Milán (AsiaNews) - En los últimos días, poco después de la visita de Xi Jinping a Pyongyang a finales de junio, la dirección del Partido de los Trabajadores de Corea del Norte envió al gobierno una nueva directiva sobre China. El Partido pide a los funcionarios responsables de las relaciones económicas con el exterior que actúen con mayor flexibilidad para alentar a los inversores chinos a comprometer más fondos y de esa manera contribuyan a abastecer de divisas las arcas del Estado. Sin embargo, el documento ordena al mismo tiempo reprimir la circulación de películas y series de televisión chinas no autorizadas y sancionar a cualquiera que afirme que, tras la visita de Xi, ya no será castigado por verlas. Esta contradicción refleja la verdadera naturaleza de la relación entre ambos países, caracterizada por una fuerte cercanía en el plano oficial, pero marcada por una persistente desconfianza.
La estrecha proximidad en el plano oficial se aprecia claramente en la sucesión de encuentros de las últimas semanas. El 11 de julio se celebró el sexagésimo quinto aniversario del Tratado de Amistad, Cooperación y Asistencia Mutua, una conmemoración que apenas cinco años atrás había pasado casi desapercibida. Del 10 al 12 de julio, el primer ministro norcoreano Pak Thae Song encabezó una delegación en Beijing, donde fue recibido por Xi Jinping. Solo tres días después de su regreso, Wang Huning, número cuatro de la jerarquía china y principal ideólogo del Partido Comunista, viajó a Pyongyang para reunirse con Kim Jong Un. En esas mismas horas, la ministra de Asuntos Exteriores norcoreana partía hacia Moscú.
Las relaciones económicas también son intensas y avanzan en paralelo con la diplomacia. En el primer semestre del año, el intercambio comercial entre ambos países alcanzó su nivel más alto desde 2017, es decir, desde antes de que las sanciones de las Naciones Unidas empezaran a hacerse sentir. En comparación con el mismo período del año pasado, el intercambio comercial aumentó casi un 20 %, mientras que las exportaciones norcoreanas a China crecieron más del 50%. Cada día entran en Sinuiju, ciudad norcoreana situada en la frontera con China, decenas de camiones cargados con materiales de construcción, equipos médicos y productos electrónicos. Desde mediados de junio, cientos de inversores chinos han visitado las principales empresas mineras del norte, atraídos sobre todo por el tungsteno y el hierro, y mantienen negociaciones centradas en un mecanismo que prevé el suministro de tecnología e instalaciones chinas a cambio de minerales en bruto, con el fin de eludir las sanciones.
Las palabras no dichas
Bajo la superficie, sin embargo, la comunicación oficial norcoreana deja entrever una mayor cautela. En la carta que envió a Xi con motivo del aniversario, Kim Jong Un habló de una amistad nacida de una "lucha sangrienta por la independencia contra el imperialismo", pero evitó recurrir a la fórmula habitual de la "amistad forjada con sangre", que sí había utilizado en 2021. Durante las celebraciones, según los informes de los medios estatales, ningún dirigente norcoreano empleó esa expresión, mientras que la parte china la utilizó en varias ocasiones, comenzando por el propio Xi.
También resulta elocuente la jerarquía de las noticias en los medios oficiales norcoreanos. El día del aniversario, el Rodong Sinmun, el diario del Partido y la voz más autorizada del régimen, dedicó su portada a la reunión conjunta del Partido, el Gobierno y el Ejército sobre los casos de corrupción en las fuerzas armadas, convocada el día anterior, mientras que las celebraciones del aniversario y el encuentro entre Pak y Xi quedaron relegados a la segunda y tercera página. Para el régimen, restablecer la disciplina en el ejército, evidentemente, tiene prioridad sobre las relaciones con su aliado.
Pero el detalle más revelador es la diferencia entre las versiones que ambas partes difundieron sobre los encuentros. Según el comunicado de Beijing, Pak aseguró el firme respaldo de Corea del Norte a China en la defensa de sus intereses vitales, incluida Taiwán, y prometió intensificar los intercambios económicos y culturales. En la versión norcoreana, estos pasajes no aparecen y han sido reemplazados por fórmulas genéricas sobre el fortalecimiento de la amistad mutua. En abril, Kim se había comprometido a respaldar todas las políticas adoptadas por China para defender su integridad territorial, sobre la base del principio de "una sola China", y en junio reiteró esa misma postura ante Xi. Este mes, sin embargo, desapareció esa referencia explícita, precisamente cuando las relaciones diplomáticas parecían haber alcanzado su punto más alto. Asimismo, la carta enviada el 1 de julio con motivo del ciento cinco aniversario de la fundación del Partido Comunista Chino tuvo un tono más frío que la de 2021.
