Milán (AsiaNews) - "Ciertamente, todos estamos conmocionados y preocupados" por los reiterados ataques contra Arabia Saudita lanzados por los hutíes desde Yemen. En particular, los del fin de semana, que alcanzaron el aeropuerto de Riad y causaron numerosos muertos y heridos entre la población civil, cuenta a AsiaNews el vicario apostólico de Arabia del Norte, Mons. Aldo Berardi, sacerdote de la Santísima Trinidad y de los Esclavos. Hablamos por teléfono con el obispo, que estos días se encuentra en Kuwait en visita pastoral, aunque sigue atento a la situación de las comunidades del reino. En el país residen más de un millón de católicos, en su inmensa mayoría migrantes económicos, que sufren directamente los efectos de la escalada del conflicto entre el ejército saudita y las milicias proiraníes que lanzan ataques con drones y misiles desde el otro lado de la frontera. Desde el sur, continúa el prelado, los rebeldes han atacado el aeropuerto de la capital, el King Khalid International Airport, que estuvo cerrado durante toda la semana. Los ataques alcanzaron a "muchas personas que se desplazaban hacia Dammam y Yeda, algunas de ellas para realizar una peregrinación personal". "Hay bastantes heridos -confirma-. Por el momento, el aeropuerto no está operativo y estamos esperando para ver qué sucede y cómo evoluciona la situación".
Crece el miedo
El vicariato del Norte extiende su jurisdicción sobre cuatro Estados de la península arábiga, con realidades sociales, políticas y de libertad religiosa muy diferentes: Baréin, Kuwait, Qatar y Arabia Saudita. En este último país no se permite ningún culto que no sea el islam, aunque existe, de manera discreta, una numerosa comunidad católica. "Dammam [en el este, donde se encuentra el puente que conecta el país con Baréin] también fue atacada", cuenta Mons. Berardi. "Los miembros de las comunidades católicas -prosigue- están todos bien y continúan con sus actividades laborales y rezando en la intimidad de sus hogares". La próxima semana, añade, "está prevista una reunión en Baréin de todos los sacerdotes del vicariato: tres días de intercambio y debate que hacemos todos los años en octubre para evaluar la situación y preparar el plan pastoral del año siguiente". También será una oportunidad, explica, para analizar la situación y hacer un balance de las visitas pastorales, además de planificar el futuro de la Iglesia local y de sus distintas comunidades.
"Volviendo a Arabia Saudita -cuenta Mons. Berardi-, las comunidades del sur, en Khamis Mushait y Abha, se han visto perturbadas en algunas ocasiones por los ataques de los hutíes en los últimos tiempos. Sin embargo, no imaginamos que también pudiera producirse en el norte un ataque de semejante magnitud, que llegara incluso hasta Riad", añade. "Otra zona que ha sido atacada es Yanbu [en el norte, a orillas del mar Rojo], donde hay un puerto que constituye un importante centro de tránsito para el transporte del petróleo procedente del este. Pero en este caso no se sabe si los drones provenían de Irak, de milicias chiitas que operan en ese país o si también fueron lanzados directamente desde el sur por los hutíes. Lo cierto es que la población vive en un clima de inquietud, porque llegan misiles y drones, pero no hay alertas que permitan prepararse para los ataques".
La mayoría de las víctimas de los ataques del fin de semana contra el aeropuerto pertenecen a la comunidad migrante o son fieles que estaban de paso hacia La Meca y Medina, las dos ciudades santas del islam y destino de peregrinación para millones de musulmanes. "Ningún miembro de la comunidad católica -confirma el vicario de Arabia del Norte- resultó herido, pero la preocupación persiste. Qatar ya ha advertido que se debe mantener un nivel alto de alerta. En Kuwait y Baréin, por el momento, no hay alertas, pero se percibe cierta movilización en toda la región y crece el miedo, porque estos ataques llegan de improviso". "Ahora -añade- le toca el turno al reino saudita, y la preocupación pastoral del obispo es asegurarse de que todos estén bien y de que las pocas actividades permitidas puedan continuar con normalidad, aunque con la discreción habitual y necesaria".
