Taybeh: nuevas incursiones de colonos. Los olivares, símbolo del futuro

El padre Bashar denuncia alarmado a AsiaNews los ataques de ayer en los terrenos propiedad de los cristianos. Hoy la policía ha detenido a tres personas. En la homilía, el párroco se dirige a los jóvenes, invitándoles a quedarse y a «no tener miedo». Proteger un cultivo para salvaguardar una tierra.

por Dario Salvi

Milán (AsiaNews) - A pocas horas de la muerte de dos mujeres cristianas en Gaza, la comunidad latina de Taybeh, en Cisjordania, lanza una nueva alerta por los violentos ataques de los colonos judíos, que han invadido parcelas de terreno y han robado parte de las aceitunas que aún quedaban en los árboles. Así lo denuncia en una nota enviada a AsiaNews el párroco, el padre Bashar Fawadleh, quien subraya que «la situación requiere una intervención inmediata y una protección eficaz, sobre todo durante la temporada de la cosecha». En esta localidad de unos 1.500 habitantes, con tres iglesias, situada a 30 km al norte de Jerusalén y al este de Ramala —el último centro palestino habitado íntegramente por cristianos—, vuelve a cundir el temor a nuevas incursiones por parte de extremistas judíos y, precisamente por ello, el sacerdote se dirige a los fieles invitándoles a no ceder ante el miedo: «Quiero dirigirme a ustedes —subraya— y, en particular, a los jóvenes: no permitan que el miedo les robe los sueños».

Terrenos en el punto de mira

«Desde las primeras horas de esta mañana, 4 de octubre, y durante todo el día —explica el sacerdote en el mensaje enviado ayer—, unos colonos están merodeando por los terrenos agrícolas al este de Taybeh, entrando en olivares de propiedad privada y recolectando las aceitunas que pertenecen a las familias del lugar». Estas incursiones, prosigue el padre Bashar, se suceden «a pesar de que la zona está oficialmente declarada zona militar cerrada, una medida supuestamente destinada a proteger la localidad y a prevenir nuevos ataques por parte de los colonos. Sin embargo, mientras los residentes locales sufren restricciones en el acceso a sus propios terrenos, los colonos —denuncia— siguen entrando y moviéndose libremente». Durante la noche, concluye la nota enviada por el párroco, «la policía israelí intervino y detuvo a tres colonos que se encontraban en la aldea de Dar Jasser, según informó un testigo, y además se presentó una denuncia oficial» ante las fuerzas del orden.

Situada en Cisjordania, esta localidad de unos 1.500 habitantes, con tres iglesias, se encuentra a 30 km al norte de Jerusalén y al este de Ramala, y es famosa por ser la última localidad palestina habitada en su totalidad por cristianos de diversas confesiones. Entre los residentes, más de 600 son católicos latinos, mientras que el resto son ortodoxos griegos y católicos greco-melquitas. En el pasado, la zona había sido escenario de repetidos ataques de colonos judíos, con asaltos a viviendas, robos de ganado e incendios de casas. En julio del año pasado, el patriarca latino de Jerusalén, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, y el primado greco-ortodoxo Teófilo III realizaron una visita conjunta de solidaridad para expresar su apoyo a la población, pero los ataques continuaron con la connivencia del ejército y la policía. 

Jóvenes, no tengan miedo

En la homilía de la misa dominical, el párroco de Taybeh invitó a los fieles a seguir siendo testigos de la fe incluso ante las grandes dificultades y a mostrarse firmes y fuertes ante la violencia: «Nuestra fe —subrayó el sacerdote— debe hacerse visible: en nuestros hogares, en el trabajo, en la forma en que tratamos al prójimo, en el amor a los pobres, en el apoyo a quienes están en dificultades, en la capacidad de perdonar y en la determinación de mantener viva la esperanza», incluso en tiempos oscuros.

A continuación, se dirigió «en particular a los jóvenes» diciéndoles: «No dejen que el miedo les robe los sueños. Esta ciudad os necesita. Necesita sus ideas, su creatividad, su trabajo y sus oraciones. Cada pequeño proyecto, cada nueva casa, cada niño que recibe una educación, cada joven que encuentra un trabajo y cada olivo que cuidamos es un fruto que dice: “Estamos aquí y elegimos construir una vida aquí”», frenando así la huida de los cristianos que amenaza con vaciar a Tierra Santa de una de sus poblaciones originarias.

«Quizá no puedan cambiar toda la realidad que les rodea, pero pueden cambiar algo pequeño, a vuestro alcance. Podéis animar a alguien. Podéis ayudar —afirma el P. Bashar en la homilía— a una persona en dificultades. Podéis reconciliaros con alguien. Podéis servir a vuestra parroquia. Podéis cuidar de vuestra tierra. Y podéis dar a vuestros hijos esperanza en lugar de miedo».

La «guerra» de las aceitunas

Lo que suscita preocupación hoy es la cosecha de aceitunas, ya inminente, pero que, también este año, al igual que los tres anteriores, podría ocultar actos de violencia, ataques y amenazas a la seguridad por parte de los colonos. De hecho, en el pasado reciente, «muchas familias han tenido repetidas dificultades para llegar de forma segura a sus tierras y realizar la cosecha», recuerda el párroco, hasta tal punto que hoy «vuelven a hacerse sentir los mismos temores». Desde hace tiempo, los propietarios de las tierras no pueden acceder a sus olivares, mientras que los extremistas pueden recorrerlos tranquilamente y recoger sus frutos.

«Para Taybeh, las aceitunas —recuerda el sacerdote— representan mucho más que un simple cultivo agrícola. Según los agricultores locales, los representantes de la comunidad y la iglesia del lugar, la localidad cuenta con más de 16.000 dunam cultivados con olivos. En otros tiempos, la producción no sólo satisfacía las necesidades de las familias locales, sino que también proporcionaba aceite de oliva destinado a la venta más allá de las fronteras de Palestina. Aquí, el olivo simboliza una economía familiar, una tradición heredada y un vínculo cotidiano con la tierra que se transmite de generación en generación».

«Hoy en día, las familias propietarias de cientos de olivos —recuerda el P. Bashar— pueden verse obligadas a comprar aceite de oliva para su consumo doméstico, ya que no pueden acceder con seguridad a los árboles. «Como párroco —continúa—, veo las consecuencias de todo esto no solo en los campos, sino también en los hogares y en las vidas de las familias confiadas a nuestro cuidado. Estas pierden no solo el aceite, sino toda la cosecha del año, los ingresos estacionales y la reserva de aceite que normalmente conservarían para su hogar, en un momento en el que el coste de la vida no deja de aumentar».

«Sin embargo —advierte—, el peligro va mucho más allá de la pérdida de una cosecha. Cuando las familias no logran, una y otra vez, acceder, cultivar o recolectar los frutos de sus tierras de forma segura, su vínculo con esa tierra se ve sometido a una dura prueba. Con el paso del tiempo, lo que se pierde no es solo la producción agrícola, sino también parte de la capacidad real de las familias para permanecer en su tierra y mantenerse viviendo de ella. Taybeh no pide un trato de favor. Sus habitantes —concluye el sacerdote en su reflexión— piden algo mucho más fundamental: poder acceder a sus tierras, recolectar las aceitunas con seguridad y volver a casa con los frutos de los árboles plantados por sus padres y abuelos. Proteger la recolección de aceitunas en Taybeh no significa simplemente proteger un cultivo. Significa salvaguardar la tierra, los medios de subsistencia, la dignidad y el derecho de las personas a permanecer en su tierra».


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