Papa: 'Asunción de María, esperanza y consuelo para el mundo'

Desde Castel Gandolfo, el pontífice recordó los sufrimientos de Tierra Santa, "Tierra de María", de los pueblos ucraniano y ruso, "unidos por la devoción a la Madre de Dios", y de los cristianos que sufren discriminación y persecución. En la homilía de la misa celebrada en la parroquia local afirmó: "La verdadera belleza es el amor que no tiene fin".

Castel Gandolfo (AsiaNews) – "María Santísima, asunta a la gloria del cielo, es para todo el pueblo de Dios un signo de esperanza y consuelo. Por eso, hoy deseo invocar su intercesión maternal en nombre de aquellas comunidades que necesitan ser consoladas y seguir teniendo esperanza". También en esta jornada festiva, desde la plaza de Castel Gandolfo, el papa León XIV dirigió su mirada hacia los que más sufren en el mundo. "Pienso en los hermanos y hermanas de Tierra Santa, que es también, por excelencia, la Tierra de María -dijo ante los fieles reunidos para rezar el Ángelus-. Pienso en el pueblo ucraniano y en el pueblo ruso, ambos unidos por una devoción filial a la Santa Madre de Dios. Pienso en los cristianos que sufren discriminación o incluso persecución".

El pontífice afirmó que en estos días también sigue rezando por las poblaciones colombianas que sufren a causa del terremoto de los últimos días, invitó a pedir la intercesión de María por quienes viven situaciones difíciles diciendo: "¡Santa María, ruega por nosotro!".

A quienes están de vacaciones, el pontífice les deseó que "todos que puedan disfrutar de un tiempo de descanso, para reponer las fuerzas en el cuerpo y en el alma, también con alguna buena lectura y en contacto con la naturaleza".

La solemnidad de la Asunción, que el Papa vivió en Castel Gandolfo, comenzó con la misa que presidió en la parroquia local de Santo Tomás de Villanueva, situada en la misma plaza donde se encuentra la residencia pontificia. En la homilía, León XIV reflexionó sobre la belleza de María y la belleza del ser humano. Al comentar la imagen del Apocalipsis de la "mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies", que propone la liturgia, el Papa señaló que, a primera vista, esta imagen parece contrastar con lo que experimentamos con el paso de los años. "Con la edad -explicó León XIV-, nuestro cuerpo no se hace más ágil, sino más pesado; la piel no se vuelve más fresca, sino que muestra los signos de la vejez; el cabello no toma color ni brillo, sino que se vuelve gris y luego blanco. Entonces, ¿qué tenemos en común con la joven maravillosa que encontramos pintada en nuestros retablos?".

"Para comprenderlo -continuó-, debemos mantener unidos los dos signos que hemos mencionado: el cuerpo incorrupto de la Madre de Dios y su corazón inmaculado. Es la pureza del alma, en efecto, la que en María ―como en nosotros―, por gracia de Dios, ilumina y transfigura a toda la persona, llevándola a la gloria del Cielo".

El Papa explicó que la glorificación de María en cuerpo y alma que se celebra en la solemnidad de la Asunción "nos enseña que nuestra verdadera belleza no consiste en ocultar los signos del tiempo que pasa, sino en mostrar también en nuestra carne los signos del amor que no tiene fin".

Por eso, continuó León XIV, "si de verdad deseamos descubrir y cultivar la belleza divina que nos rodea y para la que hemos sido creados, así como difundirla a nuestro alrededor, debemos aprender a leerla tanto en el rostro tierno de un niño como en las arrugas de un anciano, en la vivacidad de un joven como en la compostura de un adulto, en los adornos de la fiesta como en la vestimenta y en las herramientas de trabajo. El amor es el ornamento más hermoso del hombre: el amor que transfigura, transforma, ennoblece y lleva a lo alto; que nos hace ligeros, libres, cercanos a Dios, incluso a través de los altibajos de la vida".

La sublimidad del misterio que se celebra en la solemnidad de la Asunción, por tanto, "no debemos buscarla lejos. Podemos encontrarla -concluyó el Papa- allí donde hay verdadera caridad: en los ojos de un padre y una madre que vuelven a casa después de una jornada de trabajo, cansados pero felices de estar con sus hijos; en los rostros de los abuelos y las abuelas que, a pesar de las dificultades de la edad, se reactivan con energías inesperadas al cuidar a los nietos; o incluso en el compromiso de jóvenes que se esfuerzan por crecer limpios y honestos, dispuestos también para ir contracorriente respecto a 'lo que hacen todos'; finalmente, en la obra de tantos hombres y mujeres que diariamente, con fe y dedicación, contribuyen a llevar un poco de Cielo a la tierra y de la tierra al Cielo".


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