Milán (AsiaNews) – El monasterio de Santa Catalina, al pie del monte Sinaí, podría haber encontrado una solución para la prolongada disputa con el Estado egipcio sobre la propiedad de la tierra y las condiciones necesarias para garantizar la continuidad de la vida monástica. El sábado 24 de octubre, en vísperas de un nuevo plazo legal, el arzobispo Symeon, al frente de la comunidad, anunció su disposición a firmar el acuerdo propuesto por el gobierno de El Cairo. La noticia fue recibida con satisfacción en Atenas y el ministro de Asuntos Exteriores griego, Giorgos Gerapetritis, afirmó que era una fecha histórica para el helenismo y la ortodoxia".
Sin embargo, cabe aclarar que no consta que el acuerdo se haya firmado todavía. El anuncio de Symeon compromete a la comunidad a seguir adelante con la firma, que se programará para una fecha posterior. Tampoco se han hecho públicos hasta ahora todos los términos del acuerdo. La disposición que ha manifestado el monasterio abre la puerta a una solución concreta, pero la cuestión todavía no parece estar definitivamente resuelta. Por otra parte, el litigio judicial sigue abierto. El lunes 26 de octubre el Tribunal de Apelación de Ismailia aplazó hasta el 27 de diciembre las causas relativas a los terrenos en disputa, para permitir la presentación de la documentación que acredite la legitimidad procesal del responsable de la administración monástica.
El litigio por la propiedad
Para comprender la importancia del anuncio del arzobispo Symeon, hay que remontarse a la sentencia del 28 de mayo de 2025, dictada por el Tribunal de Apelación de Ismailia. La controversia, que comenzó en 2015, se refería a 71 parcelas utilizadas por el monasterio, que comprendían no solo los edificios de la comunidad religiosa sino también los lugares de culto, las dependencias monásticas, los terrenos agrícolas y otras propiedades circundantes. En aquel momento el tribunal no reconoció al monasterio la propiedad de los terrenos, que atribuyó al Estado egipcio. Sin embargo, concedió a los monjes una forma de "posesión religiosa" sobre 29 sitios de carácter religioso, mientras que la situación de otros terrenos se reguló de manera diferente, también en relación con contratos preliminares de compraventa. La decisión dejó abiertos interrogantes importantes sobre la posibilidad de seguir utilizando algunos espacios y sobre las garantías para la comunidad.
Tanto el monasterio de Santa Catalina como el gobierno egipcio apelaron la sentencia. Este último pedía que se restringieran aún más los espacios reservados para el uso de la comunidad. Un eventual fallo desfavorable podría haber agravado las consecuencias de la decisión de 2025. Por eso, paralelamente al litigio, se desarrollaron negociaciones diplomáticas entre Atenas y El Cairo con el objetivo de alcanzar un acuerdo antes de la sentencia definitiva de la Corte de Casación. La protección del monasterio se convirtió, de hecho, en una cuestión de importancia fundamental para toda la Ortodoxia y para las relaciones entre Grecia y Egipto.
La propuesta egipcia se presentó en agosto de 2026, pero la comunidad monástica, compuesta por menos de veinte religiosos, permaneció dividida durante mucho tiempo. El exabad Damianos se opuso al acuerdo, argumentando que la supervivencia del monasterio era inconcebible sin el reconocimiento del derecho de propiedad. Por su parte, el nuevo arzobispo Symeon buscó el respaldo de las principales autoridades ortodoxas. El resultado llegó en vísperas del vencimiento del plazo judicial: el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, los patriarcados de Jerusalén y Alejandría, y las Iglesias de Chipre y Grecia expresaron su apoyo a un acuerdo.
El valor histórico del complejo
Lo que está en juego va mucho más allá de una disputa por la propiedad. El monasterio de Santa Catalina se encuentra en el sur de la península del Sinaí, en un paisaje montañoso que la tradición bíblica identifica con el lugar donde Moisés recibió las Tablas de la Ley. Es uno de los asentamientos monásticos cristianos más antiguos que siguen en actividad y constituye un referente fundamental para la Ortodoxia, especialmente para la tradición greco-ortodoxa.
