Roma (AsiaNews) - Es una jurista de origen indio que, incluso en las entrevistas recientes, ha recordado hasta qué punto la tradición hindú de su familia fue fundamental para forjar su concepción de la justicia. Es una figura representativa de la comunidad tamil de Sudáfrica, cuyo "incomparable aporte", hace apenas un año, Narendra Modi había elogiado con motivo de su visita a Johannesburgo. Por otra parte, esta es solo la tercera vez que el Premio Nobel de la Paz se concede a alguien relacionado con la India, después de la Madre Teresa de Calcuta en 1979 y el activista contra el trabajo infantil Kailash Satyarthi en 2014. Sin embargo, una semana después del anuncio de la concesión del Nobel de la Paz 2026 a la jurista sudafricana Navanethem "Navi" Pillay, el gobierno indio encabezado por Narendra Modi todavía no ha dicho una palabra al respecto.
El caso está generando debate en la India, entre otras cosas porque la historia de esta jurista de 85 años es inseparable de la de su familia, vinculada al sistema de trabajo por contrato impuesto durante el colonialismo británico, que llevó a miles de indios a las plantaciones africanas. ¿Por qué, se preguntan varios observadores, un gobierno como el de Delhi, siempre tan dispuesto a reivindicar la identidad india, opta por guardar silencio en el caso de Navi Pillay?
La concesión del Nobel de la Paz 2026 ha sido duramente criticada por el gobierno israelí y por la administración Trump debido al papel que ha desempeñado Navi Pillay como presidenta de la Comisión Internacional Independiente de Investigación de las Naciones Unidas sobre los Territorios Palestinos Ocupados, que en septiembre de 2025 concluyó que Israel había cometido un genocidio en Gaza. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, acusó al Comité Noruego de haber "perdido su brújula moral" al otorgar el premio. Es posible que las estrechas relaciones que el gobierno de Modi ha construido con Israel desde 2014 hayan influido en la decisión de Delhi de mantener un perfil bajo ante este asunto.
Sin embargo, como recuerda el sitio web indio The Wire, la frialdad de Modi probablemente esté más relacionada con las posiciones que ha mantenido Navi Pillay sobre las violaciones de los derechos humanos en la India. Durante su mandato como alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la jurista sudafricana de origen tamil instó reiteradamente a la India a utilizar su influencia internacional para defender los derechos humanos, incluso cuando las violaciones se producían en su propio territorio, sobre todo en Cachemira.
En 2009, Pillay denunció detenciones, ejecuciones extrajudiciales, restricciones a la libertad de circulación y las consecuencias del conflicto entre la India y Pakistán para la población civil. También pidió que se investigaran los cientos de desapariciones denunciadas en Cachemira en los años anteriores. En 2012, citando un informe de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, llamó la atención sobre el hallazgo de 1.730 cuerpos en fosas comunes sin identificar, 574 de los cuales correspondían a personas desaparecidas de la zona. Exhortó a las autoridades indias a esclarecer plenamente los casos y llevar a los responsables ante la justicia.
Navi Pillay también intervino en otras cuestiones relacionadas con la India. Tras la violación en grupo y el asesinato de una joven en Delhi, en 2012, defendió la necesidad de impulsar reformas para combatir la violencia sexual. En 2014, pidió que los autores de agresiones sexuales contra mujeres pertenecientes a castas marginadas fueran llevados ante la justicia y subrayó la doble discriminación por casta y género.
Sus denuncias han contribuido a situar la protección de los derechos humanos en la India en el ámbito del debate internacional. Y es probable que eso sea precisamente lo que el gobierno de Modi prefiere no recordar.



















