Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – "No permitamos que estos vientos de guerra" que han vuelto a soplar en Oriente Medio, en Ucrania y en muchas otras partes del mundo “apaguen la pequeña llama de la esperanza y de la paz, incluso cuando parece frágil y vacilante”, dijo hoy el papa León XIV ante la violencia, el terror y la muerte que han vuelto a golpear, una vez más, a tantos inocentes. Habló de ello durante el Ángelus, dirigiéndose a los fieles reunidos en Castelgandolfo, donde el Papa se encuentra estos días descansando durante el verano.
“Renuevo mi deseo de que se recorra con perseverancia el camino del diálogo, del encuentro y de la diplomacia –dijo el pontífice–, única vía capaz de conducir a una paz justa y duradera, en la que los pueblos puedan vivir reconciliados, con seguridad recíproca y en el respeto de la dignidad de toda persona”.
Por otra parte, hoy se celebra en la Iglesia el “Domingo del Mar”, y el Papa dirigió un pensamiento especial “a todos los marineros, pescadores y trabajadores portuarios del mundo, quienes, marcados por la distancia de sus seres queridos y, en ocasiones, por el temor ante los conflictos que atraviesan las rutas marítimas, sostienen con su trabajo paciente y silencioso el comercio y la vida de muchos pueblos”.
Ayer, al saludar a los participantes en el evento “Almuerzo con el Papa”, León XIV también había hablado del hambre de paz y de justicia cuando saludó a cerca de 200 personas sin hogar y en situación de vulnerabilidad que almorzaron con él en el Borgo Laudato Sí de las Villas Pontificias de Castel Gandolfo. “He venido sin discurso, pero con hambre –había dicho–. Con hambre de justicia, hambre de auténtica caridad, hambre de una Iglesia que verdaderamente sepa abrir las puertas, acoger, recibir a todos. Una Iglesia donde haya amor para todos y donde nadie sea enemigo, donde todos sepamos vivir la reconciliación, el perdón, la paz”.
Antes de rezar el Ángelus, el Papa comentó la parábola del sembrador que hoy propone la liturgia (cf. Mt 13,1-23) y se detuvo en la imagen del Padre que “no deja de sembrar, porque sabe que la fuerza de su amor es más fuerte que nuestra debilidad”.
“La generosidad de Dios para con nosotros no es ingenua, sino sabia –comentó el pontífice– y sabe descubrir en nosotros la posibilidad de un bien del que, a veces, ni siquiera nosotros mismos somos conscientes. Por eso el Señor, que conoce bien el terreno de nuestro corazón mejor de lo que nosotros mismos lo conocemos, no deja de creer en nosotros, en lo que somos y en lo que podemos llegar a ser, día tras día, si con fe nos abandonamos en Él”.
Y precisamente es “de la gratuidad y la confianza con las que se esparce la semilla, y de la humildad y la disponibilidad con las que es recibida, de donde crecen en nosotros y se difunden los frutos del Espíritu Santo, que son, como enseña san Pablo: 'amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, modestia, dominio de sí' (Gál 5,22). ¡Cuánto necesita nuestro mundo estos frutos, ser colmado y transformado por ellos!”.
Por eso invitó a todos, “especialmente en estos días de vacaciones, a dar espacio a la escucha, a la lectura y a la meditación de la Palabra de Dios, cultivando, junto con el descanso y la sana diversión, también momentos significativos de silencio y de oración. Volveremos a nuestras ocupaciones habituales –concluyó el Papa– renovados en el cuerpo y en el espíritu, dispuestos a anunciar la Buena Noticia del Evangelio y cada vez con más capacidad de colaborar en el crecimiento del Reino de Dios”.


















