Yakarta (AsiaNews) – Promover en las Iglesias de Asia “una espiritualidad eucarística”, para hacer crecer la comunión en las comunidades locales y convertirse así en “un signo cada vez más elocuente de la presencia de Dios en sus respectivos países”, dijo hoy el papa León XIV en el breve videomensaje que envió a la XII Asamblea Plenaria de la Federación de Conferencias Episcopales de Asia, que reúne en estos días en Yakarta a 150 cardenales, obispos y delegados de las Iglesias católicas de todo el continente.
“Cuando se reúnen para dialogar sobre las cuestiones importantes que afectan a la vida y al futuro de la Iglesia católica en Asia –dijo el Papa– les aseguro mi cercanía espiritual y pido al Espíritu Santo que inspire y guíe este encuentro”. Refiriéndose luego al versículo del Evangelio de Juan que se ha elegido como tema para este encuentro –"Verás cosas más grandes todavía" (Jn 1,50)– el pontífice explicó que, cuando llama a sus discípulos, “el Señor se presenta como el único mediador entre Dios y la humanidad. Como sus discípulos, hoy nosotros sabemos que Jesús no es solo la fuente de nuestra comunión con Dios, sino también de la comunión entre nosotros”. Por eso invitó a “seguir promoviendo una espiritualidad eucarística en sus Iglesias locales, es decir, una espiritualidad de unidad eclesial fundada en la caridad que nace del don del Señor en la Eucaristía. De este modo, confío en que los lazos de comunión dentro de las Iglesias locales y entre ellas se fortalezcan y se conviertan en un signo cada vez más elocuente de la presencia de Dios en sus diversos países, ayudándoles así a ser, juntos, constructores de puentes en toda Asia”.
Las palabras de León XIV se transmitieron en la jornada en que los participantes se disponen a examinar y aprobar el documento final y el mensaje al Pueblo de Dios que –haciendo balance de esta semana de trabajos– ofrecerán a las Iglesias de Asia una guía para afrontar concretamente, de manera sinodal, los desafíos de un continente en rápida transformación. La reflexión no tiene la intención de ser autorreferencial, porque la conversión sinodal no es solo un llamamiento dirigido a la Iglesia católica, sino también una exhortación moral a los líderes políticos, económicos y sociales de Asia. Así lo expuso claramente ayer el Card. Ignatius Suharyo, arzobispo de Yakarta, en la conferencia de prensa sobre la marcha de los trabajos de la Asamblea, que ofreció junto con el Card. Pablo Virgilio David, obispo de Kalookan, Filipinas, y vicepresidente de la FABC, y el Card. Mario Grech, secretario general del Sínodo de los Obispos.
El Card. Suharyo subrayó que el espíritu de la renovación sinodal debe inspirar también a quienes ejercen responsabilidades públicas. “El llamado a la conversión sinodal no debería limitarse a la Iglesia. También se dirige a quienes ocupan posiciones estratégicas en la sociedad, especialmente a los dirigentes políticos, cuya contribución a la configuración de la sociedad es sumamente influyente”, declaró.
Si bien reiteró que la asamblea “no es un foro político”, el cardenal explicó que los obispos quieren ofrecer “un llamado moral a quienes tienen responsabilidades públicas para que renueven su compromiso de servicio a las personas, sobre todo a aquellas que viven situaciones difíciles”.
Los tres cardenales identificaron cinco prioridades para una conversión auténtica: el respeto de la dignidad humana, que todavía es negada en muchas zonas de Asia; la promoción del bien común, con especial atención a la lucha contra la pobreza y la desigualdad; la lucha contra la corrupción, definida como un grave obstáculo para la justicia y el buen gobierno; el fortalecimiento de la solidaridad, para garantizar la igualdad de oportunidades y la inclusión; y el cuidado de la creación, ya que la degradación ambiental afecta sobre todo a los más pobres. “Conversión, conversión, conversión”, insistió Suharyo.
Por su parte, el Card. David reiteró que la misión de la Iglesia no puede reducirse a aumentar simplemente el número de fieles. “Nuestro objetivo principal no es simplemente multiplicar el número de católicos”, afirmó. Explicó luego que la evangelización consiste ante todo en reconocer y promover la dignidad de cada persona, creada a imagen y semejanza de Dios. Por eso la Iglesia está llamada a acompañar no solo a los cristianos, sino a toda la humanidad, contribuyendo a la construcción de sociedades fundadas en la justicia, la solidaridad y la paz.
“Estamos llamados a convertirnos en paraíso”, siguió diciendo el cardenal, y explicó que el Reino de Dios se hace presente allí donde se respetan la dignidad humana, la justicia y la paz. El testimonio cristiano, concluyó, se mide entonces no tanto por el crecimiento numérico de los creyentes, sino por la capacidad de transformar el mundo según los valores del Evangelio.


















