Bakú (AsiaNews) - Desde el Golfo Pérsico hasta el Mar Caspio se vislumbra una nueva pugna por las rutas comerciales: la propuesta del primer ministro de Irak de unificar las redes energéticas, de transporte y de comunicaciones de los Estados de la región tiene implicaciones que van mucho más allá de Oriente Medio. Bagdad querría convertir su ventajosa posición geográfica en una fuente de influencia económica y política, mientras que para Azerbaiyán supone un motivo más para evaluar las perspectivas de cooperación con Irak en el contexto de la cambiante arquitectura de los corredores de transporte euroasiáticos. La cuestión clave es si las nuevas iniciativas de infraestructura serán capaces de conectar el Golfo Pérsico con la región del Mar Caspio y el Cáucaso Meridional, o si la competencia por los flujos de mercancías se convertirá en un obstáculo para una cooperación más amplia.
El primer ministro iraquí, Ali al-Zaidi, insta al desarrollo de redes energéticas regionales, infraestructuras de transporte, pagos digitales y plataformas comerciales, y subraya la necesidad de garantizar el libre comercio y la circulación ininterrumpida a lo largo de las rutas internacionales. La iniciativa está motivada por la voluntad de reducir los costes económicos, aumentar la estabilidad del abastecimiento y reforzar los vínculos entre los Estados. La puesta en marcha de dichos planes, sin embargo, no depende únicamente de la disponibilidad de recursos financieros e infraestructuras, sino también de la voluntad de las partes de armonizar sus intereses nacionales.
La cuestión reviste especial urgencia para Irak: el país aspira a ampliar sus oportunidades económicas más allá del sector petrolero, a reforzar los vínculos con los países vecinos y a convertir su territorio en un centro de tránsito entre el Golfo Pérsico, Turquía y los mercados europeos. Un elemento clave de esta estrategia es el proyecto de la «Ruta del Desarrollo», cuyo objetivo es conectar el puerto de Al Faw con la frontera turca mediante infraestructuras ferroviarias y viarias. Si se lleva a cabo en su totalidad, el proyecto podría transformar las capacidades logísticas de Irak y reforzar su papel en el comercio regional.
El desarrollo de esta ruta afecta a los intereses de otros Estados que ya participan en el desarrollo de conexiones de transporte entre Asia y Europa: Turquía busca reforzar su posición como centro de tránsito, los Estados del Golfo Pérsico están invirtiendo en puertos y logística, e Irán está interesado en mantener el acceso a los mercados regionales. En consecuencia, los proyectos de infraestructura se convierten no solo en instrumentos económicos, sino también en un medio para redistribuir la influencia, y es en este contexto donde la importancia de Azerbaiyán cobra especial relevancia. El país ya cuenta con una infraestructura de transporte desarrollada, el puerto de Bakú en el mar Caspio, conexiones ferroviarias con Georgia y Turquía, y experiencia en proyectos energéticos internacionales. Importantes rutas que conectan la región del mar Caspio con el mar Negro y los mercados europeos atraviesan el Cáucaso Meridional, y el desarrollo del Corredor Central refuerza aún más la posición de Azerbaiyán como actor clave en el tránsito del comercio euroasiático.
Por lo tanto, la ampliación de la capacidad de transporte de Irak no solo debería considerarse como la aparición de un competidor potencial, sino también como una oportunidad para que Azerbaiyán refuerce sus vínculos económicos con Oriente Medio. Si se coordinaran nuevas rutas, las infraestructuras iraquíes podrían ampliar el acceso de las mercancías a los mercados del Golfo Pérsico, mientras que Azerbaiyán podría ofrecer opciones adicionales de transporte a través del mar Caspio y el Cáucaso Meridional. Este modelo permitiría conectar diferentes rutas de transporte en una red más amplia, sin limitar los intercambios comerciales a una única vía.
No obstante, es importante comprender que dicha conexión sigue siendo, por el momento, una perspectiva, y no el resultado de acuerdos existentes. La iniciativa iraquí no garantiza, por sí misma, la inclusión de Azerbaiyán en el proyecto de la «Ruta del Desarrollo» ni la creación de un corredor de transporte directo entre ambos países. Se necesitarían acuerdos específicos, cálculos económicos, procedimientos consensuados y garantías de seguridad en el transporte, y las relaciones bilaterales ya proporcionan la base para debatir estas posibilidades.



















