Beijing (AsiaNews) - La selección nacional no logró clasificarse para la competición y los equipos asiáticos defraudaron las expectativas, pero los chinos —desde las empresas hasta los aficionados al fútbol— están siguiendo con atención la Copa del Mundo que se disputa en Estados Unidos. Si, por un lado, numerosas empresas del dragón ya han ganado su propio “mundial de los negocios”, entre los ciudadanos ha estallado en los últimos días una auténtica "Haalandmanía" : el delantero de la selección noruega y del Manchester City se ha convertido en una obsesión entre los internautas, que inundan la red de memes y videos que exageran sus gestos en el campo y magnificando sus hazañas, y muchos también lo alentarán en el partido de cuartos de final contra Inglaterra.
Un hombre que devora trenes en marcha; un gigante con una fuerza descomunal; un delantero robot con una ocasional sonrisa humana. Estas son algunas de las versiones que ya se han vuelto virales en las redes sociales chinas del noruego de 26 años Erling Haaland. Autor de los 16 goles que llevaron a Noruega a clasificarse para el Mundial de Estados Unidos —su primera participación desde 1998—, el delantero de la Premier League se ha convertido en una auténtica obsesión para los internautas chinos. Los usuarios transforman cada uno de sus goles, cada expresión facial exagerada o sus bromas fuera del terreno de juego en un flujo ininterrumpido de contenidos virales.
Mientras se disputa el torneo —esta noche Noruega se enfrenta a Inglaterra por un lugar en las semifinales—, los hashtags sobre Haaland han superado los 490 millones de visualizaciones en la plataforma de microblogging Weibo. A comienzos de este mes, el futbolista abrió una cuenta oficial tanto en esa red como en Douyin —la versión china de TikTok—, donde sumó 194 mil seguidores en apenas unos días. Con casi dos metros de altura y un físico imponente, Haaland suele ser retratado en línea como un “delantero robot” o un “cyborg nórdico”, cuya extraordinaria potencia física hace que parezca una máquina.
Entre los jóvenes internautas chinos se ha convertido en un símbolo de energía “abstracta”, un término utilizado para describir algo surrealista, desconcertante o difícil de explicar. Su popularidad atrajo luego el interés comercial en China, donde es embajador de la marca de infusiones Wanglaoji y representa al Norwegian Seafood Council para la promoción de las exportaciones noruegas de salmón y otros productos pesqueros. Como explica el Global Times, órgano oficial en inglés, sus recientes campañas para promocionar productos típicos noruegos han tenido un gran éxito entre los consumidores, al igual que su incorporación como imagen de Walovi by Wang Lao Ji, la marca internacional de infusiones chinas.
Ver a una estrella del fútbol —cuyo valor de mercado, según Transfermarkt, ronda los 200 millones de euros— hablando seriamente en mandarín y protagonizando un anuncio de una bebida china produjo un inmediato efecto cómico. La canción de la campaña, construida sobre un ritmo repetitivo de “ha-ha-ha”, juega al mismo tiempo con las primeras letras del apellido Haaland y del verbo chino "beber", creando un recurso fácil de recordar para el público. Muchos usuarios comentaron que la melodía se les quedó grabada en la cabeza, bromeando con que se habían sorprendido tarareándola mientras caminaban o comían.
De hecho, en el sector comercial y de los negocios, Beijing ya se ha asegurado el éxito en la Copa Mundial de la FIFA de este año, convirtiéndose en una presencia inconfundible. En los estadios de Estados Unidos, Canadá y México, las marcas chinas como Hisense, Lenovo y Mengniu tienen una clara visibilidad, y su influencia va mucho más allá del patrocinio. Las dos primeras instalaron fan zones en las sedes del torneo para atraer a los aficionados. Además, Lenovo, socio tecnológico oficial de la FIFA, dio un paso más al integrar sus sistemas en la infraestructura técnica del campeonato, y su plataforma Football AI Pro proporciona análisis avanzados de los partidos a las 48 selecciones participantes, situando la tecnología china en el corazón de cada encuentro.
Este contraste entre la ausencia en la cancha y su protagonismo fuera de ella refleja una realidad más amplia. A pesar de la ambición del presidente Xi Jinping de convertir a su país en una potencia futbolística, con el objetivo de alojar y ganar un mundial, la selección nacional no se clasifica desde hace más de 20 años. Las debilidades estructurales —interferencias políticas, corrupción, inestabilidad financiera y un insuficiente desarrollo del fútbol de base— siguen condicionando el rendimiento. Sin embargo, la influencia china en el mundo del fútbol se está expandiendo a través de vías alternativas, y esta edición del Mundial demuestra que puede proyectarse no solo mediante el éxito deportivo, sino también a través de la fuerza comercial, la integración tecnológica y la proyección cultural.
Un ejemplo paradigmático es el resultado de una encuesta del Lowy Institute 2026, según la cual los australianos más jóvenes, de entre 18 y 29 años, expresan opiniones más positivas sobre China que la población en general. Siete de cada diez ven al gigante asiático como un socio económico y son menos propensos a percibirlo como una amenaza para la seguridad. También muestran una confianza ligeramente mayor en que Beijing actúe de manera responsable en el escenario internacional, con un respaldo del 32% frente al 28% del total de los australianos. Aunque la percepción general sigue siendo cautelosa, la diferencia entre los más jóvenes es relevante y constituye un dato significativo.
La popularidad y la publicidad, por sí solas, no eliminan las preocupaciones relacionadas con la gobernanza, la seguridad o los valores. Los avisos comerciales pueden abrir puertas, pero no resuelven las tensiones de fondo. No obstante, la Copa del Mundo ofrece una lente útil para comprender esta evolución. La omnipresente presencia comercial y tecnológica de las empresas chinas refleja una estrategia capaz de adaptarse tanto al mercado como —hasta cierto punto— a los resultados deportivos. Al integrar sus marcas y sus tecnologías en experiencias compartidas a escala mundial, especialmente en aquellas de alcance planetario como el fútbol, las empresas chinas están logrando incorporarse a la vida cotidiana de una audiencia global. A través de patrocinios, infraestructuras tecnológicas y la interacción con los aficionados, las empresas —y, en un sentido más amplio, el propio país— construyen familiaridad, confianza y, potencialmente, una “conexión emocional”.

















