Badakhshan, el desafío a los talibanes y las minas de oro

Por primera vez desde que los talibanes retomaron el poder en 2021, un grupo armado ocupó —aunque solo durante unas pocas horas— la sede de una administración distrital. Pero el ataque también está relacionado con el control de valiosos recursos mineros, las tensiones internas entre los propios talibanes y el creciente descontento en el noreste de Afganistán.

Kabul (AsiaNews) - Un grupo de hombres armados sustituyó la bandera de los talibanes por la suya durante un par de horas el viernes 17 de julio, en el distrito de Yaftal-e Sofla, en la provincia nororiental de Badakhshan. La acción fue reivindicada por un grupo opositor autodenominado Frente de los Soldados de la Patria (Sepahiyan-e Mihan, en darí). Es la primera vez, desde el regreso al poder de los talibanes en 2021, que una administración distrital que una administración distrital cae, aunque sea temporalmente, en manos de fuerzas opositoras.

Según lo declarado por el propio grupo, el ataque no se limitó a Yaftal-e Sofla, sino que también se llevó a cabo de manera coordinada en otros dos distritos de la provincia, Kishm y Yawan-Ragh, alrededor de las dos de la madrugada. En Yaftal, decenas de combatientes desarmaron a la policía local, se apoderaron de vehículos y equipo militar e izaron su bandera en el edificio de la administración, antes de retirarse cuando llegaban refuerzos. Ehsanullah Kamgar, portavoz de la policía talibana de Badakhshan, explicó que el ataque se produjo mientras los funcionarios locales estaban de licencia por el fin de semana. Esta admisión pone en evidencia la fragilidad del aparato de seguridad en las zonas periféricas, que todavía depende de la presencia de comandantes individuales más que de una estructura institucional sólida.

Las autoridades informaron que al menos siete personas fueron arrestadas tras el incidente, pero fuentes locales sostienen que los talibanes realizaron registros casa por casa que incluyeron a civiles ajenos a los hechos e incluso a otros miembros del movimiento talibán. El jefe de Estado Mayor del ejército talibán, Fasihuddin Fitrat, se trasladó personalmente al lugar en los días siguientes y restó importancia al episodio, calificándolo como un intento aislado de obtener visibilidad mediática llevado a cabo por "agitadores" que carecen de una verdadera capacidad militar. Por su parte, Fawzia Koofi, exdiputada del gobierno afgano anterior, denunció en las redes sociales la detención de menores y advirtió que la represión solo contribuirá a fortalecer la resistencia popular.

Un descontento cada vez más generalizado

Varios observadores interpretan lo ocurrido desde una perspectiva más amplia. La provincia de Badakhshan limita con China, Tayikistán y Pakistán, y ya en la década de 1990 había permanecido fuera del control del primer régimen talibán, junto con Panjshir. Hoy podría convertirse nuevamente en uno de los principales focos de inestabilidad del país. Por el momento hay poca información disponible sobre el Frente de los Soldados de la Patria. Según algunas fuentes, el grupo reúne entre 1.300 y 1.400 combatientes, en su mayoría exmiembros de las fuerzas de seguridad del anterior gobierno afgano, bajo el mando de Qayum Malang, excomandante de las fuerzas especiales. Otros medios locales afirman que se trata de una agrupación heterogénea compuesta por activistas, exmilitares y residentes locales cansados del control talibán.

La situación recuerda a lo ocurrido en Herat el mes pasado, cuando la policía moral del Ministerio para la Propagación de la Virtud detuvo a varias mujeres acusadas de incumplir el código de vestimenta impuesto por los talibanes. Cuando los vecinos del barrio de Jebrail salieron a las calles para protestar contra los arrestos, las fuerzas talibanas respondieron abriendo fuego contra la población. Las Naciones Unidas confirmaron la muerte de un niño de once años, mientras que otras fuentes locales hablan de al menos dos adolescentes muertos y más de veinte heridos. Pocos días después, los talibanes desplegaron vehículos blindados en la ciudad para sofocar una segunda manifestación frente a las oficinas del gobernador. A pesar de la dura represión, la tensión sigue siendo elevada, sobre todo en los barrios de mayoría hazara, una comunidad discriminada y perseguida desde hace tiempo por los talibanes, al igual que otras minorías no pastunes del país.

Las minas de oro de Badakhshan en la mira de China

En el caso de la provincia de Badakhshan, sin embargo, al descontento general se suman las tensiones internas entre los talibanes. El 22 de junio, Juma Khan Fateh, comandante talibán de etnia tayika, fue destituido de su cargo por decreto del líder supremo Haibatullah Akhundzada, tras meses de desavenencias con la dirigencia central sobre el control de los recursos mineros.

Badakhshan se asienta sobre uno de los yacimientos de oro más ricos de Afganistán. Sin embargo, en los últimos años los talibanes han confiado gran parte de la extracción a empresas extranjeras, sobre todo chinas y algunas turcas. En el distrito de Shahr-e-Buzurg, a unos cincuenta kilómetros de la ciudad de Faizabad, la actividad artesanal que durante años permitió a los habitantes extraer oro del lecho de los ríos con herramientas rudimentarias ha sido absorbida progresivamente por concesiones administradas por funcionarios talibanes junto con socios chinos. Amplias zonas han sido cercadas y permanecen vigiladas por hombres armados, mientras que la población local ya no puede acceder a los recursos que antes garantizaban su sustento. El 15 de julio, la policía del distrito de Shakai intimó a los mineros locales a retirar sus equipos de la zona minera de Qitqati en un plazo de una semana. Esta medida, según los residentes, amenaza con dejar a familias enteras sin su única fuente de ingresos.

El fenómeno afecta también a la zona de Yaftal, donde se produjo el ataque armado, ya que la extracción de oro se concentra asimismo en los distritos colindantes de Raghistan, Kuran y Minjan. Los talibanes se quedan con al menos una cuarta parte de los ingresos, pero el gobierno de Kabul nunca ha hecho públicos los contratos firmados con las empresas extranjeras ni las cifras reales de los beneficios derivados de la explotación minera, lo que alimenta en la población la percepción de que los recursos de la provincia están siendo explotados sin ningún beneficio para quienes viven allí.

La presión de las continuas repatriaciones

A este complejo panorama económico y socioambiental se suma la presión migratoria en las zonas fronterizas. El portavoz adjunto talibán, Hamdullah Fitrat, informó que este fin de semana regresaron a Afganistán 4.415 personas en un solo día a través de los pasos fronterizos. De estas, más de 3.800 pasaron por el cruce de Torkham, en la frontera con Pakistán. Estas cifras se suman a un flujo que se ha ido intensificando en los últimos años debido a las continuas tensiones con Islamabad, que solo en 2025 expulsó a un millón de afganos, según la Organización Internacional para las Migraciones. Los que regresan suelen asentarse en campamentos informales situados en las zonas donde el control talibán sigue siendo precario y se enfrentan a una situación económica desastrosa, marcada por la pobreza y el bloqueo de la ayuda internacional. Todos estos factores contribuyen a agravar las tensiones sociales que ahora se manifiestan en episodios como los ocurridos en Badakhshan y Herat.


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