Card. Ferrão: 'Las familias de Asia en un continente que está cambiando'

En la sesión de hoy del encuentro en el Vaticano por los diez años de Amoris Laetitia, el cardenal indio, presidente de la FABC, describió las transformaciones que afrontan las familias del continente en medio de la precariedad económica y la polarización religiosa: "No debemos preguntarnos qué les falta a las familias, sino qué está haciendo ya Dios en medio de ellas".

Bangkok (AsiaNews).- "No existe un único estereotipo de familia ideal, sino un mosaico complejo de realidades diversas, con sus alegrías, esperanzas, dificultades y heridas". Esta es una de las imágenes que utilizó el cardenal Filipe Neri Ferrão -arzobispo de Goa y Damán y presidente de la Conferencia Episcopal Católica de la India (CCBI) y de la Federación de Conferencias Episcopales de Asia (FABC)- para describir las transformaciones que están viviendo las familias en la India y en Asia en general, durante su intervención de hoy, en la segunda jornada del encuentro convocado por el papa León XIV en el Vaticano con motivo del décimo aniversario de la exhortación apostólica Amoris Laetitia.

En línea con el tema de la jornada, "Las familias hoy: realidades, belleza y desafíos", el cardenal invitó a la Iglesia a comenzar escuchando las experiencias concretar de las familias, evitando ofrecer respuestas prefabricadas. La familia sigue siendo "un lugar privilegiado de revelación: es allí donde se acoge la vida, se establecen relaciones, se transmiten los valores evangélicos y se vive la fe a través de historias únicas y personales", afirmó. Al mismo tiempo, sin embargo, la vida familiar en Asia está atravesando "transiciones profundas y radicales".

Los tres cambios que se están produciendo en Asia

Según Ferrão, hay fenómenos que están modificando el rostro de las familias de Asia. El primero se refiere a su identidad y composición: las tradicionales familias extensas y multigeneracionales están cediendo cada vez más terreno a núcleos familiares más pequeños, mientras que en las zonas urbanas están surgiendo nuevas formas de convivencia y de relación. A esto se suma el aumento de los matrimonios interreligiosos, que en las sociedades asiáticas plantean nuevos interrogantes sobre la práctica y la transmisión de la fe en el seno de la familia.

El segundo es lo que el cardenal define como el paso "del arraigo a la movilidad". La urbanización, el crecimiento económico, los nuevos modelos de desarrollo y un mayor acceso a la educación impulsan a cada vez más personas a desplazarse, dentro de sus propios países o más allá de las fronteras, en busca de mejores oportunidades. "Muchas de las familias confiadas a nuestro cuidado pastoral ya no son núcleos vinculados a una sola parroquia", observó Ferrão.

La tercera transformación está relacionada con las condiciones materiales, que hacen cada vez más difícil formar una familia. India y Asia comparten, según el cardenal, una paradoja: "El crecimiento es rápido, pero desigual; las oportunidades aumentan, pero el acceso a ellas sigue siendo discriminatorio". La dignidad de la vida, el valor del trabajo y la protección de los derechos no son una realidad igual para todos. Muchas familias sufren "la inseguridad económica, la pobreza, el desempleo y la incertidumbre sobre el futuro". A ello se suma, para las comunidades cristianas de distintas zonas de la India y Asia, la creciente polarización religiosa, que hace más difícil expresar y transmitir públicamente la propia fe.

Pero mirar las dificultades, señaló el Card. Ferrão, no significa ignorar la belleza que sigue manifestándose en la vida cotidiana. Es, ante todo, la belleza de las relaciones, que se puede ver en el cuidado de los niños, los ancianos, los enfermos y las personas más vulnerables. "En estos gestos delicados, nuestras familias hacen visible el amor de Dios, que resplandece a través de la entrega de sí mismas, sostenida por la paciencia y sellada por la fidelidad", afirmó. A ello se suma la capacidad de resistir y esperar: incluso "en medio de la pobreza, la migración y la incertidumbre", añadió, las familias siguen creando espacios de alegría y esperanza. Por último, está la capacidad de diálogo, particularmente importante en un continente que se caracteriza por una gran diversidad religiosa y cultural.

"Aprendamos de las familias cómo cambiar la Iglesia"

Esta mirada también lleva a replantear la manera en que la Iglesia acompaña a las familias. Después de la publicación de Amoris Laetitia en 2016, explicó Ferrão, las Iglesias de la India y Asia optaron ante todo por escuchar. La preparación para el matrimonio se concibió como el comienzo de un camino destinado a durar toda la vida, y se crearon programas de renovación espiritual y acompañamiento para las parejas y los hijos, junto con la formación de familias y laicos comprometidos en la pastoral. "La pastoral es en sí misma un espacio de discernimiento", afirmó el cardenal. "No llegamos con respuestas ya preparadas. Discernimos junto con las familias y, al hacerlo, aprendemos también que la misma Iglesia está llamada a cambiar". Por eso, el Card. Ferrão considera necesario pasar de una "misión hacia las familias" a una "misión entre las familias".

"No podemos guiar a las personas manteniéndonos a distancia y señalándoles el destino", explicó. "Debemos ser un faro y una luz en el camino: el primero muestra el horizonte, la segunda ilumina el paso siguiente y camina a su lado". Las familias, añadió, "no son simplemente receptoras de cuidados. Son compañeras de la Iglesia en la misión".

Este enfoque implica también mirar la fragilidad de otra manera. "La fragilidad no es ausencia de gracia", añadió Ferrão. "Si escuchamos con atención, junto al dolor percibimos sabiduría y fidelidad. Por eso, no debemos preguntarnos qué les falta a las familias, sino qué está haciendo ya Dios en medio de ellas".

Para ilustrarlo, el cardenal relató la experiencia de un sacerdote que, durante una visita a una joven pareja con dos hijos, se percató de las dificultades ocultas detrás de una familia aparentemente normal. El marido trabajaba muchas horas y la esposa se repartía entre los hijos y las tareas domésticas, por lo que ambos tenían poco tiempo para hablar entre sí y los niños pasaban mucho tiempo con el teléfono celular.

El sacerdote los escuchó y animó al matrimonio a hablar abiertamente entre ellos. La pareja decidió entonces introducir pequeños cambios: una noche a la semana sin teléfonos, una comida compartida todos los días y unos minutos de oración junto con los hijos. "Sus dificultades seguían allí, pero las estaban afrontando juntos", relató el Card. Ferrão.

De aquella experiencia nació también una nueva forma de pastoral parroquial, con una comisión dedicada a las familias, visitas a los hogares y la participación de parejas con mayor experiencia para acompañar a las más jóvenes. "La verdadera pastoral familiar del sacerdote no comenzó con un programa, sino con una visita, una conversación y la disposición a escuchar", concluyó el cardenal.

El Card. Ferrão cerró su intervención planteando una pregunta para el camino sinodal de la Iglesia: "¿Qué le pide el Espíritu Santo a la Iglesia que cambie, no solo en lo que hacemos por las familias, sino en la manera en que las comprendemos, las acompañamos y las hacemos protagonistas del Evangelio y lugares permanentes de la revelación de Dios?"


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