Beijing (AsiaNews) - La inteligencia artificial podría transformar radicalmente el trabajo de los diseñadores gráficos especializados en tipografía china, es decir, quienes crean las distintas fuentes de escritura. A diferencia de otros alfabetos, la lengua china cuenta con miles de caracteres diferentes, por lo que diseñar una nueva tipografía suele ser una tarea especialmente larga y costosa. La IA podría reducir drásticamente los tiempos y los costos de creación de nuevas fuentes, pero también se apropia del trabajo de los diseñadores y plantea diversos interrogantes sobre los derechos de autor.
Liu Yuli, diseñadora tipográfica y cofundadora del estudio Anchor, describe este cambio en la revista Sixth Tone. En su opinión, las capacidades de los nuevos modelos de inteligencia artificial están poniendo en cuestión, al menos en apariencia, uno de los últimos sectores del diseño gráfico que todavía se encuentra en manos de profesionales: el diseño tipográfico. Los sistemas más recientes ya pueden producir documentos con textos extensos en varios idiomas y mantener un nivel de precisión que, aunque todavía no alcanza el de los profesionales, puede ser suficiente para quienes necesitan diseñar un cartel o un folleto.
La tipografía moderna se desarrolló a partir de la imprenta de tipos móviles, que Johannes Gutenberg hizo famosa en Europa. El sistema se basa en la producción de caracteres individuales que se pueden reutilizar muchas veces. Es un modelo especialmente adecuado para alfabetos como el latino, compuesto por unas pocas decenas de letras que se repiten en los textos.
Aplicar el mismo principio a la escritura china es mucho más complicado. Para cubrir la mayoría de los textos de uso cotidiano bastan unos 3.500 caracteres, que, según diversos estudios, abarcan el 99,5% de los textos y las conversaciones. Sin embargo, para garantizar que también puedan visualizarse los caracteres menos frecuentes, las empresas del sector suelen desarrollar fuentes que contienen al menos 7.000 logogramas. Algunos proyectos de mayor envergadura llegan a tener 27.000 o incluso 87.000 caracteres.
Sin embargo, esto obliga a los diseñadores a reproducir miles de signos que, en la mayoría de los casos, aparecen muy pocas veces. Por eso durante siglos los impresores chinos prefirieron tallar páginas enteras en planchas de madera en lugar de producir y organizar miles de tipos móviles, como se hacía en Occidente. Hoy, en cambio, el sistema de tipos móviles también se ha impuesto en el diseño digital. Por eso, si alguien quiere imprimir un eslogan de veinte caracteres, por ejemplo, puede verse obligado a comprar la licencia de una fuente que contiene 7.000.
La inteligencia artificial puede solucionar este problema de costos y productividad. Desde hace años las empresas chinas del sector utilizan herramientas de IA propias para acelerar la creación de caracteres. En el proceso tradicional, un diseñador principal dibuja unos cientos de signos gráficos para definir el estilo de la nueva fuente, mientras que el resto del trabajo queda a cargo de un equipo de colaboradores. Un modelo de inteligencia artificial puede aprender las características gráficas de esos primeros ejemplos y aplicarlas a los demás caracteres. Con supervisión y correcciones humanas, este procedimiento permite aumentar considerablemente la productividad.
Hasta ahora, la difusión de herramientas de código abierto también ha permitido a diseñadores independientes desarrollar nuevas fuentes. Es el caso de Wang Tingrui, que utilizó la IA para crear caracteres inspirados en la impresión tradicional con tipos móviles. Los modelos más recientes, capaces de generar contornos gráficos de calidad, han hecho que este trabajo sea aún más accesible.
Las nuevas tecnologías también podrían tener efectos en la posibilidad de incorporar nuevos caracteres a la lengua. Muchos signos chinos, en efecto, se forman mediante la combinación de elementos gráficos que ya indican parte del significado y la pronunciación. En el siglo XIX, por ejemplo, algunos químicos chinos crearon nuevos caracteres para traducir los nombres de elementos químicos recién descubiertos, combinando un componente semántico con otro fonético. Este procedimiento se sigue utilizando para nombrar nuevos elementos químicos sintéticos.
Hasta ahora, incorporar estos caracteres a la lengua escrita ha sido una tarea complicada porque las fuentes tradicionales registran los signos completos, no sus componentes individuales. Por eso, un carácter recién inventado no aparece automáticamente en las fuentes existentes. La IA, en cambio, podría superar esta limitación y permitir reproducir nuevos signos con el estilo de una tipografía ya disponible.
Los modelos de inteligencia artificial más avanzados también están dejando atrás la idea de que un texto debe componerse ensamblando caracteres individuales. Hoy pueden generar diseños que integran texto en carteles, videos e imágenes, siguiendo las indicaciones estilísticas del usuario. Para obtener un resultado determinado basta con describir el estilo deseado mediante un comando escrito o enviar un boceto hecho a mano.
Las herramientas de IA todavía suelen generar caracteres incoherentes y no está claro cómo se protegerán los derechos de autor, sobre todo cuando el resultado se asemeja a fuentes ya existentes. Sin embargo, según Liu, es poco probable que estos obstáculos impidan utilizar las nuevas tecnologías para agilizar el trabajo gráfico. Si la inteligencia artificial facilita cada vez más la producción de caracteres, fuentes y diseños, los diseñadores dejarán de tener el monopolio de la creación estilística. Su aporte, sostiene la autora, podría consistir en ir más allá con diseños gráficos cada vez más elaborados y en experimentar con soluciones estéticas nuevas y refinadas.



















