Rangún (AsiaNews) - El Ta’ang National Liberation Army (TNLA) se ha convertido en el primer grupo étnico rebelde que participa en las conversaciones de paz promovidas por el régimen militar birmano. Esto marca un importante punto de inflexión en la evolución de la guerra civil, tras años de enfrentamientos en las zonas del norte del Estado de Shan, en la frontera con China, país que ejerce una considerable presión entre bastidores.
La delegación del TNLA, encabezada por el vicepresidente Tar Jote Jar, se reunió el 19 de julio en el Shwe San Eain Hotel de Naipyidó con el Comité de Negociación para la Solidaridad Nacional y la Paz (NSPNC) del régimen, presidido por el teniente general Yar Pyae. Según fuentes birmanas, fue el primer encuentro oficial entre el TNLA y Naipyidó desde el golpe de Estado de 2021.
Al término de las conversaciones, según informaron los medios de la junta militar, ambas partes firmaron un acuerdo en el que reiteran su compromiso de aplicar el alto el fuego pactado en las últimas conversaciones mediadas por China y de cooperar conforme al plan de paz propuesto por el presidente de la junta, el general Min Aung Hlaing, para poner fin a los enfrentamientos.
Un Estado Ta’ang autónomo
Según informó el medio independiente Democratic Voice of Burma (DVB), el TNLA ha pedido el reconocimiento de los territorios bajo su control como un Estado autónomo, aunque aseguró que dicha entidad seguiría formando parte de la Unión de Myanmar y no tendría aspiraciones secesionistas. El grupo no ha hecho públicos los límites geográficos precisos de su propuesta, pero el régimen ha replicado que ya existe una Zona Autoadministrada Palaung y que solo el Parlamento tiene la facultad de conceder el rango de Estado de pleno derecho.
En Myanmar los estados constituyen la unidad administrativa más grande e importante y fueron creados para las grandes minorías étnicas, mientras que las regiones corresponden a los territorios de mayoría bamar, el grupo étnico mayoritario del país. La Constitución de 2008 también contempla la existencia de algunas Zonas Autoadministradas, que conceden formas limitadas de autogobierno a algunas minorías étnicas, y estas luchan por una mayor autonomía de sus territorios desde la independencia de Myanmar en 1948. Actualmente los ta’ang (o palaung) tienen una Zona Autoadministrada integrada por dos municipios (townships) en el norte del Estado de Shan, pero ahora piden la creación de un Estado propiamente dicho.
Los objetivos del TNLA
El TNLA formaba parte de la Three Brotherhood Alliance (Alianza de las Tres Hermandades), integrada por tres grupos étnicos armados que en octubre de 2023 lanzaron la Operación 1027 y conquistaron decenas de ciudades en el norte del Estado de Shan y en la región de Mandalay. Sin embargo, bajo la presión de Beijing, el grupo se vio obligado a devolver posteriormente a los militares las ciudades de Nawnghkio, Kyaukme, Hsipaw, Mogoke y Mongmit, mientras que una sexta ciudad conquistada en 2023, Kutkai, volvió a quedar bajo el control del MNDAA (Myanmar National Democratic Alliance Army), una milicia compuesta principalmente por miembros de la etnia kokang, que había sido aliada y hoy está enemistada con el TNLA. En abril, el TNLA fue el primer miembro de la Alianza que felicitó públicamente a Min Aung Hlaing por su nombramiento como presidente (como resultado de unas elecciones que la comunidad internacional considera ilegítimas), una decisión que suscitó críticas incluso dentro de la propia comunidad ta’ang.
Un analista político consultado por la BBC Burmese, considera que el TNLA busca consolidar el control sobre los territorios bajo su dominio tras los retrocesos que sufrió en el último año. Los intereses económicos asociados a los recursos mineros también podrían haber contribuido a la apertura al diálogo del TNLA con Naypyidaw. Según un análisis del Stimson Center, tras la pérdida de Mogoke —uno de los principales centros de extracción de rubíes, que el grupo se vio obligado a devolver a los militares en octubre del año pasado—, el TNLA quedó debilitado militar, financiera y políticamente. Por lo tanto, no debería sorprender que en ese mismo periodo comenzaran a aparecer en el municipio de Mantong las primeras infraestructuras para la extracción de tierras raras pesadas. Los analistas han identificado al menos 12 nuevas minas, conectadas con la frontera china mediante una red de carreteras claramente visibles en las imágenes satelitales. Las primeras balsas de decantación se documentaron en diciembre de 2025, aunque el grupo nunca ha confirmado oficialmente la existencia de actividad extractiva.
