Milán (AsiaNews) - Cuando se habla de la guerra por las materias primas entre China y Occidente, la atención suele centrarse en las tierras raras, un grupo de diecisiete elementos indispensables para fabricar los imanes que se utilizan en los motores eléctricos, los misiles y las turbinas, que Beijing ha utilizado en los últimos años como instrumento de presión sobre Washington. Sin embargo, las tierras raras son solo una parte de la familia mucho más amplia de los metales críticos, es decir, materias primas difíciles de reemplazar en la industria y el sector militar, cuyo suministro está expuesto a riesgos geopolíticos. En esta categoría entran el cobalto, el galio, el germanio, el antimonio y el tungsteno, materiales sobre los que, en la mayoría de los casos, China ejerce un dominio aún más sólido que en el sector de las tierras raras. Pero existe una diferencia fundamental: en el caso de las tierras raras, la fortaleza de China radica principalmente en su capacidad para refinarlas y procesarlas, una ventaja que, al menos en teoría, otros países podrían alcanzar con el tiempo. En cambio, en el caso de algunos metales críticos, el recurso del que dispone Beijing consiste principalmente en la abundancia de sus reservas naturales, una ventaja mucho más difícil de erosionar.
El tungsteno es el metal que mejor ilustra esta segunda dinámica. Por su elevada densidad y resistencia al calor, se utiliza en las puntas de taladro y las herramientas de corte indispensables para casi todos los procesos industriales, así como en las municiones perforantes y blindajes de los submarinos nucleares. Su importancia estratégica ha aumentado con los conflictos de los últimos años, ya que se utiliza para fabricar proyectiles y sistemas de defensa antimisiles. China produce más del 80% del tungsteno mundial y posee gran parte de las reservas conocidas, concentradas sobre todo en la provincia de Jiangxi, alrededor de la ciudad de Ganzhou, que se considera la capital mundial del tungsteno. En febrero de 2025, en respuesta a los aranceles estadounidenses, Beijing introdujo controles a la exportación de tungsteno y de otros metales. Desde entonces, el precio del tungsteno se ha duplicado. Hay que tener en cuenta que abrir una nueva mina requiere, por lo general, más de diez años, desde que se descubre el yacimiento hasta que comienza la producción a gran escala, e implica cuantiosas inversiones en zonas montañosas y remotas. Por lo tanto, la dependencia de China difícilmente podrá reducirse a corto plazo.
La estrategia de la acumulación
Beijing ha acompañado la restricción de las exportaciones con una política de acumulación. En los primeros cinco meses de este año, las importaciones chinas de los veintidós metales sometidos a restricciones aumentaron un 60% respecto del mismo período del año anterior, y en marzo alcanzaron el nivel mensual más alto de los últimos siete años. China ha incrementado también las compras de minerales en bruto que todavía no están sometidos a controles, importando tungsteno y molibdeno de países con los que mantiene estrechas relaciones diplomáticas, como Myanmar, Uzbekistán y Kazajistán. Toru Okabe, un profesor de la Universidad de Tokio citado por Nikkei Asia, definió esta combinación de restricciones a las exportaciones e incremento de las compras como una herramienta para ejercer presión sobre Occidente y, al mismo tiempo, una moneda de cambio en las relaciones diplomáticas.
El caso más relevante es el de Corea del Norte. Entre enero y mayo, China importó 87,5 millones de dólares en tungsteno de Pyongyang, diez veces más que en el mismo período del año anterior. El tungsteno se ha convertido así en el principal producto, en términos de valor, de las importaciones chinas procedentes del país vecino. Este comercio es posible gracias a una laguna en el régimen de sanciones. En 2017, el Consejo de Seguridad de la ONU prohibió a Corea del Norte exportar carbón y hierro, con el objetivo de restar recursos a su programa nuclear y de misiles, pero el tungsteno no se incluyó en el embargo y se ha convertido en una valiosa fuente de divisas para el régimen.
