La Iglesia india recuerda al misionero Graham Staines, quemado vivo por los radicales hindĂșes
de Santosh Digal

El pastor australiano trabajaba con los enfermos de lepra de Orissa. Fue muerto en 1999 junto a sus dos hijos pequeños. La Corte suprema “no ha comprendido la ideología homicida del Hindutva”. Las verdaderas responsabilidades políticas de la muerte fueron escondidas. El premier Modi habló de una “conspiración internacional”.  


Balasore (AsiaNews) – Hoy, la Iglesia india recuerda el homicidio del misionero australiano Graham Staines, que fue asesinado por los radicales hindúes en 1999, junto a sus dos hijos más pequeños. John Dayal, activista católico y periodista, afirma en diálogo con AsiaNews: “Conmemoramos la muerte del misionero que trabajaba asistiendo a los enfermos de lepra en Orissa. Ese fue el primer momento en que los países occidentales descubrieron, por primera vez, los sufrimientos infligidos a los cristianos de la India por parte de los grupos extremistas que sostienen el Hindutva, reunidos bajo el Sangh Parivar [la organización que engloba a muchas asociaciones paramilitares hindúes, ndr]”.

En la noche del 22 al 23 de enero de 1999, extremistas hindúes quemaron vivos al pastor Staines y a sus hijos Philip y Timothy (de 9 y 7 años), mientras dormían en su station wagon en la localidad de Manoharpur (distrito de Keonjhar, en Orissa). En el año 2006, la viuda, Gladys volvió a vivir en el estado indio, junto a la hija sobreviviente, Ester, para continuar con el trabajo que el marido llevaba adelante a favor de los leprosos.

El brutal homicidio del misionero australiano fue el preludio de la violencia contra los cristianos de Orissa, desencadenada en el 2008 por los fundamentalistas hindúes. John Dayal refiere que en dicho período “el Sangh azotó a los cristianos una vez más, sobre todo en el distrito de Kandhamal”. Los hechos de violencia prosiguieron durante cuatro meses, y a su término el saldo fue dramático: casi 100 muertos, asesinados por negarse a abjurar y por cuales se quiere iniciar la causa de canonización; 6.500 casas destruidas; cerca de 395 iglesias y lugares de culto dañados o demolidos; más de 56.000 personas forzadas a huir.   

El activista católico se queja de “que los tribunales no han comprendido hasta el fondo la ideología homicida del Sangh. La Corte suprema de la India, que finalmente condenó a cadena perpetua a Dara Singh  [el principal culpable, en tanto dejó libres a los otros 11 cómplices, ndr], dijo que con el asesinato se quería ‘dar una lección’ al misionero. Luego de ello, las fuerte protestas que encabezaron los cristianos obligaron al Tribunal supremo a revisar la sentencia y a eliminar esas palabras, profundamente ofensivas”.

 

Es una tragedia, continúa, que “el Sangh siga intimidando, y de hecho aterrorizando, a la comunidad cristiana, al clero u a los misioneros que trabajan en los bosques y en las áreas tribales, en medio de los dalit y las comunidades marginadas, fuera de los centros urbanos”. “La policía -continúa- sigue sin actuar al respecto, y se vuelve cómplice de este estado de ilegalidad”.

Según Jugal Kishore Ranjit, otro activista, “el Estado es el responsable del homicidio del Rev. Staines, por no haber protegido su vida. El asesinato suyo y de sus hijos inocentes es un acto de barbarie atroz, que ha sido perpetrado por fundamentalistas hindúes que no creen en la vida humana ni en la Constitución india. Guiado por las enseñanzas de Jesús, Graham Staines dedicó su vida entera por el bien de la comunidades tribales oprimidas”. “El cristianismo – agrega – es malinterpretado por estas fuerzas fundamentalistas, que no creen en la igualdad ni en la libertad. Sólo dicen que se trata de proselitismo religioso”.  

El Pbro. Ajaya Kumar Singh, director del Odisha Forum for Social Action, refiere que los líderes estatales de rango más alto durante ese período, George Fernandes, MM Joshi y el actual jefe de ministros de Orissa “definieron el homicidio como una conspiración internacional, cuando en realidad fue llevado a cabo por grupos que sostienen la ideología del Hindutva, afiliados al actual gobierno central de la Unión”. El sacerdote activista recuerda, además, que Narendra Modi, primer ministro de la India, “llegó a hablar de un plan criminal internacional, en lugar de condenar a los elementos asociados al propio partido. Llegado este punto, el trabajo de la comisión de investigación encargada de descubrir la verdad se ha convertido en un ejercicio fútil”.  

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