Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – "Muchos desean la paz, pero encuentran la violencia; muchos anhelan la comunión, pero experimentan la soledad. En medio de estas contradicciones, los cristianos están llamados a seguir a Cristo en su valentía humilde: la valentía de ser amables cuando la dureza parece más fácil y resolutiva, la valentía de buscar la paz cuando el enfrentamiento parece más ventajoso, la valentía de custodiar la esperanza cuando el cinismo parece más convincente", dice el papa León XIV en su mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud de este año, difundido hoy por la Sala de Prensa vaticana.
El texto prepara el encuentro que las diócesis de todo el mundo vivirán el domingo 22 de noviembre, en la solemnidad de Cristo Rey. Sin embargo, el tema "Tengan valor: yo he vencido al mundo" (Jn 16,33) será también el que guíe el gran encuentro de los jóvenes con el pontífice previsto para el próximo verano en Seúl, del 3 al 7 de agosto de 2027.
Más allá de la presión del éxito
El comentario a las palabras "valor" y "victoria" constituye el núcleo de este mensaje de León XIV. "Sé bien que a veces, tanto en nosotros como en los primeros discípulos, pueden predominar la incertidumbre o el miedo en lugar del valor -escribe a los jóvenes-. Muchos de ustedes tienen preguntas y preocupaciones que oprimen el corazón. Quizá experimenten temores por el futuro, sientan la presión por tener éxito y parecer perfectos, y estén expuestos al estrés de una continua comparación con los demás o con modelos inalcanzables y artificiales. Posiblemente encuentren difícil reconocer y aceptar su identidad bajo la influencia de imágenes construidas por las redes sociales; perciben la necesidad de afecto sincero, porque la tecnología puede imitar la empatía, pero no sustituye la auténtica cercanía humana. Algunos de ustedes conocen la soledad, la desilusión o el temor de no estar a la altura".
Es la experiencia que vivieron los discípulos en la barca, de noche, entre las aguas agitadas del lago de Galilea. Pero la respuesta también es la misma: la presencia de Jesús, que "antes de que ustedes comiencen a buscar a Cristo, Él ya está cerca de ustedes, caminando sobre las aguas agitadas de la vida". Porque "la valentía cristiana -advierte el Papa- no nace de nuestra fuerza, nace de su presencia".
"Déjense conmover por la realidad"
Esto también indica qué tipo de "victoria" trae Él. "Sabemos -explica Prevost- que por 'mundo', en este pasaje evangélico, se entiende no el universo creado y amado por Dios y destinado a la salvación, sino el “mundo de tinieblas” (cf. Ef 6,12), es decir, esa realidad misteriosa, presente también en el corazón de todo hombre, que se resiste a Dios y se le opone. Jesús, y sólo Él, con su muerte y resurrección, ha vencido esta realidad oscura y ha abierto a la humanidad el camino hacia Dios, la felicidad, la justicia y la paz".
Y es el valor que Cristo nos da el que nos permite mirar la realidad con ojos nuevos. "Cristo no los llama a huir de este mundo -dice León XIV a los jóvenes-, sino a verlo con su mirada y a tocarlo con su amor que todo sana. ¡Déjense alcanzar y conmover por esta realidad!".
"Victoria", por lo tanto, no significa "ser más fuertes que los demás, imponerse o demostrar continuamente el propio valor". La victoria de Jesús, por el contrario, es la del amor libre, que "no tiene nada que demostrar ni que asegurar para sí; abajándose no pierde su dignidad, sino que revela la altura y la profundidad de su corazón divino, capaz de dar vida a quien estaba muerto. Su victoria es la victoria del amor que se da sin reservas".
Por eso invita a los jóvenes: "Tampoco ustedes necesitan imponerse, ni demostrar continuamente lo que valen, ni parecer perfectos o esconder sus fragilidades, sus dudas o sus límites. Tengan el valor de ser auténticos ante Dios y ante los demás". El Papa señala también el valor de la humildad: "Una cierta mentalidad -explica- nos dice que hagamos todo solos, que trabajemos en nosotros mismos para mejorar continuamente, para construir una personalidad y un carácter más fuertes, pero al final esto puede hacernos creer que somos nuestros propios salvadores. El Evangelio nos presenta otro camino de crecimiento: no nos salvamos solos, sino que nos dejamos salvar por Jesucristo. Se nos pide aquí la valentía de aceptar la ayuda de los demás, de reconocer los propios límites, de detenernos, de escuchar y de confiar la vida a Dios". Y cuando esto sucede, "todo se renueva, aun en las situaciones cotidianas: en la fidelidad a los amigos, en el respeto del que piensa distinto de ustedes, en la atención al que está solo, en la cercanía a los más débiles y también en el modo en el que se comportan en el mundo digital. Todo es transformado por el amor".
El equipaje para Seúl
Por último, a los jóvenes que viajarán a Seúl el próximo verano, el Papa les dice: "No preparen solamente las cosas prácticas para el viaje a Seúl, ¡preparen sus corazones! Lleven a Cristo sus preguntas, sus heridas, incluso las que desgarran a sus sociedades y enfrentan a sus países. Llévenle esta creación que gime y sufre, el grito de la tierra y de los pobres, que el Papa Francisco nos ha enseñado a escuchar. Compartan con Jesús sus alegrías y esperanzas".
León XIV concluye su mensaje repitiendo la invitación de Juan Pablo II: "'¡No tengan miedo! ¡Abran, más aún, abran de par en par las puertas a Cristo!': No esperen a ser perfectos para abrirse a Él -exhorta-. Él sale al encuentro de ustedes tal como son. Abran a Cristo sus vidas. Abran a Cristo sus comunidades. Abran los caminos que los conducen al corazón de las personas con las que se encuentran. El Señor resucitado, que entró a través de las puertas cerradas, sigue viniendo hoy entre ustedes. Por eso, no se conformen con una vida más pequeña que aquella a la que Cristo los llama. Déjense unir y transformar por su amor".



















