La Iglesia de Seúl y los «niños invisibles» de las familias migrantes

Con motivo del Día Mundial del Migrante, el papa León invita este año a centrar la atención en la situación de los menores en estos fenómenos. El semanario católico coreano responde a esta invitación poniendo de relieve el problema de los niños que no son inscritos al nacer por ser extranjeros y que, por ello, se ven privados de derechos fundamentales como la salud y la educación.

Seúl (AsiaNews/Agencias) – La Iglesia celebra hoy en todo el mundo la 112.ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, para la cual León XIV ha querido centrar este año el tema en «Incluso uno solo de estos pequeños» (Mt 18,10), invitando a prestar especial atención a la situación de los menores en los fenómenos migratorios. «Cada niño, cada ser humano —escribe el pontífice— revela una dignidad infinita, y ante cada niño migrante estamos llamados a poner en práctica nuestra humanidad y nuestra fe».

Inspirándose en estas palabras, el Catholic Times, el semanario católico coreano, dedica esta semana un reportaje en profundidad a la situación de los menores migrantes en Corea del Sur, relatando el compromiso de la Comisión para la Pastoral de los Migrantes de la archidiócesis de Seúl en favor de los niños nacidos de familias extranjeras pero que no están registrados por el Estado coreano debido a su situación irregular. Una situación que contrasta abiertamente con la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño y del Adolescente, según la cual el Estado debe garantizar los derechos independientemente de la situación del niño y de sus padres —como la raza, la lengua o la nacionalidad— y, en todas las decisiones relativas a los niños, debe dar prioridad al «interés superior del niño».

El periódico cita el caso emblemático de A, un niño vietnamita nacido en Corea, cuyo resfriado, al no recibir tratamiento, se agravó hasta convertirse en neumonía. Fue ingresado en el hospital entre tres y cuatro veces a lo largo de un año y los gastos médicos superaron los 10 millones de wones (casi 6.500 euros, nota del editor). Esto se debe a que las familias de los migrantes en situación irregular, al carecer de permiso de residencia, no pueden darse de alta en el seguro médico.

Al igual que en el caso de A, los niños migrantes en situación irregular son tratados como «niños que no existen» también en los ámbitos educativo, cultural y del registro civil. Su presencia, por ejemplo, no figura en el censo de los 202.208 niños procedentes de otras culturas que, según los datos oficiales, asisten actualmente a centros de enseñanza secundaria. De hecho, los «invisibles» quedan excluidos de las aulas.

El punto de partida para garantizar al menos los derechos mínimos a los niños migrantes es reconocer su existencia. Sobre este tema, el pasado 27 de agosto en Seúl intervino el propio Tribunal Supremo, al declarar inconstitucional el hecho de que el Parlamento no haya legislado sobre un sistema universal de registro de nacimientos. En la sentencia, el Tribunal explicó: «El derecho a ser inscrito en el registro civil inmediatamente después del nacimiento no puede garantizarse de forma diferente según si el niño es ciudadano o extranjero» y «teniendo en cuenta que el niño no puede elegir el lugar o el país en el que nace, ni a sus padres, el hecho de que el Estado competente de la región en la que ha nacido registre oficialmente su existencia inmediatamente después del nacimiento constituye una medida mínima de protección del niño como ser humano».

Hay administraciones locales que han elaborado y puesto en marcha medidas al respecto. La provincia de Gyeonggi-do, por ejemplo, ha introducido desde febrero el «Sistema de identificación pública para niños extranjeros no inscritos al nacer». En colaboración con organizaciones como la Comisión para la Pastoral de los Migrantes de la archidiócesis de Seúl y Save the Children, a finales de junio expidió 144 certificados a menores de 10 ciudades y condados. Se trata de documentos que no están vinculados a la declaración de nacimiento y que no permiten obtener la ciudadanía ni un permiso de residencia; sin embargo, constituyen un punto de partida mínimo para acceder al sistema sanitario y a la asistencia social, al acreditar administrativamente la existencia del niño.

El P. Yoo Sang-hyeok, presidente de la Comisión para la Pastoral de los Migrantes de la archidiócesis de Seúl, declaró al Catholic Times: «Este sistema muestra el potencial de un modelo de detección, verificación y conexión en red de los niños migrantes, pero no resuelve por completo la brecha en materia de derechos ni el vacío en el registro de nacimientos».

Según el periódico católico coreano, el sistema de Gyeonggi-do y la sentencia del Tribunal Supremo muestran que el clima social de indiferencia hacia los niños migrantes está cambiando gradualmente. Y surge la opinión de que también la Iglesia coreana, no solo a nivel de los organismos encargados de la pastoral de los migrantes, sino también a nivel de las comunidades parroquiales individuales, debe establecer un sistema para identificar a los niños migrantes en situación irregular y ponerlos en contacto con las instituciones competentes.

«El papa León XIV pide que se cambie la perspectiva de la “gestión de la migración” a la “protección completa e inmediata de los derechos humanos” —explica el P. Yoo Sang-hyeok— y que la acogida de los niños migrantes pase de ser un concepto abstracto a una práctica pastoral estable, acogiendo al niño como miembro de pleno derecho de la familia de la Iglesia».

En la actualidad, junto con la Comisión para la Pastoral de los Migrantes de la archidiócesis de Seúl, las comisiones de otras diócesis están llevando a cabo el proyecto «Alas de esperanza», que ofrece ayuda en materia de asistencia sanitaria a los menores migrantes en situación irregular. Utilizando la «red eclesial», como las estructuras de asistencia social gestionadas por la Iglesia, localizan a las familias de los migrantes, las ponen en contacto con centros médicos o sufragan los gastos del parto. Pero hoy se nos invita a dar un paso más.

«El papel de la comunidad eclesial —continúa el P. Yoo— es proteger de inmediato a los niños migrantes que se encuentran en una situación de vacío de derechos, ponerlos en contacto con el sistema público y dar testimonio en este sentido. A nivel parroquial es perfectamente posible organizar a voluntarios para la atención a los migrantes que localicen a las familias migrantes o les informen sobre los sistemas que pueden resultarles útiles y, si es necesario, las pongan en contacto con la comisión diocesana para la pastoral de los migrantes o con instituciones médicas». Una acción —concluye el sacerdote coreano— que va de la mano de una labor de presión para la elaboración de sistemas y leyes que garanticen los derechos universales de los migrantes, como el sistema universal de registro de nacimientos.

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