El motivo de esta cautela debe buscarse en la cuestión de las armas nucleares. En vísperas del anuncio del viaje de Pak, el Instituto Norcoreano para el Estudio de los Países Enemigos publicó un comentario contra la cooperación militar entre Japón y Corea del Sur, en el que sostenía que solo el desarrollo continuo de las fuerzas nucleares norcoreanas y el pleno ejercicio de su condición de potencia atómica pueden garantizar la paz en la península y en la región. Se trata de una formulación significativa, porque presenta el arsenal nuclear norcoreano como un instrumento de estabilidad regional, retomando el lenguaje utilizado tanto por Kim como por Xi en la cumbre de junio. Al día siguiente, Kim convocó la primera reunión ampliada de la Comisión Militar Central anunciada públicamente en más de un año, durante la cual se confirmó la decisión de incrementar el arsenal, tanto en número de ojivas como en capacidades.
Kim también ha enviado señales sobre la cuestión nuclear en otras ocasiones antes de sus encuentros con Beijing. En septiembre de 2025, en la víspera de un viaje a la capital china, había visitado un instituto que trabaja en el desarrollo de un motor de combustible sólido para los misiles intercontinentales de nueva generación. En los días previos a la visita de Xi del mes pasado, Kim volvió a mostrarse en repetidas ocasiones en actividades relacionadas con el programa nuclear, mientras su hermana, Kim Yo Jong, desmentía que China hubiera acordado cooperar en la desnuclearización de Corea del Norte, como afirmaba Estados Unidos. Desde 2023, Beijing ha dejado de utilizar ese término en los documentos oficiales, pero al mismo tiempo se ha abstenido de desmentir a la Casa Blanca cuando esta afirmó que Trump y Xi habían reiterado el objetivo común de desnuclearizar Corea del Norte. Pyongyang comprendió entonces que sería imprudente bajar la guardia.
La lectura de Seúl
Estos mismos hechos son interpretados por Seúl en sentido opuesto. Un estudio elaborado por un instituto cercano al aparato de seguridad surcoreano sostiene que la alianza entre Corea del Norte y China está dejando de ser un pacto militar destinado a activarse únicamente en caso de guerra para convertirse en una cooperación permanente orientada a sostener el desarrollo y la estabilidad de ambos regímenes incluso en tiempos de paz. Según este análisis, además, la relación entre ambos países se está haciendo más equilibrada, porque las capacidades nucleares y misilísticas de Pyongyang han incrementado el valor estratégico de Corea del Norte a los ojos de Beijing. La alianza entre ambos países está adquiriendo así una dimensión que trasciende la península, con el riesgo de que una crisis en el estrecho de Taiwán y una crisis entre las dos Coreas terminen entrelazándose.
Estas dos lecturas diferentes en realidad no se excluyen mutuamente. La intensidad de los encuentros es real, al igual que los flujos de dinero entre ambos países. Sin embargo, la frecuencia de las visitas y el lenguaje protocolario que las acompaña corren el riesgo de hacer que la relación entre ambos países parezca más sólida de lo que realmente es y de relegar a un segundo plano la considerable cautela de Pyongyang.
La disparidad en la relación también resulta evidente en los testimonios de los ciudadanos. Según informa el Daily NK, en las ciudades norcoreanas situadas en la frontera circulan relatos de personas que quedaron atrapadas en China durante el cierre impuesto por la pandemia y han regresado recientemente. Sus experiencias contradicen la propaganda. "Si un cliente surcoreano entra en una tienda, los empleados se ponen inmediatamente de pie y lo saludan sonriendo. Pero si se dan cuenta de que es norcoreano, ni siquiera se molestan en levantarse", cuenta uno de ellos. Otro expresa su amargura: "Somos el mismo pueblo, pero a Corea del Sur la tratan como a un país rico y al nuestro como a un mendigo". El régimen de Pyongyang hace alarde de su importancia a nivel internacional e insiste en que incluso Estados Unidos le teme, pero quienes han cruzado la frontera regresan a casa convencidos de que, fuera de Corea del Norte, lo que cuenta, en ultima instancia, es la riqueza, independientemente de las pretensiones de poder del régimen.

