Se derrumba el mito de la seguridad
Mientras tanto, Riad ya no se siente a salvo de la guerra, la violencia y el clima de inestabilidad que en los últimos años habían respetado al reino wahabita, favoreciendo el desarrollo de megaproyectos y el fortalecimiento de su liderazgo en el mundo árabe y de Oriente Medio. Esta es, al menos, la opinión generalizada no solo entre analistas y expertos, sino también, y sobre todo, entre los habitantes de Riad y de otras zonas del país, sobre todo los expatriados y los fieles musulmanes que viajan a Arabia Saudita para peregrinar a La Meca y Medina. Durante la noche, los hutíes lanzaron un nuevo y violento ataque contra Riad y, también en esta ocasión, uno de los objetivos fue el aeropuerto internacional de la capital, con la intención de interrumpir los vuelos y las conexiones. Los milicianos dispararon un misil balístico y luego atacaron la base aérea Rey Khalid, cerca de Khamis Mushait. Durante la noche se registraron varias explosiones, mientras usuarios de internet difundían en las redes sociales videos de incendios en distintos sectores, aunque no hay confirmación independiente sobre la autenticidad de las imágenes.
El ministro de Energía de Arabia Saudita prometió una respuesta contundente a los ataques contra los aeropuertos y las instalaciones de petróleo y gas del reino. "Los acontecimientos de las últimas semanas -afirmó el príncipe Abdul Aziz bin Salman en el Congreso WPC Energy, en Riad- son graves. Nuestra respuesta debe ser igualmente contundente". Sin embargo, persiste la preocupación entre los ciudadanos, los migrantes y los inversores internacionales, que ven desmoronarse la imagen de "refugio seguro" que las autoridades sauditas habían proyectado durante mucho tiempo, especialmente frente a las guerras y tensiones que han marcado la historia reciente de Oriente Medio y del mundo árabe. Entre las más de 15 víctimas mortales, a las que se suman más de 300 heridos, hay peregrinos que esperaban un vuelo a La Meca, entre ellos una persona procedente de Bangladés, una madre siria y un ciudadano estadounidense. Además de las víctimas, los ataques han asestado un golpe directo a la imagen que el reino había construido como destino seguro para los negocios, el turismo y las inversiones internacionales.
Voces desde Riad
El fin de semana, una importante conferencia sobre energía reunió apenas a un puñado de delegados. Mientras tanto, faltan solo dos semanas para la Future Investment Initiative, el principal evento económico anual de un país que lucha por mantener su imagen de estabilidad. En declaraciones a Middle East Eye (MME), Mohamed, un ciudadano británico que vive en la capital desde hace diez años, explicó que, si bien consideraba que el reino era un lugar seguro, ha quedado preocupado por el fallo de los sistemas de interceptación de misiles que protegen el aeropuerto. "Riad -afirma- ya no parece un lugar seguro".
La crisis también ha dejado al descubierto las crecientes tensiones entre los Estados del Golfo y Washington, que ha abandonado el papel de garante y protector de la región que desempeñó durante décadas en Baréin, Kuwait, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Omán. La incertidumbre ha aumentado así la importancia del "Pacto de La Meca" que firmaron en agosto Arabia Saudita, Turquía y Pakistán, cuyo objetivo es reforzar la disuasión colectiva, aunque todavía no está claro cuándo ni en qué medida podrían desplegarse tropas turcas.
A los temores por la seguridad y por una paz que parece ya un recuerdo lejano se suman las preocupaciones por el crecimiento económico y el mercado laboral, que inevitablemente sufrirá las consecuencias de la escalada militar. Una fuente diplomática occidental de AsiaNews en la capital saudita, que pide mantener el anonimato porque no está autorizada a hablar con la prensa, contó que, sobre todo entre los migrantes, "muchos están perdiendo el trabajo y a otros les adeudan salarios atrasados. En la comunidad de expatriados [inmigrantes procedentes de distintos países de Asia, especialmente de la India y Filipinas] empieza a difundirse un clima de inquietud y aumentan los temores". También crece la percepción de que se están intensificando los controles internos. "En los últimos meses -explica la fuente-, algunas comunidades cristianas [protestantes o evangélicas] han recibido visitas de la policía, e incluso algunos miembros han sido expulsados. Algo está cambiando: en las calles y en las casas hay una mayor vigilancia policial, pero todavía no se han dado razones específicas ni explicaciones oficiales que justifiquen este endurecimiento". En Arabia Saudita, por tanto, es necesario actuar con prudencia y mantenerse alerta, tanto ante los ataques de los hutíes procedentes de Yemen como frente al refuerzo de los controles internos sobre la vida de las personas.
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