Papa: estar en el mundo secularizado sin armaduras, sin afán de defenderse

En la Catedral de Notre Dame de Quebec, el discurso de Francisco a los obispos, al clero y a los agentes de pastoral de Canadá. "Volvamos al primer anuncio: a quienes todavía no han abrazado al Señor en su vida no podemos pretender comunicarles la alegría de la fe presentando aspectos secundarios, repitiendo ciertas prácticas o replicando formas pastorales del pasado".

Quebec (AsiaNews) - Una Iglesia libre de la nostalgia del pasado, que no debe defenderse del mundo sino darle la alegría del Evangelio. Este es el horizonte que Francisco describió anoche a la Iglesia de Canadá, cuando se reunió con obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados, seminaristas y agentes de pastoral en la Catedral de Notre Dame de Quebec. Con ellos abordó otro de los grandes temas de la presencia de la Iglesia en Canadá hoy: la relación con un contexto fuertemente marcado por la secularización.

"¿Nuestra Iglesia -les preguntó- expresa la alegría del Evangelio? ¿Existe en nuestras comunidades una fe que atrae por la alegría que transmite? Si queremos abordar la raíz de estas cuestiones -respondió-, no podemos dejar de reflexionar sobre lo que, en la realidad de nuestro tiempo, amenaza la alegría de la fe y corre el riesgo de apagarla, socavando gravemente la experiencia cristiana. Uno piensa inmediatamente en la secularización, que desde hace tiempo está transformando el estilo de vida de las mujeres y los hombres, dejando a Dios casi en un segundo plano".

"Cuando observamos la cultura en la que estamos inmersos, sus lenguajes y sus símbolos -observó el Papa Francisco-, debemos tener cuidado de no quedar prisioneros del pesimismo y del resentimiento, dejándonos llevar por juicios negativos o por nostalgias inútiles. Para el Papa, es necesario superar esa perspectiva negativa, fruto de "una fe que, al sentirse atacada, se concibe a sí misma como una especie de 'coraza' para defenderse del mundo, corriendo el riesgo de convertirse en un 'espíritu de cruzada'". Cuidémonos de esto", advirtió, "porque no es cristiano; no es el camino de Dios". El Señor, que detesta la mundanidad, mira con buenos ojos al mundo. Él bendice nuestra vida, dice cosas buenas de nosotros y de nuestra realidad, se encarna en las situaciones de la historia no para condenar, sino para hacer brotar la semilla del Reino allí donde las tinieblas parecen triunfar".

"Si nos aferramos a una mirada negativa -continuó Francisco- acabaremos negando la encarnación, porque huiremos de la realidad, en lugar de encarnarnos en ella. Nos encerraremos en nosotros mismos, lloraremos por nuestras pérdidas, nos quejaremos continuamente y caeremos en la tristeza y el pesimismo, que nunca vienen de Dios." En cambio, se trata de "tener una mirada semejante a la de Dios, que sabe discernir el bien y se empeña en buscarlo, verlo y alimentarlo". No es una mirada ingenua, sino una mirada que discierne la realidad.

Recordando la distinción entre secularización y laicismo -propuesta por Pablo VI en la exhortación apostólica Evangelli nuntiandi-, el Papa Francisco invitó a tener cuidado con el riesgo "de transmitir un mensaje equivocado, como si detrás de la crítica a la secularización hubiera nostalgia por un mundo sacralizado, por una sociedad de tiempos pasados en la que la Iglesia y sus ministros tenían más poder y relevancia social". Por el contrario, "la secularización es un reto para nuestra imaginación pastoral. A la vez que nos hace ver las dificultades que tenemos para transmitir la alegría de la fe, nos estimula a redescubrir una nueva pasión por la evangelización, a buscar nuevos lenguajes, a cambiar algunas prioridades pastorales, a ir a lo esencial".

De ahí la invitación a cultivar "un estilo de vida personal y eclesial que pueda reavivar el deseo del Señor, infundir esperanza, transmitir confianza y credibilidad". Un camino en el que señaló tres retos en particular. En primer lugar, dar a conocer a Jesús, volviendo al primer anuncio. "No podemos pretender comunicar la alegría de la fe, presentando aspectos secundarios a quienes aún no han abrazado al Señor en sus vidas”, comentó Francisco. Y tampoco “repitiendo ciertas prácticas o replicando formas pastorales del pasado. Hay que encontrar nuevas formas de anunciar el corazón del Evangelio a los que aún no han encontrado a Cristo".

Para este primer anuncio es preciso tener credibilidad, y aquí está el segundo reto, el del testimonio. "El Evangelio se anuncia efectivamente cuando es la vida la que habla”, explicó Francisco, “cuando revela esa libertad que libera a los demás, esa compasión que no pide nada a cambio, esa misericordia que, sin palabras, habla de Cristo". En este sentido, el Papa citó también el camino de purificación que debe seguir la Iglesia -y no solo en Canadá- por el escándalo de los abusos sexuales cometidos contra menores y personas vulnerables, "escándalos que requieren acciones fuertes y una lucha a fondo”.

Por último, el tercer reto: la fraternidad. "Se trata de vivir una comunidad cristiana que se convierta en una escuela de humanidad, donde aprendamos a amarnos como hermanos y hermanas, y estemos dispuestos a trabajar juntos por el bien común. Preguntémonos: ¿cómo es la fraternidad entre nosotros? ¿Somos hermanos o competidores divididos en partidos? ¿Y cómo son nuestras relaciones con los que no son "de los nuestros", con los que no creen, con los que tienen tradiciones y costumbres diferentes? Este es el camino para promover las relaciones fraternas con todos”, concluyó el Papa: “con nuestros hermanos indígenas, con cada hermana y hermano que encontremos, porque en el rostro de cada uno se refleja la presencia de Dios".

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