Milán (AsiaNews) - La encíclica de León XIV "Magnifica Humanitas" ha dado lugar en los últimos meses a numerosas reflexiones sobre el desafío de preservar lo humano en la era de la inteligencia artificial. En esta misma línea se inscribe, con especial fuerza, un seminario que se llevó a cabo del 27 al 31 de octubre en Macao por iniciativa de la Oficina de Comunicaciones Sociales de la Federación de Conferencias Episcopales de Asia (FABC-OSC). Obispos, religiosos y agentes pastorales laicos que trabajan en el ámbito de la comunicación en distintos países del continente se reunieron en un lugar especialmente significativo para la historia de las misiones en Asia. El tema del encuentro fue: "Magnifica Humanitas y los caminos sinodales de la evangelización en Asia: comunicar a Cristo en la era de la inteligencia artificial". Publicamos a continuación la declaración final que se difundió al término de los trabajos.
1. Reunidos en la gracia en el mundo digital
Reunidos en Vila São José, en Macao, del 27 al 31 de octubre de 2026, nosotros -obispos, sacerdotes, religiosos y responsables laicos de comunicación de toda Asia- presentamos esta declaración como fruto de la oración, el discernimiento y el diálogo sinodal.
En momentos en que la diócesis de Macao conmemora su 450.º aniversario, rendimos homenaje a su legado misionero como puente entre el Evangelio y las culturas asiáticas. Hoy, este lugar tan importante para nuestra historia ofrece un punto de observación privilegiado para que la Iglesia en Asia renueve su compromiso misionero. Desde estas costas históricas nos volvemos hacia el "mundo digital" y renovamos nuestro compromiso de comunicar a Cristo en medio de las oportunidades y los desafíos de la inteligencia artificial (IA).
2. Mirar la realidad digital de Asia: promesas, divisiones y heridas
Siguiendo el itinerario pastoral del Ver-Juzgar-Actuar, reconocemos el extraordinario potencial digital de Asia, y al mismo tiempo las desigualdades que lo atraviesan. Como catalizadora de la cuarta revolución industrial, la IA constituye un profundo cambio de época, que debemos reconocer como un don de Dios y una oportunidad para la humanidad.
Como centro digital del mundo, Asia concentra dos tercios de los seis mil millones de usuarios de Internet a nivel global (DataReportal, Digital 2026). Dado que los católicos representan una minoría del 11% de la población del continente (Annuarium Statisticum Ecclesiae 2023), es probable que el primer encuentro de la mayoría de los asiáticos con la Iglesia se produzca a través de una pantalla. Este "areópago contemporáneo" (RM, 37) requiere testigos cuya competencia tecnológica esté cimentada en la fe, la integridad y la compasión.
Al mismo tiempo, Asia alberga las mayores poblaciones del mundo sin acceso a Internet, lo que convierte a la inclusión digital en una cuestión urgente de justicia social. El continente soporta el peso de graves heridas digitales, como la trata de personas en los centros de ciberestafas, la explotación sexual en línea, los deepfakes que socavan la verdad y la tentación de buscar visibilidad o de reemplazar la preparación en la oración por contenidos generados artificialmente. También reconocemos los costos ocultos de la IA: el trabajo en condiciones de explotación, la moderación de contenidos que provoca traumas, la destrucción ambiental y la tergiversación de las culturas y tradiciones religiosas asiáticas (MH, 173).
3. Discernir en la fe: rechazar Babel y reconstruir Jerusalén
En su encíclica Magnifica Humanitas, el papa León XIV nos recuerda que el desafío de la IA es fundamentalmente antropológico y no meramente tecnológico (MH, 24). La dignidad humana tiene su fundamento en la imago Dei (MH, 50) y se manifiesta en nuestra finitud, nuestros límites y nuestra vulnerabilidad (MH, 122). Rechazamos firmemente las ideologías transhumanistas y la "eugenesia algorítmica", que pretenden eliminar la fragilidad humana o medir el valor de las personas según criterios de eficiencia, indicadores de rendimiento o el "CI de la IA".
Frente al afán de orgullo, control y dominio de Babel (Gn 11,1-9), abrazamos el modelo sinodal de Nehemías para reconstruir Jerusalén (Ne 2-6): restaurar las relaciones, fortalecer la comunidad y poner en común los dones de todos. Puesto que la tecnología nunca es neutral en la práctica (MH, 9.104; QVH, 42) y la eficiencia por sí sola nunca constituye una medida suficiente para determinar la bondad moral (MH, 92), la Iglesia debe garantizar que que la IA esté al servicio de la comunión.
