Milán (AsiaNews) - El jueves 24 de septiembre será beatificado en Estados Unidos Mons. Fulton Sheen (1895-1979), teólogo y predicador, que fue obispo auxiliar de Nueva York y luego arzobispo de Newark. En su país se lo recuerda sobre todo como una de las primeras voces católicas en la radio y la televisión, con su programa "Life is Worth Living", que llegaba a millones de personas. Pero Mons. Sheen fue también una figura de gran importancia para la animación misionera. Durante años fue director nacional de la Pontificia Obra de la Propagación de la Fe en Estados Unidos y posteriormente contribuyó a la elaboración del decreto Ad gentes, el documento del Concilio Vaticano II sobre la evangelización de los pueblos. Otra de sus grandes contribuciones fue la fundación y dirección de Worldmission, la revista misionera estadounidense. Y fue precisamente en este ámbito donde su ministerio se vinculó estrechamente con la vida y los sufrimientos de la Iglesia en China.
Había tenido la oportunidad de conocer personalmente a esas comunidades durante un viaje que realizó a China en la primavera de 1948, es decir, antes de la victoria de los comunistas de Mao. Los detalles de ese viaje y de todo lo que ocurrió después fueron reconstruidos hace diez años por el P. Robert Carbonneau, pasionista y estudioso de la Iglesia en China, en un ensayo titulado "El obispo Fulton J. Sheen y la imagen de China y del catolicismo chino en la revista Worldmission, 1950-1966", publicado en la revista U.S. Catholic Historian.
El 12 de abril de 1948, Sheen partió hacia China como integrante de una delegación de quince personas encabezada por el cardenal Francis Spellman, arzobispo de Nueva York. "Además de ofrecer a Sheen una visión de primera mano sobre la cultura y las ideas chinas —observa el P. Carbonneau—, el viaje le dio la oportunidad de aprovechar sus dotes de conferenciante y comunicador radiofónico, y de reunirse con algunos de los principales actores políticos y eclesiales que darían forma a la identidad católica china durante la década siguiente".
Sheen y la delegación de la que formaba parte tuvieron la oportunidad de cenar en Hong Kong con algunos líderes militares y civiles que participaban activamente en la oposición al comunismo chino. En Shanghái también pronunció una conferencia en la Universidad Católica Aurora y habló por radio sobre el tema de la religión. También acompañó a Mons. Walsh a "una de las casas más suntuosamente decoradas" de China, donde tomó el té con la esposa del generalísimo Chiang Kai-shek, presidente de la República de China. Sheen quedó impresionado por la piedad de ambos. En particular, recordó que ella le dijo: "Nunca habrá paz en China hasta que China se convierta al cristianismo". Después, Sheen pronunció otra conferencia en la Universidad Nacional de Nankín y se reunió con Chiang Kai-shek en presencia del ministro de Educación. También predicó en la catedral de Nankín y luego viajó a Beijing, donde se reunió con el cardenal Thomas Tien, de la Congregación del Verbo Divino.
En su autobiografía, Sheen cuenta también dos historias relacionadas con China que marcaron su fe personal. Aunque nunca conoció al obispo misionero en China Francis X. Ford, de la sociedad apostólica de Maryknoll, que murió en prisión en China en febrero de 1952, tuvo la oportunidad de conocer a la Hna. Joan Marie Ryan, quien había sido su secretaria. Ella le contó que Ford se había mantenido firme en su fe durante la persecución comunista, y esto conmovió profundamente a Sheen. También le gustaba recordar la historia de una joven china —"la pequeña Li"— de quien había oído hablar a los católicos chinos y que se convirtió en una fuente de inspiración en su devoción a la Eucaristía. En su aldea, mientras los comunistas arrestaban a un sacerdote chino, habían arrojado al suelo de la iglesia 32 hostias consagradas en señal de desprecio. La joven las vio y decidió seguir visitando aquella iglesia todos los días para consumir una hostia consagrada. Continuó haciéndolo durante varios días, hasta que un guardia comunista se dio cuenta y su testimonio la condujo a la muerte.
En su ensayo, el P. Carbonneau reconstruye el papel fundamental que desempeñó Worldmission bajo la dirección de Fulton Sheen al relatar a los estadounidenses la persecución comunista contra la Iglesia en China. En particular, un editorial de 1953, titulado "Mártires mojados y mártires secos", convirtió a la revista en un punto de referencia del anticomunismo. "La persecución romana —escribía en aquel editorial— era principalmente física; las persecuciones comunistas son principalmente psicológicas. La primera ataca el cuerpo, la segunda ataca la mente. Los romanos hacían 'mártires mojados'; los comunistas hacen 'mártires secos'". La comparación mostraba claramente que el encarcelamiento prolongado puede ser una forma de martirio tan real como el derramamiento de sangre.
Sin embargo, limitar la mirada de Fulton Sheen sobre China a la mera condena del régimen comunista omitiría aspectos esenciales de su visión. Como observa acertadamente el P. Carbonneau, el relato de Worldmission sobre lo que ocurría en Beijing siempre estuvo guiado por una mirada de fe, más que por un enfoque político. "A Worldmission —escribe el historiador pasionista— se le debe reconocer el mérito de haber publicado en 1951 la escalofriante lista de Gregory Grady de los sacerdotes chinos y misioneros extranjeros asesinados y encarcelados, así como el claro llamamiento de Thomas Berry en 1956 para que el estudio de la cultura china fuera tan importante como la oración por los católicos chinos".
"Sheen no alimentó la llama del 'Red Scare' [el miedo rojo, o al comunismo, ndr.] —concluye el P. Carbonneau—. Más bien, permitió que el contenido de la revista diera credibilidad y respeto tanto a los misioneros extranjeros como a los católicos chinos que vivieron juntos el sufrimiento y la persecución. Aunque la histórica y sólida presencia misionera en China estaba llegando a su fin, Sheen presentó a los católicos chinos en pie de igualdad con todas las Iglesias locales autóctonas que estaban surgiendo en aquel momento. Profundizar en este análisis sobre China permitiría a los estudiosos comprender mejor cómo presentaron Sheen y la revista Worldmission la imagen de la Iglesia universal durante los años de la Guerra Fría".
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