Tokio (AsiaNews/Agencias) – Veinticuatro horas después, el número de víctimas confirmadas del terremoto de magnitud 7,1 que sacudió ayer por la tarde la prefectura japonesa de Kumamoto, en el suroeste del país, ascendió a 13, mientras que cerca 10.000 personas se encuentran alojadas en centros de evacuación y varios servicios siguen suspendidos. Tras el sismo principal, de magnitud 7,1, registrado a las 16.27 de ayer, martes 28 de julio, las réplicas continuaron durante toda la noche.
El ministro de Defensa, Shinjiro Koizumi, informó que se habían desplegado en la zona afectada cerca de 4.600 militares. De ellos, 170 participan en las operaciones de rescate en el centro comercial derrumbado de la ciudad de Kashima, perteneciente al grupo Aeon, donde se produjo el accidente más grave. Aproximadamente una hora después del terremoto, una explosión provocó el colapso del segundo piso del edificio. Unas 200 personas ya habían sido evacuadas antes del derrumbe. El centro comercial Aeon de Kashima había reabierto el 13 de junio, tras una gran remodelación para celebrar el vigésimo primer aniversario de su inauguración y el décimo aniversario de la reconstrucción tras el terremoto de magnitud 7,3 que devastó la misma región en 2016. En abril de ese año Kumamoto había sido afectada por una secuencia sísmica de magnitud 6,5 y 7,3.
También se reportaron víctimas en una planta de Nippon Paper Industries, en Yatsushiro. El derrumbe de una chimenea dejó atrapadas a once personas. Hasta el momento, siete han sido localizadas —cinco de ellas sin vida—, mientras que otras cuatro siguen desaparecidas. Otra víctima fue rescatada con vida de una vivienda derrumbada en la ciudad de Yatsushiro, pero falleció poco después en el hospital.
Una ola de calor excepcional ha complicado aún más las labores de rescate, con temperaturas que hoy, 29 de julio, superaron los 35 grados en varias zonas de la prefectura. Cerca de 36.700 viviendas, sobre todo en Yatsushiro y Uki, han quedado sin suministro eléctrico, mientras que decenas de miles de viviendas sufrieron cortes de agua. A las 9.872 personas refugiadas en 465 centros de evacuación se sumaron muchas otras familias que prefirieron pasar la noche en sus automóviles, estacionados frente a tiendas de conveniencia, áreas de servicio o a lo largo de caminos rurales.
El terremoto también ha paralizado el transporte y la economía de la región. El mayor impacto se registró en la industria, en una zona donde se encuentran algunos de los principales gigantes de la industria automotriz y electrónica. Honda suspendió las actividades en su planta de la ciudad de Ozu; el fabricante de autopartes Astemo también cerró su fábrica de Uki. Toyota, que había detenido tres plantas en la vecina prefectura de Fukuoka, reanudó la producción esta mañana, pero volvió a suspenderla por la noche, mientras evalúa el impacto del terremoto en su cadena de suministro. Sony Semiconductor Solutions interrumpió la producción en su planta de Kikuyo, mientras que Renesas Electronics cerró dos plantas tras detectar grietas en los muros, filtraciones de agua y el derrumbe de algunos paneles. Ninguna de las empresas ha indicado aún cuándo reanudará la actividad. Mitsubishi Chemical suspendió las operaciones en su planta de Uto, donde dos empleados resultaron heridos. El fabricante taiwanés de semiconductores TSMC, que desde 2024 opera una importante planta en Kikuyo, evacuó temporalmente a sus trabajadores y después reanudó gradualmente la actividad mientras continúan las inspecciones de la maquinaria.
Uno de los primeros gobiernos que expresó su solidaridad con Japón fue el de Taiwán. El presidente Lai Ching-te escribió en japonés en X pocas horas después del terremoto: "Taiwán y Japón son verdaderos amigos, que siempre se han apoyado mutuamente en los momentos difíciles. Taiwán está dispuesto a prestar asistencia en cualquier momento". Por su parte, el primer ministro Cho Jung-tai anunció que el equipo especial de búsqueda y rescate fue puesto en estado de alerta, y se encuentra preparado para intervenir si las autoridades japonesas lo solicitan.
La rapidez de la respuesta oficial de Taipéi no obedece únicamente a un gesto de cortesía diplomática. Aunque Taiwán y Japón no mantienen relaciones diplomáticas formales, pero sí estrechos vínculos económicos, fortalecidos en los últimos años por la percepción compartida de la amenaza que representa China. A ello se suma la experiencia común frente a los desastres naturales, ya que Taiwán también es una zona de alta actividad sísmica y ha sufrido terremotos devastadores. A ello se añade el interés económico directo derivado de la presencia de TSMC, que desde 2024 opera en Kumamoto la primera planta fuera del país de su filial JASM (Japan Advanced Semiconductor Manufacturing), una inversión estratégica para la industria de los chips que ha contribuido a convertir la región de Kumamoto en uno de los principales polos mundiales de producción de semiconductores.


