Sus orígenes se remontan a los primeros siglos del cristianismo, cuando ermitaños y monjes buscaron refugio en lugares desérticos asociados con la memoria bíblica. El complejo monumental tomó forma en el siglo VI por iniciativa del emperador bizantino Justiniano I. El lugar ya estaba asociado con la memoria de la zarza ardiente y, con el paso del tiempo, se convirtió en destino de peregrinación para cristianos de diversas regiones. La dedicación a santa Catalina de Alejandría, mártir cristiana según la tradición, se consolidó a lo largo de los siglos. El monasterio ha seguido siendo un centro de oración y vida comunitaria a pesar de las transformaciones políticas y religiosas que atravesaron a la región, desde la dominación bizantina hasta la árabe y la otomana, y posteriormente hasta el Egipto contemporáneo.
Su singularidad también reside en su arquitectura. Las murallas fortificadas encierran iglesias, capillas, dependencias de los monjes, áreas de servicio y lugares de culto que dan testimonio de una continuidad de uso excepcional. No se trata de un monumento cristiano conservado como vestigio de un pasado concluido, sino de una comunidad que sigue celebrando la liturgia y preservando una tradición espiritual milenaria.
En 2002, la Unesco incluyó el área de Santa Catalina en la Lista del Patrimonio Mundial, en reconocimiento de su valor arquitectónico, artístico y espiritual. La declaración destaca la continuidad de la vida monástica desde el siglo VI y el significado particular del territorio, sagrado para judíos, cristianos y musulmanes.
Uno de los tesoros más importantes que se encuentra en el monasterio es la biblioteca, considerada la biblioteca monástica más antigua que sigue en funcionamiento. La colección comprende manuscritos religiosos y profanos, textos bíblicos, obras de los Padres de la Iglesia, libros litúrgicos, documentos legales y testimonios de la vida cotidiana a lo largo de los siglos. La diversidad de lenguas es uno de los elementos que la convierten en un patrimonio de valor internacional. Junto a los textos griegos hay otros en siríaco, georgiano, copto, armenio, árabe, etíope y otras lenguas. Los manuscritos documentan la circulación de textos e ideas entre las distintas comunidades cristianas del Mediterráneo oriental y Oriente Medio, así como sus relaciones con las sociedades musulmanas y las instituciones que se sucedieron en la región.
Una comunidad religiosa más que un destino turístico
El anuncio del 24 de octubre fue recibido positivamente por ambos gobiernos implicados en las negociaciones. El ministro de Asuntos Exteriores egipcio, Badr Abdelatty, confirmó el compromiso de El Cairo de preservar el carácter espiritual y religioso del monasterio, al que definió como símbolo de tolerancia, fraternidad y convivencia entre religiones y civilizaciones. El primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, habló de un punto de inflexión histórico, mientras que el jefe de la diplomacia griega, Gerapetritis, aseguró que el acuerdo garantizará la continuidad de la vida monástica, incluso mediante permisos de residencia a largo plazo para los religiosos, que hasta ahora debían renovar sus visados anualmente.
Este es el panorama que presentan las declaraciones oficiales. Sin embargo, como ya se ha señalado, todavía deben verificarse las garantías, la normativa sobre la tierra y las modalidades concretas de aplicación. Según las informaciones difundidas por la prensa, la solución podría contemplar el mantenimiento de la titularidad pública de las tierras, acompañado de derechos de uso y garantías para la vida religiosa. Para el gobierno egipcio, en esencia, el monasterio sigue formando parte del patrimonio histórico nacional y su situación queda encuadrada en la legislación del país. Para la comunidad, la prioridad es garantizar que la pérdida del reconocimiento de la propiedad no se traduzca en una limitación progresiva de la vida religiosa, la autonomía y la custodia de los lugares. No son objetivos que coincidan automáticamente y requieren acuerdos claros.
En el contexto del Egipto contemporáneo, la protección de un antiguo monasterio cristiano no concierne exclusivamente a la libertad de culto ni al destino de una propiedad. También está en juego la posibilidad de transmitir a las generaciones futuras un patrimonio en el que la arquitectura, la oración, los libros y la memoria histórica forman un todo. El riesgo, por el contrario, es reducir el monasterio de Santa Catalina a un simple destino turístico o sitio arqueológico, olvidando que desde hace quince siglos es, ante todo, una casa de oración.
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