máxima moderación" y a condenar los "ataques contra infraestructuras civiles e instalaciones nucleares pacíficas", sin atribuir responsabilidad alguna a ninguna de las partes. Reitera el apoyo a la solución de dos Estados entre Palestina e Israel y se opone al desplazamiento forzado de los palestinos, pero enmarca todo cuidadosamente dentro de las resoluciones de la ONU ya existentes, evitando cualquier toma de posición que pueda incomodar a alguno de los miembros presentes en la mesa.
En materia comercial, el documento expresa preocupación por el aumento "indiscriminado" de los aranceles y condena las sanciones unilaterales, pero sin mencionar explícitamente a Estados Unidos. Esta omisión refleja el temor, compartido por varios países miembros, de atraer la ira de Washington, con el cual siguen manteniendo en realidad una relación ambivalente. La India quiere colaborar con Estados Unidos, independientemente de la administración actual. China desea una relación económica mutuamente beneficiosa y Xi viajará a Estados Unidos para una cumbre con Trump el 24 de septiembre, según anunció el presidente estadounidense. Aunque Rusia tiene motivos más válidos para romper con un orden internacional liderado por Washington, Moscú recibió el mes pasado a los enviados de Trump y resulta difícil imaginar que Rusia pueda respaldar un orden mundial liderado por China y aceptar así un papel secundario.
Escasa credibilidad
En este sentido, resulta aún más significativa la ausencia de toda mención a la guerra de Rusia en Ucrania, una ruptura clara con algunas declaraciones de los BRICS de años anteriores, en las que al menos se mencionaban hipotéticos intentos de mediación. Durante las conversaciones bilaterales con Putin al margen de la cumbre, según informó el portavoz del Kremlin, tanto Modi como Xi se mostraron dispuestos a ofrecer sus "buenos oficios" para ayudar a encontrar una solución al conflicto en Ucrania. El día anterior, Modi y Putin habían mantenido una reunión bilateral por separado, en la que ambos líderes intercambiaron opiniones sobre cuestiones regionales y mundiales, incluidos los conflictos en Oriente Medio y el mar Negro (fórmula diplomática con la que Nueva Delhi suele referirse, sin nombrarla explícitamente, a la guerra en Ucrania). La ausencia de toda mención al conflicto vuelve a poner de manifiesto las divisiones irreconciliables entre Nueva Delhi y Beijing, a pesar de las declaraciones que se hicieron a los medios.
El resto del documento sigue la misma línea: aboga por la reforma del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial para que refleje el peso de las economías emergentes, por una reforma "integral" del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, por el apoyo a un sistema comercial multilateral "no discriminatorio, abierto, justo y transparente", y por el fortalecimiento de la cooperación industrial.
Estas fórmulas se repiten, casi idénticas, de una cumbre a otra y ninguna de estas declaraciones está acompañada de plazos, mecanismos de verificación o consecuencias concretas para quienes no las cumplan. Incluso en el terreno de la "desdolarización", la cumbre optó por un enfoque cauto: la declaración final respalda el uso de monedas locales y la interoperabilidad de los sistemas de pago, pero no propone ni una moneda común de los BRICS ni un sistema único de pagos. Nueva Delhi, precisamente para no volver a exponerse a la amenaza de los aranceles estadounidenses, insiste en el concepto de "diversificación" monetaria más que en la sustitución del dólar en el sistema internacional. Es difícil considerar un "polo alternativo" a un grupo que suaviza incluso su declaración para no irritar a la potencia a la que supuestamente se opone.














