Milán (AsiaNews) - En agosto de 2027, Seúl recibirá a jóvenes católicos de todo el mundo para la Jornada Mundial de la Juventud con el Papa. Pero ¿qué panorama religioso encontrarán en Corea del Sur? En nuestra serie "Rumbo a Seúl", la sección de AsiaNews que cada lunes nos prepara para el gran evento que marcará el regreso de la JMJ a Asia, hoy intentamos analizar el contexto religioso de Seúl. Como suele ocurrir en Oriente, es más complejo de lo que puede reflejar una simple estadística. Entre tradición y modernidad, el papel social de la religión y la exaltación de las identidades individuales, también desde un punto de vista espiritual, la Corea del Sur actual está viviendo una transición no exenta de contradicciones.
Las cifras de las religiones
En 2024, una encuesta de Hankook Research, uno de los principales institutos de investigación de Corea, reveló que el 51% de los 52 millones de surcoreanos declara no tener ninguna afiliación religiosa. En otra encuesta posterior que realizó Gallup al año siguiente, esa cifra asciende al 76% entre los jóvenes de 20 a 30 años, casi el doble que en 2000. En la mitad de la población que declara profesar una religión, los cristianos constituyen hoy el grupo más numeroso: en conjunto representan el 31% de la población, de los cuales un 20% pertenecen a iglesias evangélicas y un 11% son católicos. Esta última proporción es la más alta de Asia, si se exceptúan Filipinas y Timor Oriental, los dos únicos países de mayoría católica. Pese a su importancia histórica y cultural, actualmente solo el 16% de la población se declara budista, mientras que el pequeño porcentaje restante corresponde a seguidores de sectas o iglesias de diversos orígenes y a la comunidad musulmana.
Puede parecer una situación extraña e incluso paradójica. Predomina una población desencantada con la religión y una parte considerable ya no se identifica con el budismo, que en otro tiempo fue la tradición religiosa mayoritaria. Sin embargo, el panorama de la relación con lo sagrado es mucho más complejo y quizá se comprenda mejor si se parte de un enfoque "instrumental" de la religiosidad. En la Corea actual existe la tendencia a adherirse a cualquier experiencia de fe siempre que resulte útil para alcanzar objetivos concretos. Puede ocurrir que incluso los cristianos o los budistas consulten a representantes o guías de otras tradiciones si consideran que eso responde a sus necesidades.
El papel del confucianismo
Esta actitud pragmática, poco espiritual, quizá tenga sus raíces en el confucianismo, la doctrina moral que fue la ideología oficial del Estado durante toda la dinastía Joseon (1392-1910). Aunque también desarrolló sus propias formas y rituales, Corea del Sur hoy no es un país confuciano desde el punto de vista religioso ni en cuanto a la adhesión institucional a una confesión. Sin embargo, la sociedad, la cultura y los valores del país hunden sus raíces en una herencia confuciana que sigue funcionando como estructura ética y social básica y determina la manera en que los surcoreanos se relacionan con la familia, la autoridad y la sociedad en su conjunto. Aunque los jóvenes comparten con los adultos el desinterés por las religiones organizadas y cuestionan la prioridad tradicional de la armonía colectiva sobre las necesidades individuales, la influencia confuciana sigue moldeando su manera de pensar, por ejemplo, a través de la importancia que todos conceden a la educación.
Quizá también sorprenda saber que, pese a la modernidad que se refleja en las formas de expresión y en las actitudes de buena parte de la población, en Corea sobrevive una tradición chamánica transversal a las distintas confesiones y se reconoce como fuente de apoyo para responder a las necesidades relacionadas con el bienestar y la espiritualidad. Los chamanes, en su mayoría mujeres (mudang), se consideran intermediarios entre el mundo humano y el sobrenatural y son figuras populares y respetadas. Las ceremonias y danzas rituales de su repertorio suelen ocupar un lugar central en acontecimientos locales y nacionales y atraen a un gran número de seguidores.
El fenómeno de las "nuevas religiones"
Luego está el fenómeno de las "nuevas religiones", que algunos llaman "pseudorreligiones", que se han labrado su propio espacio. Algunas combinan de distintas maneras elementos del budismo, el taoísmo y el confucianismo. También hay numerosas "iglesias" autóctonas que han incorporado elementos cristianos y los han reinterpretado, y que hoy reúnen al 1% de la población. Por lo general, tienen un fuerte componente nacionalista y suelen ser particularmente agresivas en su proselitismo, además de exigir a sus miembros una adhesión incondicional.
Algunas de las principales sectas, cultos o "iglesias" originarias de Corea aspiran a desempeñar, directa o indirectamente, un papel político, lo que ha generado controversias y tensiones. Un ejemplo son las investigaciones que ordenó el actual presidente, Lee Jae-myung, protestante y liberal, contra la Iglesia de Jesús Shincheonji y la Iglesia de la Unificación, fundada en 1954 por el fallecido "reverendo" Moon y que se extendió incluso fuera de Corea.
Se las acusa de haber intentado impedir la elección del presidente y —al igual que otras organizaciones— de estar involucradas en escándalos políticos. Su propuesta de disolver las organizaciones religiosas que intenten influir en la política ha abierto un intenso debate sobre la constitucionalidad de la medida. El arresto de algunos líderes religiosos también ha provocado fuertes críticas de la oposición conservadora, que considera que esa conducta es contraria a la democracia. Es una cuestión extremadamente delicada: la Constitución coreana garantiza la libertad de religión y de culto, pero también es cierto que algunas características y métodos de las "nuevas religiones" pueden generar preocupación social. Durante la pandemia de COVID-19, por ejemplo, la Iglesia de Jesús Shincheonji fue señalada como responsable de la propagación del virus por negarse a suspender sus celebraciones públicas pese a la alerta sanitaria.
La Iglesia católica
En cuanto al catolicismo, llegó a Corea en el siglo XVIII a través de un grupo de laicos que habían leído el libro en el que el jesuita Matteo Ricci presentaba en China los fundamentos del cristianismo mediante un diálogo con un erudito confuciano. Posteriormente, la fe católica creció en torno al testimonio de los mártires de la dura persecución que la dinastía Joseon llevó a cabo durante buena parte del siglo XIX. La Iglesia experimentó un fuerte crecimiento en las décadas de 1970 y 1980, gracias a su compromiso con los derechos humanos, la libertad y la democracia durante los años de la dictadura militar. En pocas décadas, los católicos surcoreanos pasaron de representar el 1% al 11% de la población. Hoy constituyen una comunidad dinámica, pero su crecimiento se ha estancado desde hace algunos años y también debe afrontar el progresivo alejamiento de los jóvenes de la práctica religiosa.



















