Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – "La guerra sólo genera más guerra y provoca un enorme sufrimiento". Después de rezar el Ángelus y frente a los fieles reunidos en la plaza de San Pedro, el papa León XIV volvió a alzar la voz en defensa de los que sufren a causa de los conflictos que están ensangrentando el mundo.
En primer lugar, en inglés, el Pontífice recordó la trágica situación de Sudán, sobre todo en la ciudad de El-Obeid, epicentro de este conflicto olvidado de África, que está provocando una emergencia humanitaria sin precedentes en el mundo. "Renuevo mi llamado a las autoridades para que garanticen corredores humanitarios a la población civil. Al mismo tiempo, insto a la comunidad internacional a apoyar los esfuerzos destinados a lograr un alto el fuego inmediato. Oremos pidiendo al Señor que sostenga a quienes sufren, convierta los corazones de quienes siembran violencia y conceda la paz tan anhelada", dijo el Papa.
Luego, en italiano, el Papa se refirió a las "dolorosas noticias sobre personas inocentes asesinadas y heridas en Ucrania y Rusia" que siguen llegando en estos días. "Los episodios trágicos se suceden, es más, se multiplican –dijo León XIV– y causan cada vez más víctimas civiles, entre ellas también niños. Estoy cerca de las familias de las víctimas, de los heridos y de todos los que sufren a causa del conflicto en curso. Ante tanto dolor, renuevo un vehemente llamamiento para que se respete el derecho humanitario y ambas partes pongan fin a los ataques contra objetivos civiles. Es hora de detener la espiral de violencia y dar cabida a la diplomacia y al diálogo para allanar el camino hacia la paz".
Previamente, el Papa había comentado el pasaje del Evangelio que hoy propone la liturgia, en el que Pedro y los apóstoles se encuentran atemorizados en medio de la tempestad, inmediatamente después de la multiplicación de los panes. Observó que a los apóstoles no les bastó haber presenciado un milagro, ni haber tenido éxito ante la gente: tuvieron que pasar por la experiencia de su debilidad y, en ella, reconocer la presencia de Dios. Solo así –explicó– pudieron abrir verdaderamente los ojos y el corazón a su cercanía y recuperar la paz incluso en medio de la tempestad".
"Este milagro –añadió– nos enseña algo importante: ante todo, a no dejarnos llevar por el éxito y a no ser nunca presuntuosos; y, al mismo tiempo, a no desesperarnos, ni siquiera en los momentos de oscuridad, cuando nos sentimos impotentes ante los problemas y, a pesar de nuestros esfuerzos, nos parece que retrocedemos en vez de avanzar. En cualquier circunstancia, Jesús no nos abandona y, si lo acogemos con humildad en la barca de nuestra vida —con la oración, con los sacramentos, con la escucha de su Palabra—, en Él encontraremos la paz, encontraremos luz y fuerza para nuestro camino".
Por último, a los numerosos grupos de jóvenes que se encontraban en la plaza de San Pedro, el Papa propuso como modelo a algunos santos cuyas fiestas se celebran en estos días: "ayer, el gran santo Domingo, fundador de los Frailes Predicadores; hoy, santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, carmelita asesinada en Auschwitz y copatrona de Europa; mañana, san Lorenzo, diácono de la Iglesia de Roma; pasado mañana, santa Clara de Asís, quien dejó una vida acomodada para seguir a Jesús, pobre y humilde, siguiendo el ejemplo de su conciudadano san Francisco. ¡Queridos jóvenes –concluyó–, déjense entusiasmar por estos testigos ejemplares del Evangelio!".


