4. Elegir un camino asiático y sinodal
"Ante esta concentración de poder en el mundo digital, los criterios de juicio y discernimiento en esta nueva situación son los nobles principios de la Doctrina Social: la dignidad inalienable de la persona humana, el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad, la solidaridad y la justicia social" (MH, 96).
Para llevar los principios éticos a la práctica, la Iglesia en Asia hace suya la "sabiduría del corazón" (Francisco, 58.º Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales) y da prioridad a la presencia encarnada frente a la simulación digital (Jn 1,14). De este modo, cada conexión en línea debe estar fundada encuentros humanos auténticos y en la vida sacramental. Arraigada en su experiencia sinodal, la Iglesia aplica las "Conversaciones en el Espíritu" también al ámbito digital: entra en diálogo con las culturas locales en sus propias lenguas, se vincula con otras tradiciones religiosas vivas y se mantiene solidaria con los pobres que se encuentran del otro lado de la "brecha digital" (AN, 52).
Frente a una economía de la atención alimentada por la indignación y la repetición comercial dictada por los algoritmos, Asia puede ofrecer su rico patrimonio contemplativo de meditación, silencio interior y oración, arraigado en una profunda espiritualidad. Guiadas por el principio de subsidiariedad (MH, 31), las diócesis, parroquias, escuelas, seminarios, medios de comunicación católicos y redes de Cáritas podrían convertirse en comunidades de cuidado digital, ofreciendo formación y protegiendo a las personas de la manipulación, la explotación y el aislamiento.
5. Propuestas e iniciativas concretas
En su compromiso con el mundo digital, la Iglesia en Asia se propone promover las siguientes iniciativas:
1. Educación sobre IA. Promover la alfabetización en inteligencia artificial y formar a personas de todos los niveles para que hagan un uso crítico y ético de esta tecnología, guiados por la Magnifica Humanitas del papa León XIV y en colaboración con instituciones eclesiales y laicas.
2. Elaboración de políticas sobre la IA. Alentar a las conferencias episcopales a establecer salvaguardas pastorales para el uso de la IA de acuerdo con las características de cada contexto y en consonancia con las enseñanzas de la Iglesia.
3. Compartir recursos. Alentar a las conferencias episcopales a elaborar y poner a disposición en formato digital recursos doctrinales y pastorales auténticos, como los documentos pontificios, en las lenguas vernáculas. Estos materiales podrían contribuir a que las plataformas de IA ofrezcan una imagen fiel de la fe cristiana. La FABC-OSC también puede facilitar el intercambio de buenas prácticas sobre la aplicación de la IA en las Iglesias locales.
4. Acompañamiento de los misioneros digitales. Nos comprometemos a promover, y pedimos a las conferencias episcopales que reconozcan, orienten e integren a los creadores de contenidos digitales, ofreciéndoles orientación y apoyo espiritual, y creando estructuras y redes que respalden su misión. La FABC-OSC y Radio Veritas Asia se comprometen a apoyar y promover la Red de Misioneros Digitales Católicos de Asia.
5. Apoyo a las infraestructuras. Para ofrecer respaldo institucional en toda la región, la FABC-OSC creará un comité que ayude a las conferencias episcopales a formar y potenciar a los misioneros digitales, y a coordinar su labor con la misión evangelizadora de la Iglesia.
Conclusión
Detrás de cada pantalla hay un rostro. Las máquinas pueden transmitir palabras por todo el mundo a una velocidad sin precedentes, pero solo las personas humanas pueden ofrecer una presencia auténtica y solo una comunidad puede compartir el Pan de Vida y proclamar "lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que han tocado nuestras manos" (1 Jn 1,1): la Palabra viva de la Vida.
Por intercesión de Nuestra Señora, Estrella de la Evangelización, que la Iglesia en Asia pueda hablar el lenguaje de esta era digital con esperanza, sabiduría, valentía y alegría, construyendo una "civilización del amor" (MH, 185) donde la tecnología esté al servicio de la dignidad humana y del bien común.


















