Tokio (AsiaNews) - El aumento del costo de vida está creando serias dificultades a muchas familias de bajos ingresos en Japón, que se ven obligadas a reducir la cantidad de alimentos que les dan a sus hijos y a limitar el uso del aire acondicionado precisamente durante los meses más calurosos. Así se desprende de una encuesta realizada por la organización sin fines de lucro Kidsdoor, que presta ayuda a familias en situación de vulnerabilidad económica.
El estudio, que se realizó entre el 1 y el 8 de junio a 1.449 familias inscritas en los programas de ayuda de la organización, muestra un panorama especialmente preocupante. Más del 90% de los entrevistados pertenece a familias monoparentales, uno de los sectores más expuestos al aumento de los precios.
Entre las familias con hijos que asisten a la escuela primaria o secundaria, el 64% anticipa que deberá reducir las porciones de comida durante el verano, cuando se interrumpe el servicio de comedor escolar. El 61% cree que aumentarán los días en los que no será posible comprar alimentos como carne o pescado, mientras que el 44% teme que sus hijos no puedan hacer tres comidas al día con regularidad.
La inseguridad alimentaria, sin embargo, ya era una realidad antes del comienzo de las vacaciones escolares. El 57% de los padres declaró que, debido a las dificultades económicas, sus hijos ya habían tenido días en los que no habían podido comer lo suficiente. En casi una de cada cinco familias esta situación se repite casi a diario.
Las peores condiciones se registran en los hogares con un ingreso anual inferior a un millón de yenes (unos 5.300 euros). En este grupo, el 31% afirma que sus hijos no pueden alimentarse adecuadamente casi todos los días y más del 30% señala que sus hijos están más delgados o son más bajos que sus compañeros de la misma edad.
Las consecuencias no se limitan al crecimiento físico. Los padres refieren problemas de salud como irritabilidad, cansancio, enfermedades frecuentes, anemia y un deterioro general del estado físico. Para reducir los gastos, muchas familias renuncian también al uso del aire acondicionado en sus hogares, a pesar de las elevadas temperaturas del verano. El 38% de los encuestados ha decidido limitar considerablemente su uso incluso cuando sería necesario, mientras que el 6% declara que solo lo utiliza en casos excepcionales.
La presión económica también repercute en el bienestar psicológico de los padres: el 44% afirma sentirse a menudo profundamente deprimido al pensar en las vacaciones de verano y alrededor de la mitad no tiene a nadie con quien compartir sus preocupaciones. Por eso, Kidsdoor pide al Gobierno que implemente medidas específicas, entre ellas ayudas económicas, apoyo alimentario y acceso a espacios públicos climatizados durante el período en que las escuelas permanecen cerradas.


















