Taipei (AsiaNews) - Un centenario importante para la Iglesia en China, pero también una oportunidad para reflexionar sobre lo que este acontecimiento histórico sigue diciendo hoy sobre el proceso de inculturación de la Iglesia en el contexto chino. Con este espíritu, expertos de distintos ámbitos del mundo chino se reunieron estos días en la Universidad Católica Fu Jen de Taipei para conmemorar los cien años de la ordenación de los seis primeros obispos chinos, que se llevó a cabo por voluntad del papa Pío XI el 28 de octubre de 1926 en Roma.
Por iniciativa de la Fu Jen Academia Catholica, la Conferencia Regional de Obispos Chinos y la Chinese Ferdinand Verbiest Cultural Exchange Association, los días 16 y 17 de octubre se celebró en la universidad católica de Taipei un congreso internacional. Los participantes reflexionaron sobre el significado que este aniversario tiene en el contexto actual, así como sobre los ochenta años transcurridos desde la posterior institución de la jerarquía católica china en 1946.
La decisión de Pío XI en 1926
El P. Gianni Criveller, misionero del PIME y director editorial de AsiaNews, abrió el congreso con una exposición sobre el significado histórico del acontecimiento del 28 de octubre de 1926, fecha elegida expresamente por Pío XI para que coincidiera con el aniversario de su ordenación episcopal. Criveller reconstruyó el largo camino, no exento de resistencias, que ha recorrido la inculturación del catolicismo en China. Ya en el siglo XVII, el papa Gregorio XV había encomendado a Propaganda Fide la tarea de promover la formación de un clero autóctono. Sin embargo, incluso después del impulso decisivo que dio en esa dirección la carta apostólica Maximum Illud, de Benedicto XV, en 1919, el delegado apostólico en China, Mons. Celso Costantini, debió superar numerosas dificultades para designar a los primeros seis obispos chinos y definir los territorios que quedarían bajo su jurisdicción.
El 15 de junio de 1926, Pío XI anunció por carta a los vicarios apostólicos de China los nombres de los seis obispos que consagraría personalmente en Roma en octubre de ese año: Joseph Hu Ruoshan (vicenciano, vicariato de Taizhou, Zhejiang), Simon Zhu Kaimin (jesuita, vicariato de Haimen, Jiangsu), Philip Zhao Huayi (vicariato de Xuanhua, Hebei), Melchior Sun Dezhen (vicenciano, prefectura de Lixian, Hebei), Odoric Cheng Hede (franciscano, vicariato de Puqi, Hubei) y Aloysius Chen Guodi (franciscano, vicariato de Fenyang, Shanxi). Citando los escritos de Mons. Costantini, el P. Criveller recordó que, pese a las dificultades y los desacuerdos que habían surgido, los misioneros acataron la indicación del papa. "Los misioneros más jóvenes —anotó en aquel momento el delegado apostólico— acogen con entusiasmo las nuevas directrices; los mayores —con muchas excepciones significativas— inclinan la cabeza en señal de obediencia. Hoy se reconoce universalmente que el éxito y la gloria de una misión residen en alcanzar su objetivo último: edificar la Iglesia mediante un clero autóctono. La rivalidad que antes causaba graves daños en las misiones se está transformando en un espíritu de sana emulación".
El 10 de septiembre, los seis candidatos chinos al episcopado embarcaron junto con Mons. Costantini en Shanghái, en el buque estadounidense President Adams (que se había elegido para evitar los barcos franceses o italianos y reafirmar así la imparcialidad y la independencia respecto de las potencias europeas). Tras una larga travesía, llegaron a Nápoles el 16 de octubre. Finalmente, el 28 de octubre se celebró su ordenación en la basílica de San Pedro, en Roma. Como destacó el P. Criveller, fue un acontecimiento "de extraordinaria importancia, no solo para la Iglesia china, sino también para la Iglesia universal".
Qué ocurrió después
El congreso internacional de Taipei, sin embargo, no se limitó a conmemorar el centenario de este acontecimiento histórico. Durante las dos jornadas, los participantes también analizaron que ocurrió en las décadas posteriores y cómo aquella semilla plantada con valentía por Pío XI tuvo que afrontar muchas otras pruebas, aunque también dio frutos significativos.
La segunda ponencia principal estuvo a cargo del arzobispo Savio Hon, exsecretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, quien profundizó en la comunión de los obispos de China con el papa, tomando como punto de partida la decisión de Pío XI en 1926, cuando los consagró en la basílica vaticana. También examinó otro hito fundamental: en 1946, Pío XII estableció la jerarquía católica en China, transformando los vicariatos apostólicos en arquidiócesis, diócesis y prefecturas apostólicas. Fue una nueva apuesta por la madurez de la Iglesia local, precisamente cuando el país se precipitaba en el enfrentamiento entre comunistas y nacionalistas.
Mingfang Zhao, de la Pontificia Universidad Gregoriana, abordó la relación entre "diplomacia y resistencia" en el nuevo escenario que se creó en 1949 con el nacimiento de la República Popular China de Mao. Mediante el análisis de la actuación de figuras clave, como el internuncio Mons. Antonio Riberi, el secretario de la internunciatura de Nanjing, Mons. Martin Gilligan, y el arzobispo de Nanjing, Mons. Yu Ping, mostró que la relación con las medidas de control impuestas por las nuevas autoridades comunistas no debe interpretarse únicamente como un proceso de separación progresiva entre Beijing y Roma. También fue un período de profunda redefinición de la identidad, la autonomía y la estructura de la Iglesia en China.
Por su parte, Bibiana Wong, de la Universidad Fu Jen, se centró en la ruptura provocada por Beijing en 1958, apenas doce años después de la creación de la jerarquía católica en China, cuando tuvieron lugar las primeras ordenaciones episcopales sin mandato pontificio. A partir del análisis de publicaciones oficiales de la República Popular China y de la Asociación Patriótica, mostró que este acto no solo supuso una ruptura en la relación tradicional entre la autoridad episcopal y la Santa Sede, sino que también marcó el inicio de un marco institucional alternativo para el gobierno de la Iglesia en China. Es una cuestión que sigue abierta en el contexto actual del Acuerdo provisional entre China y la Santa Sede sobre el nombramiento de obispos, firmado en 2018.
Otras ponencias también abordaron hitos importantes del arraigo del catolicismo en el contexto chino, en comunión con la Iglesia universal. Michael Chang, de la Universidad Nacional Chengchi de Taipei, analizó la creación en Taiwán, en abril de 1967, de la Conferencia Regional de Obispos Chinos, bajo el impulso del Concilio Vaticano II. La presentó como un punto de encuentro entre la experiencia del exilio, la colegialidad y la institucionalización de la colaboración entre las conferencias episcopales. Anthony Lam, de la Universidad Shue Yan de Hong Kong, reflexionó, por su parte, sobre la contribución de los ocho cardenales chinos que ha tenido hasta ahora la Iglesia católica: desde el primero, Thomas Tien, creado cardenal por Pío XII en diciembre de 1945, hasta los tres que siguen vivos en Hong Kong: Joseph Zen, John Tong y Stephen Chow.



















