La visita de Francisco y la misión confiada al pueblo armenio
El Papa no ha vacilado en llamar al Mal por su nombre, y ha reconocido el derecho del pueblo armenio a la memoria. Pero esta memoria ya no puede ser un fin en sí misma: debe convertirse en la vocación de las personas y la diáspora armenia. Estos deben convertirse en embajadores y puentes de unión entre las culturas que se han encontrado después del genocidio, que trabajan por la paz y la convivencia religiosa. De un armenio en la diáspora.








