Frutos y desafíos de 'Nostra Aetate': balance del diálogo desde el Vaticano

El Vaticano publicó hoy la nota "Un camino de esperanza", en la que los dicasterios para la Doctrina de la Fe, para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y para el Diálogo Interreligioso hacen un balance de los 60 años transcurridos desde la declaración conciliar sobre el diálogo interreligioso. Más allá de las tensiones identitarias, señala que requiere "humildad, valentía y discernimiento". Apertura al diálogo con los nuevos movimientos religiosos.

por Giorgio Bernardelli

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - Repasar las etapas esenciales del diálogo interreligioso después de Nostra Aetate, evaluar sus logros y desafíos y trazar algunas perspectivas para el futuro son los objetivos de la Nota "Un camino de esperanza", que difundió hoy el Vaticano. El documento sintetiza las reflexiones con motivo de los 60 años de la promulgación de la histórica declaración conciliar que marcó un hito en las relaciones con el mundo judío y en el diálogo de la Iglesia católica con los creyentes de las demás religiones. Esta larga y densa Nota, fue redactada conjuntamente por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y el Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, y su texto fue aprobado personalmente por el papa León XIV en una audiencia concedida el 22 de junio pasado.

"Sesenta años después de su publicación -dice en la introducción-, Nostra Aetate sigue inspirando las decisiones pastorales y teológicas de la Iglesia y alimentando ese diálogo que es la forma misma del darse de la vida humana y que se ha vuelto cada vez más indispensable en las sociedades de nuestro tiempo. Sin embargo, dicho diálogo constituye también un desafío permanente: ¿cómo conjugar la fidelidad a la identidad cristiana con la apertura sincera a la alteridad? ¿Cómo vivir concretamente la llamada a una fraternidad universal en sociedades marcadas por una creciente diversidad cultural y religiosa, por la guerra y la violencia, y caracterizadas por un impulso cada vez mayor hacia la secularización?".

Cristianos y judíos: juntos más allá de los conflictos en Oriente Medio

Para responder a estos interrogantes, el texto invita a releer en profundidad el origen y el alcance del documento conciliar. Sitúa sus raíces en el deseo de responder a la tragedia de la Shoá y, en este sentido, reafirma la especificidad del diálogo entre la Iglesia y el mundo judío. Recuerda en primer lugar el "rico patrimonio espiritual común a judíos y cristianos", e invita a no considerarlo "una práctica secundaria para los cristianos", cuyo único objetivo sea un conocimiento genérico o unas relaciones meramente diplomáticas. Para un cristiano, dialogar con el mundo judío significa "tomar plena conciencia de la propia identidad originaria". Por eso condena toda forma de antisemitismo, pero también llama a procurar que los conflictos que han estallado en Oriente Medio no impidan seguir construyendo este diálogo.

"Muchos puentes de comunicación se han tambaleado y siguen siendo puestos a prueba por las diferentes interpretaciones de los acontecimientos sucedidos, a menudo no unívocas incluso dentro de las respectivas comunidades religiosas -dice la Nota-. Sin embargo, los pilares del diálogo entre creyentes, erigidos a lo largo de sesenta años de trabajo conjunto, se han mantenido firmes. Sobre ellos es posible y necesario seguir construyendo, inspirándonos una vez más en las recomendaciones de los Padres conciliares de crecer en el conocimiento y el aprecio mutuos mediante 'sobre todo, de los estudios bíblicos y teológicos y de los diálogos fraternos'".

Los frutos y desafíos del diálogo interreligioso

Y desde la apertura del Concilio, Juan XXIII invitó explícitamente a promover no solo la unidad de los cristianos, sino también una fraternidad más amplia con los creyentes de otras religiones, fundada en la "estima y el respeto" recíprocos. Esta dimensión se convirtió después en uno de los contenidos centrales de la declaración Nostra Aetate y fue reafirmada por el magisterio de los pontífices a lo largo de estos sesenta años. Precisamente de los frutos y desafíos actuales del diálogo interreligioso se ocupa la Nota en sus partes tercera y cuarta.

