Katmandú (AsiaNews) - Entre finales de julio y comienzos de agosto, en el distrito de Sunsari, en el sureste de Nepal, estallaron violentos enfrentamientos entre las comunidades hindú y musulmana, que causaron al menos tres muertos y decenas de heridos. Todo comenzó el 26 de julio en Kaptanganj, en el municipio rural de Dewanganj, durante una peregrinación de la comunidad hindú. La tensión habría estallado debido al volumen de la música y, según fuentes locales, cuando una bandera musulmana colocada en un poste de electricidad fue sustituida por una bandera hindú.
La situación se agravó cuando la procesión pasó por una zona donde también viven musulmanes y debieron intervenir las fuerzas de seguridad. Al menos dos personas murieron en Sunsari y una tercera en Siraha, donde se habían extendido las tensiones. Posteriormente, otro joven murió a causa de las heridas sufridas durante las protestas en otro distrito.
La policía impuso el toque de queda y desplegó fuerzas de seguridad en las zonas más conflictivas. En pocos días, los disturbios se extendieron desde Sunsari a otras zonas del país, sobre todo los distritos de Dhanusha, Parsa y Saptari. Tras los enfrentamientos, se organizaron marchas por la paz en distintas zonas de la provincia de Madhesh. En Dhanusha, el gobierno y las organizaciones religiosas locales alcanzaron un acuerdo de 13 puntos con el fin de restablecer la estabilidad en la región.
El gobierno también creó una comisión de investigación sobre lo ocurrido. El primer ministro Balendra Shah intervino después de varios días de violencia, pidió a la población que mantuviera la calma y prometió una investigación transparente sobre los enfrentamientos y la actuación de la policía.
La influencia del Hindutva desde el otro lado de la frontera
La violencia volvió a encender el debate sobre la creciente polarización religiosa en el país. Las llanuras nepalesas de Tarai-Madhesh, que se extienden a lo largo de la frontera con la India, están particularmente expuestas a estas tensiones debido a los estrechos vínculos culturales, familiares y comerciales con los estados indios vecinos. En el pasado, la región ya había sido escenario de enfrentamientos.
Pero en los últimos años la región ha experimentado una creciente politización de la identidad religiosa. También ha cambiado la forma en que las comunidades expresan su pertenencia religiosa. Las banderas de color azafrán, cada vez más visibles en las viviendas y durante las celebraciones hindúes, se han convertido en un elemento de identificación pública. Como respuesta, las comunidades musulmanas han comenzado a utilizar banderas verdes. Las procesiones acompañadas de música a todo volumen, que hoy son frecuentes durante las celebraciones de ambas comunidades, también han contribuido a aumentar las ocasiones de confrontación.
En la India, el nacionalismo hindú y el Hindutva se han convertido en los últimos años en un componente central de la vida política, sobre todo gracias al Bharatiya Janata Party (BJP), del que procede el primer ministro Narendra Modi, y a la Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS), organización paramilitar de la que surgió el BJP y que constituye uno de los principales referentes ideológicos del movimiento ultranacionalista.
En Nepal opera desde hace décadas la Hindu Swayamsevak Sangh (HSS), organización afín a la RSS india, especialmente presente en Tarai. Al igual que ocurre al otro lado de la frontera, contribuye a difundir una interpretación de la política y de la identidad nacional basada en la centralidad del hinduismo.
Asimismo, los símbolos y el lenguaje de la movilización hindú han comenzado a ser utilizados con mayor frecuencia en Nepal, al igual que la retórica antimusulmana procedente de India, que ha sido adoptada por algunos grupos extremistas. En Tarai-Madhesh, sin embargo, las tensiones religiosas se superponen a divisiones sociales, económicas y políticas más antiguas. Históricamente la región ha reclamado la marginación de la que es objeto por parte de las instituciones centrales de Katmandú y una representación política insuficiente.
El secularismo bajo presión
En Nepal, donde aproximadamente el 81 % de la población es hindú y los musulmanes representan poco más del 5 %, la cuestión religiosa se inserta en un marco político y social más amplio. El nacionalismo religioso se entrelaza sobre todo con las reivindicaciones de los movimientos que cuestionan el carácter laico del Estado y, en algunos casos, reclaman el regreso de la monarquía. Paralelamente, sobre todo en Madhesh, sigue pesando el descontento por una descentralización de los poderes y una inclusión política que todavía se consideran insuficientes. El desempleo, las dificultades económicas y la distancia política con Katmandú también contribuyen a alimentar las tensiones.
Nepal fue durante siglos un reino hindú y mantuvo ese carácter hasta que fue transformado en república en 2008. La Constitución de 2015 confirmó el carácter laico del país, pero define la laicidad como protección de la religión y la cultura "transmitidas desde tiempos inmemoriales".
Actualmente hay grupos que reclaman el restablecimiento de la monarquía hindú en el país o el abandono del sistema federal que introdujo la nueva Constitución. Aunque no existen pruebas de que el Gobierno de Delhi apoye directamente el regreso de la monarquía, importantes figuras del nacionalismo hindú indio se habían pronunciado en el pasado a favor de esta posibilidad. Entre ellas Yogi Adityanath, ministro principal de Uttar Pradesh, estado de la India que limita con Nepal. Incluso apareció un gran cartel con su imagen en una manifestación a favor de la monarquía que se llevó a cabo en 2025.
El Gobierno de Balendra Shah, quien asumió el cargo en marzo de 2026 después de las protestas de la "Gen Z", se ha declarado firmemente a favor del secularismo y el federalismo. Pero en el país hay otras fuerzas que actúan en sentido contrario. El ministro del Interior recibió un memorando del Joint Hindu Front de Janakpur, que pide a las fuerzas políticas que se debata formalmente, en un plazo de tres meses, el restablecimiento de un Estado hindú. El Gobierno aclaró que la recepción del documento del colectivo de grupos nacionalistas hindúes no suponía aceptar sus reivindicaciones.
Los problemas de Madhesh
Al cabo de varios días de disturbios, Shah habló por televisión para exhortar a los ciudadanos a preservar la paz, la armonía, la fraternidad y la unidad nacional, y prometió una investigación sobre los episodios de violencia y la actuación de la policía, acusada de haber utilizado armas de fuego durante los disturbios.
Las autoridades de seguridad ya habían advertido, sin embargo, del riesgo de un aumento de las divisiones religiosas en Tarai. Según el Kathmandu Post, hace tres años la Armed Police Force había presentado al Gobierno un informe confidencial en el que señalaba algunos intentos de fomentar divisiones religiosas y étnicas en la región y solicitaba una respuesta coordinada.
Hace apenas once años, además, la región de Madhesh luchaba por una mayor autonomía e inclusión en el marco de la nueva Constitución federal, con protestas en las que murieron 45 personas. Madhesh sigue siendo también una de las zonas más pobres de Nepal; actualmente, el 22 % de su población vive por debajo del umbral de pobreza y la provincia registra una de las tasas de desempleo más altas del país, sumado a una tasa de analfabetismo del 63,5 %.
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