Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – «La música forma parte de la acción litúrgica y no es una mera decoración de la celebración». Por eso, hay que prestar también gran atención a su inculturación, teniendo «muy en cuenta» las diversas tradiciones musicales de los pueblos del mundo «como parte de la vida religiosa y social de las personas». Así lo ha subrayado hoy el papa León XIV al dirigirse a los fieles presentes en la audiencia general del miércoles, celebrada en el interior de la basílica de San Pedro debido a la ola de calor que sigue afectando también a Roma. Continuando con su catequesis dedicada a los documentos del Concilio Vaticano II, el pontífice se ha detenido hoy en el capítulo que la constitución Sacrosanctum Concilium dedica al tema de la música sacra.
«En la liturgia —ha dicho el Papa—, cantar y tocar significa rezar, sintonizando el propio corazón con el de las hermanas y los hermanos y con Dios, en la participación activa en el misterio celebrado. En particular, la música expresa la dimensión afectiva de la oración, como afirma san Agustín: “Cantare amantis est”, es decir, “cantar es propio de quien ama” (Sermo 336, 1). Esto —añadió Prevost— es muy importante, porque ayuda a abrir el corazón a la acción de Dios en la gracia y a dejarse moldear por ella».
León XIV recordó además cómo el canto favorece la comunión en la asamblea reunida en oración. «A través de la sinfonía de las voces —explicó—, contribuye a la unión de los ánimos, superando las diferencias entre las personas y reuniendo a todos en la alabanza a Dios. Se convierte así en epifanía de la Iglesia, manifestación sensible de la comunión que pertenece a su propia naturaleza».
Precisamente por este «profundo valor teológico», el pontífice —citando el documento conciliar— enumeró algunas «exigencias» a las que la música sacra nunca debe renunciar. En primer lugar, «más allá de las modas o de las sensibilidades particulares de los autores, debe responder en todos los niveles a lo que es más apropiado para el momento celebrativo». La melodía «debe ser a la vez noble y sencilla, de alta calidad musical y fácil de interpretar». También los textos —recomienda el Concilio— deben ser «adecuados, profundos y, al mismo tiempo, fácilmente comprensibles, inspirados principalmente en la Sagrada Escritura, en los libros litúrgicos y en la Tradición espiritual de la Iglesia».
Sacrosanctum Concilium también atribuye «gran valor al canto gregoriano, sin excluir de la celebración otros géneros de música sacra», así como presta especial atención al órgano, especificando que se admite el uso de otros instrumentos «siempre que sean adecuados para el uso sagrado o puedan adaptarse a él, concuerden con la dignidad del templo y favorezcan verdaderamente la edificación de los fieles». Al mismo tiempo, sin embargo, el Papa ha recordado que «un tema muy querido por la reforma conciliar es el de la inculturación, también en el ámbito de la música sacra». Por ello, el documento del Vaticano II recomienda, por un lado, impartir a todos una adecuada «educación del sentido religioso» y, por otro, «en la medida de lo posible, promover la música tradicional de esos pueblos, tanto en las escuelas como en las celebraciones sagradas».
En los saludos en diferentes idiomas a los peregrinos presentes, León XIV ha dedicado hoy una atención especial a los peregrinos polacos, recordando que el 23 de agosto —día en que la Iglesia celebra la fiesta del beato Władysław Findysz, sacerdote y primer polaco reconocido como mártir de las persecuciones comunistas— se celebra el Día Europeo de Conmemoración de las Víctimas del estalinismo y del nazismo. «Durante el Concilio Vaticano II —dijo el Papa—, él apoyó espiritualmente sus trabajos, involucrando a los fieles en la obra conciliar de la bondad con actos de caridad y de renovación moral. Su testimonio —añadió— nos recuerde que la civilización del amor se construye perdonando y venciendo el mal con el bien».
Por último, en italiano, el pontífice renovó a todos los presentes la invitación «a desarrollar siempre en sí mismos una auténtica conciencia de paz. Tened la sincera conciencia de que la paz es un bien precioso y grandioso, y de que se necesita un compromiso firme y constante para hacerla realidad, siguiendo con honestidad y verdad los caminos que la construyen y la consolidan en la sociedad».

