Recuerda que en estos sesenta años "la Iglesia católica ha dialogado y colaborado —en diversos ámbitos y a distintos niveles— con los seguidores del hinduismo, el budismo, el jainismo, el sijismo, el sintoísmo, el taoísmo, el confucianismo y el zoroastrismo, además de con las religiones tradicionales, en particular las africanas". Enumera también los ámbitos en los que se desarrolla hoy este diálogo: junto al diálogo teológico ha crecido un "diálogo de la vida", que abarca la vida cotidiana en contextos multirreligiosos, tanto en los pueblos como en las ciudades, grandes y pequeñas; pero también "el diálogo en la acción", con gestos compartidos; y, por último, "el diálogo de la experiencia religiosa", que llevan adelante sobre todo los monjes y monjas.

El documento valora también la "creciente conciencia crítica ante las manifestaciones de islamofobia, que no distinguen adecuadamente los casos de fundamentalismo y violencia de la convivencia pacífica de los otros creyentes musulmanes". Alienta asimismo las conversaciones y formas de colaboración "con miembros de los 'nuevos movimientos religiosos' y con los representantes de las nuevas experiencias religiosas". Son encuentros fraternos, "que no pueden entenderse ni como diálogo ecuménico ni como diálogo interreligioso", pero que "pueden ofrecer oportunidades concretas para trabajar juntos en la promoción de valores compartidos y en la búsqueda del bien común" y "contribuir a una comprensión más profunda de las aspiraciones espirituales contemporáneas".

No obstante, los tres dicasterios vaticanos tampoco ocultan las dificultades. "En algunos ambientes se sigue dudando de su conveniencia, por temor a un relativismo doctrinal o a una dilución de la identidad religiosa", observan. Incluso fuera de los ámbitos eclesiales "los malentendidos no son menores". Sobre todo en algunas regiones, "las relaciones entre creyentes de diferentes religiones son históricamente conflictivas, y el recuerdo de antiguas heridas dificulta la confianza mutua". Por otra parte, "el auge de los fundamentalismos, la persistencia de los prejuicios, la manipulación política de las pertenencias religiosas o la violencia en nombre de Dios socavan las bases mismas del diálogo".

Una pedagogía del diálogo

El camino es exigente, por eso la Nota invita a cultivar "humildad, valentía y discernimiento". Exhorta a toda la Iglesia a "renovar e intensificar su pedagogía del diálogo", lo que implica no solo una mayor formación, sino también la capacidad de valorar y compartir los frutos de las iniciativas concretas que se llevan a cabo en las Iglesias locales. Sin perder de vista que "las tensiones identitarias, el aislamiento de las comunidades, las ideologías fundamentalistas, los conflictos con connotaciones religiosas, la manipulación política del hecho religioso, pero también la creciente indiferencia en muchos países hacia cualquier forma de espiritualidad, obligan a renovar las formas del diálogo en un mundo en rápida transformación".

"No se trata de fundar una gran religión mundial en la que todas las creencias queden niveladas -especifica la nota vaticana-. Esa posibilidad debe descartarse por respeto a uno mismo y a los demás. Se trata, en cambio, de construir una sociedad fraterna capaz de aceptar las diferencias". Una sociedad que no tema ni mantenga a distancia al "otro creyente", a la otra civilización, a la otra manera de pensar, sino que se atreva al encuentro.

"Aquel que antes se percibía como una amenaza, un enemigo al que temer, respetar desde la distancia o incluso destruir -concluye el documento-, puede convertirse en un interlocutor, un aliado, un amigo, incluso un «peregrino de la verdad»[90] con quien compartir un tramo del camino". Porque "en un mundo encerrado en la asfixia de la inmanencia, los creyentes, pertenecientes a diferentes religiones, no quieren renunciar a presentar al mundo la verdad de la trascendencia y el amor de Dios por todos los seres humanos".


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