Fuera de China, el tungsteno es escaso y los compradores chinos lo buscan en todas partes. Según el Financial Times, desde principios de 2025 los operadores chinos recorren los depósitos de chatarra en Estados Unidos en busca de puntas de taladro y herramientas industriales descartadas para recuperar el metal, y ofrecen hasta cinco veces el precio habitual, alimentando una competencia al alza con los compradores estadounidenses. Desde mayo de 2025, el precio del tungsteno en Estados Unidos ha aumentado más de un 200% y el de la chatarra, un 350%. El propietario de una empresa de reciclaje contó al periódico que los compradores chinos le piden que entregue la mercancía a intermediarios de los que no conoce ni el nombre ni la dirección, en el estacionamiento de un centro comercial, para que luego sea enviada a China. Una parte de esa chatarra se procesa en terceros países, desde el Sudeste Asiático hasta Corea del Sur, antes de ingresar en territorio chino. Otro reciclador calificó este comercio como "una guerra secreta de la que nadie habla". En Estados Unidos no existen prohibiciones para la venta de tungsteno destinado a la exportación, y algunos operadores están pidiendo a Washington que las introduzca, mientras el gobierno estadounidense ha manifestado su disposición a destinar hasta 1.600 millones de dólares para desarrollar una futura mina de tungsteno en Kazajistán.
Un Occidente descoordinado
Mientras China acumula recursos metódicamente, Occidente lucha por construir una alternativa y está dividido en su interior. En Estados Unidos, después de que Beijing cortara el suministro de imanes de tierras raras el año pasado, obligando a detener algunas líneas de producción automotriz, el gobierno y los inversores privados inyectaron miles de millones de dólares en las pocas empresas que seguían operando en el sector. Pero dos de las mayores, MP Materials y USA Rare Earth, se encuentran actualmente enfrentadas en una dura disputa judicial. La primera acusa a la segunda de haberle arrebatado al menos ocho técnicos para apropiarse de una tecnología desarrollada durante años de trabajo, que permite a los imanes resistir las altas temperaturas y que no fue patentada precisamente para mantenerla en secreto. USA Rare Earth niega haber robado secretos industriales y sostiene que la demanda tiene el único propósito de obstaculizar su crecimiento. Esta disputa ejemplifica cómo los esfuerzos occidentales por reducir la dependencia de China corren el riesgo de verse frustrados por la rivalidad entre empresas competidoras.
El frente más expuesto es el japonés. Tras las declaraciones de la primera ministra Sanae Takaichi sobre una posible emergencia militar relacionada con Taiwán, a comienzos de este año el Ministerio de Comercio chino endureció los controles sobre los bienes de doble uso destinados a Japón, y muchas empresas del país ya no pueden abastecerse de tungsteno de alta pureza en China. Desde abril de 2025, el precio del metal se ha multiplicado casi por seis en Tokio. El tungsteno es indispensable para fabricar las puntas que se utilizan para perforar las placas de circuitos impresos, que se han vuelto cada vez más gruesas con la difusión de los procesadores para la inteligencia artificial, así como para producir algunos de los gases empleados en la fabricación de los semiconductores más avanzados. Las plantas japonesas consumen al menos cien toneladas al mes, que tradicionalmente adquirían a proveedores chinos.
El panorama general va mucho más allá de la actual disputa comercial. Después de la cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping en octubre del año pasado, Beijing suspendió durante un año algunas restricciones sobre las tierras raras, pero mantuvo vigentes los controles sobre el tungsteno. En otras palabras, ha guardado su arma en la funda, pero sin renunciar a tenerla al alcance de la mano. Queda por ver si los países que dependen de estos suministros serán capaces de coordinar iniciativas que hasta ahora han desarrollado por separado, mientras China continúa acumulando reservas y buscando nuevos yacimientos en todo el mundo.

















