Seúl (AsiaNews) - Del 3 al 6 de agosto tuvo lugar en Seúl (Corea del Sur) el Primer Coloquio Cristiano-Confuciano. Dos jornadas estuvieron dedicadas al diálogo entre religiosos y estudiosos de ambas tradiciones, y otras dos a la visita de importantes lugares religiosos de la capital coreana.
Como informó AsiaNews el domingo pasado, el Coloquio fue organizado por el Dicasterio para el Diálogo Interreligioso de la Santa Sede, en colaboración con la Conferencia Episcopal Católica de Corea, la Academia Confuciana Coreana y la Universidad de Sogang, donde se llevó a cabo el encuentro.
Yo también fui invitado a hacer un aporte, junto con otros referentes religiosos, estudiosos, delegados y participantes procedentes de una docena de países, principalmente de Asia. Éramos más de cien y compartimos momentos de amistad y de intercambio especialmente significativos y prometedores. De hecho, esta es la primera iniciativa oficial de diálogo entre el catolicismo y el confucianismo.
Me sorprendió que numerosos estudiosos y practicantes confucianos presentaran el confucianismo como una "religión". Eso no era en absoluto algo obvio, aunque, ciertamente, tampoco existe un consenso universal sobre el concepto de religión. En cualquier caso, la cuestión de si el confucianismo es o no una religión es objeto de un intenso debate, y los escritos sobre el tema llenarían muchos estantes. Muchos no lo consideran una religión, sino una filosofía ética, social o política.
En algunos países de Asia —como Corea del Sur, sede del encuentro, Indonesia, Malasia, Taiwán y Hong Kong— el confucianismo goza de reconocimiento público o nacional como religión. No ocurre lo mismo en China, donde no figura entre las cinco religiones oficiales. Sin embargo, las autoridades de Beijing promueven con gran eficacia y sin escatimar recursos el confucianismo como núcleo original del pensamiento nacional chino.
En el coloquio de Seúl, la dimensión religiosa del confucianismo se planteó a partir de su práctica ritual, la práctica confuciana del cultivo interior y el reconocimiento de un orden moral y social que trasciende los intereses individuales y familiares.
El encuentro de Seúl supone un verdadero punto de inflexión, porque el confucianismo nunca había sido incluido entre los interlocutores del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso. El dicasterio vaticano no solo promovió el importante evento de estos días, sino que desde hace tiempo está preparando una Guía para el diálogo con el confucianismo, que pronto será publicada.
Cristianismo y confucianismo tienen, sin duda, fundamentos teológicos y visiones filosóficas diferentes, pero comparten el valor de la amistad y una historia de amistad. El confucianismo y el cristianismo han tenido ocasiones de diálogo e interacción en el pasado, como lo demuestra, por ejemplo, la amistad y colaboración entre el misionero Matteo Ricci y el científico y estadista confuciano Paul Xu Guangqi en la China de la dinastía Ming (siglo XVII).
El tema de la amistad es especialmente valioso. Como señalaron algunos ponentes y quedó de manifiesto en el debate posterior, la amistad es la quinta de las cinco relaciones que estructuran la sociedad confuciana. Las cuatro primeras son: emperador y súbditos; padre e hijo; hermano mayor y hermano menor; esposo y esposa. Si bien la relación de amistad ocupa el quinto lugar, no por ello es la menos importante: por el contrario, es la única basada en la elección personal y la libertad para elegir. No es casualidad que el primer libro de Matteo Ricci en China estuviera dedicado a la amistad, como espacio antropológico de encuentro entre el humanismo cristiano y el pensamiento confuciano.
Otra muestra significativa de amistad entre la fe cristiana y la virtud confuciana se encuentra, a mediados del siglo XX, en la figura del intelectual católico John Wu Qingxiong, primer embajador de China ante la Santa Sede. En su pequeña obra maestra La ciencia del amor, John Wu presenta a santa Teresa de Lisieux como una maravillosa síntesis entre el amor universal que nace del Evangelio y la benevolencia confuciana.
El encuentro de Seúl no fue solo un ejercicio teórico. Las discusiones abordaron desafíos urgentes de nuestro tiempo, como el deterioro ambiental y las amenazas a la paz. También fue interesante la atención dedicada al tema de la democracia. En el pensamiento confuciano, el gobierno debe estar orientado al bien del pueblo, pero no necesariamente ser ejercido por el pueblo, ya que solo los hombres virtuosos pueden ejercer el poder. La democracia, que tiende a considerarse un concepto occidental, no garantiza el gobierno de los virtuosos. Desde la perspectiva cristiana se señaló que la democracia, según la enseñanza de los últimos pontífices, es el sistema político que mejor expresa la doctrina social de la Iglesia: reconoce la igual dignidad de todos los seres humanos, su derecho a participar en la vida pública y a decidir sobre su propio destino. La democracia es fruto de la libertad, un valor evangélico y universal inalienable. Si las realizaciones concretas de la democracia son imperfectas, sus alternativas no ofrecen mejores soluciones. El debate sobre este tema no permitió alcanzar una conclusión compartida, pero resultó muy estimulante.
También fue especialmente significativa la elección del lugar del encuentro: en el siglo XIX, el sistema político coreano había reducido el neoconfucianismo a una ideología nacionalista, dando lugar a una trágica persecución de los cristianos, que se consideraban una amenaza para la estabilidad del Estado. Fue una historia dolorosa, que todavía hoy recuerdan los católicos coreanos con una gran devoción a los mártires. El encuentro de Seúl concluyó con una emotiva visita al Museo del Santuario de Seosomun, un lugar emblemático donde miles de católicos —junto con otros presos políticos y delincuentes comunes— fueron martirizados.
Hoy los tiempos han cambiado: Corea del Sur es una democracia vibrante y cuenta con una presencia cristiana significativa y creciente. Numerosas confesiones religiosas, incluido el confucianismo, conviven hoy sin conflictos. Por otra parte, la dinámica y floreciente comunidad católica coreana ya está trabajando para acoger la Jornada Mundial de la Juventud en el verano de 2027.
Este Coloquio Cristiano-Confuciano tendrá continuidad: ya se anunciaron otros dos encuentros, el primero en 2028 en Yakarta, Indonesia, y el segundo en 2030 en Hong Kong. En el mensaje final, que fue publicado por el Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, los líderes cristianos y confucianos se comprometieron a continuar la cooperación en el diálogo interreligioso y cultural para contribuir a la construcción de la paz.
Al histórico, exitoso y prometedor coloquio asistieron el presidente de la Academia Confuciana de Corea, Dr. Seong-Su Choi, y numerosos líderes y estudiosos confucianos procedentes de Corea y de otros países, como China, Indonesia, Hong Kong, Taiwán, Malasia y Singapur. Los participantes procedentes de Japón tuvieron que renunciar al viaje debido al reciente terremoto. Por parte católica participaron en las sesiones el cardenal George Jacob Koovakad, prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso; el nuncio apostólico en Corea y Mongolia, monseñor Giovanni Gaspari; el obispo Mathias Ri Iong-hoon, de la diócesis de Suwon y presidente de la Conferencia Episcopal de Corea; y el arzobispo Simon Poh, de la diócesis de Kuching (Borneo, Malasia), responsable de la evangelización de la Federación de Conferencias Episcopales de Asia (FABC).

