Además de empresas chinas, en estas áreas también parecen estar involucrados el MNDAA y el United Wa State Army (UWSA). Las nuevas minas se encuentran dentro de la Zona Autoadministrada de Palaung, que los militares ya reconocen de facto como territorio del TNLA. Sin embargo, el régimen —también bajo la presión china, según diversas reconstrucciones— habría exigido al grupo que cediera todos los territorios conquistados desde 2023, a excepción de los dos municipios que conforman dicha Zona. Es posible que el TNLA haya optado por reunirse con Naypyidaw para intentar asegurar por la vía política la conservación de los territorios conquistados —y de los ingresos económicos que estos generan— ante el riesgo de verse obligado a entregarlos al ejército por imposición de Beijing.
La longa manus de Beijing
La decisión del TNLA ha provocado críticas entre sus aliados, entre los que figuran no solo otros grupos étnicos armados —como el propio MNDAA—, sino también las Fuerzas de Defensa del Pueblo (People's Defence Forces, PDF), grupos armados que surgieron tras el golpe de Estado de 2021 y (al menos inicialmente) leales al Gobierno de Unidad Nacional en el exilio.
Una fuente con conocimiento del proceso de paz declaró a BBC Burmese que el líder del TNLA, Tar Jote Jar, reside habitualmente en Panghsang, ubicada en los territorios controlados por el United Wa State Army (UWSA) en la frontera con China, y que la delegación podría haber llegado a Naipyidó directamente desde allí. Este detalle refuerza la hipótesis de una implicación directa de China en la apertura del diálogo. De hecho, el UWSA es utilizado por Beijing como enlace con los grupos armados que operan en las zonas fronterizas. China no solo ha presionado al TNLA y al MNDAA para que firmen acuerdos de alto el fuego con la junta militar —a la que suministra equipamiento militar— sino que también ha obligado al UWSA a limitar la venta de armas a los grupos de la resistencia, con el consiguiente aumento de los precios en el mercado negro.
Según The Irrawaddy, Beijing también ha ejercido presión sobre otros grupos étnicos armados en los Estados de Shan y Kachin para que participen en la iniciativa de paz propuesta por Min Aung Hlaing, que tendría como fecha límite el 31 de julio. Durante una reunión en Kunming el mes pasado, funcionarios chinos también habrían instado al Kachin Independence Army (KIA) a entablar conversaciones directas con el ejército. Presiones similares también se habrían ejercido sobre el Arakan Army y el Shan State Army.
Una resistencia cada vez más fragmentada
El encuentro entre el TNLA y el NSPNC forma parte, por lo tanto, de una tendencia más amplia: avanzar hacia una rendición basada en acuerdos separados y a la medida de cada grupo armado, en lugar de impulsar un proceso político de alcance nacional. La junta siempre ha utilizado los altos el fuego como una herramienta para gestionar los enfrentamientos —limitando el número de frentes abiertos— más que para resolver el conflicto. Pero si en las décadas de 1980 y 1990 estos acuerdos garantizaban autonomía y concesiones económicas a los grupos armados, mientras el ejército mantenía un firme control sobre las regiones centrales del país, hoy el escenario se ha invertido: el ejército está más debilitado y esto reduce el margen para alcanzar acuerdos mutuamente ventajosos. Además, cada pacto depende del contexto específico en el que se negocia.
Los acuerdos siguen siendo inestables, responden a necesidades tácticas y no constituyen la base de una solución política duradera. Además, la junta ha adoptado hasta ahora estrategias diferentes según el interlocutor: mantiene contactos informales con el Arakan Army (el tercer grupo que integraba la Three Brotherhood Alliance) sobre un posible alto el fuego en el Estado de Rakáin; muestra una actitud más cautelosa hacia las organizaciones kachin, que controlan zonas ricas en tierras raras, que también son estratégicas para la industria china; ha intentado alcanzar acuerdos informales con algunas brigadas de la Karen National Union, aunque no con la organización en su conjunto; y, al mismo tiempo, intensifica la presión militar sobre las fuerzas de la etnia karenni.
El resultado es un Myanmar cada vez más fragmentada en enclaves administrados de facto por diferentes actores —el régimen, los grupos étnicos armados y las PDF, que continúan combatiendo— en vez de avanzar hacia una solución política compartida. Solo unos pocos grupos armados de importancia, como el TNLA, y tal vez pronto el MNDAA, participan en un proceso de paz formal. Y las concesiones políticas que en su día sustentaban las iniciativas para resolver el conflicto —una mayor autonomía y el reconocimiento de derechos para las minorías étnicas— ya no forman parte de las negociaciones. En su lugar, el elemento decisivo ha pasado a ser el control de los recursos mineros, destinados principalmente al mercado chino.


















