Milán (AsiaNews) – Cuando faltan pocas semanas para las elecciones generales del 27 de octubre en Israel, cuyo plazo para la presentación de listas y candidatos vence hoy, la atención se concentra en el primer ministro saliente Benjamin Netanyahu y en su principal rival, Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor del ejército y líder de Yashar. Para analistas y observadores, la contienda gira en torno a estos dos líderes y a las fuerzas que representan. Pero el voto árabe podría tener un peso decisivo para el frente contrario al gobierno y a la derecha radical, como muestran los llamamientos que se multiplican en estos días. El más reciente, contra el abstencionismo de la minoría —como ha ocurrido con frecuencia en el pasado—, es el que lanzó en las últimas horas Yair Golan, líder de los demócratas, quien invita a los ciudadanos árabe-israelíes a acudir masivamente a las urnas el próximo 27 de octubre. En un videomensaje realizado junto con el diputado Gilad Kariv y traducido al árabe, se dirige directamente al electorado: "Si vas a votar —afirma—, Netanyahu no será Primer Ministro", y a continuación añade que quienes no acudan a las urnas "están votando en definitiva por [Itamar] Ben Gvir", actual ministro de Seguridad Nacional.
El factor árabe
La minoría árabe constituye aproximadamente una quinta parte de la población israelí, y por lo tanto podría tener un peso importante en el resultado de la votación. Sin embargo, tradicionalmente mira las elecciones con desconfianza, y también muchos de los demás partidos que compiten por el gobierno del país la excluyen de antemano como posible socio, sosteniendo —sobre todo después del 7 de octubre— que el poder debe estar reservado a las "fuerzas sionistas". La población árabe, naturalmente, mira con temor —y terror— la perspectiva de un nuevo gobierno liderado por el primer ministro saliente y sus aliados Ben Gvir y Bezalel Smotrich, que han alentado las agresiones de los colonos y los extremistas, marginando cada vez más a la población árabe (además de atacar duramente a los palestinos en Gaza y Cisjordania). Denuncia el abandono en que han quedado en el norte de Israel frente al grave problema de la delincuencia común que desde hace años está ensangrentado a las comunidades árabes, agravado por la escasa atención que reciben las localidades árabes a la hora de distribuir servicios e incluso fuerzas policiales. ¿Será esto suficiente para convencer a más árabes de acudir a las urnas? Los más optimistas sostienen que la representación árabe en la Knéset podría aumentar considerablemente respecto de los 10 escaños actuales. Además, cuanto mayor sea la participación árabe, más difícil será para otros partidos vinculados a la derecha israelí superar el umbral del 3,25%.
En las últimas elecciones, la participación de la población árabe fue de sólo el 53%, es decir, 17 puntos porcentuales por debajo de la media general. En el pasado, el máximo histórico de participación árabe se registró en 2020, cuando se presentó a las elecciones una verdadera "Lista Árabe Unida" que reunía a los cuatro partidos; en esa oportunidad votó el 65% de los árabes y sus partidos obtuvieron el máximo histórico de 15 escaños. ¿Y ahora? Las principales fuerzas se presentan en dos bloques: la alianza entre Hadash-Taal-Balad –tres fuerzas que han alcanzado un acuerdo común– y el partido Ra'am de Mansour Abbas, que apoyó desde fuera el breve gobierno de Bennett-Lapid en 2020.
Una encuesta realizada entre los votantes árabes sitúa en el 38% la preferencia por la alianza Hadash-Taal-Balad, mientras que el 19 % optaría por Ra'am. Hay, además, otro 7% que daría su voto a "Un lugar para todos" (Makom Lekulanu), el nuevo partido creado por el movimiento pacifista "Standing Together", liderado por la árabe Rula Daoud y el israelí Alon Lee-Green. Esta fuerza, a nivel general, se encuentra muy por debajo del umbral electoral del 3,25%, pero podría, de todos modos, atraer a las urnas a muchos árabes que hasta ahora se han abstenido, descontentos con sus partidos tradicionales. Por eso está intentando hasta el último momento alcanzar un acuerdo con Hadash-Taal-Balad para presentar a sus propios candidatos a partir del noveno puesto, dado que los ocho primeros escaños son los que actualmente tienen posibilidades de obtener representación; pero es poco probable que esta posibilidad llegue a concretarse. En cuanto al panorama general, según los últimos sondeos, Yashar, encabezado por Gadi Eisenkot, podría convertirse en el partido mayoritario en la próxima Knesset, con un total de 25 escaños, mientras que el Likud de Netanyahu obtendría 21. El bloque encabezado por Eisenkot podría alcanzar los 57 escaños, mientras que el de Netanyahu sumaría 52, ambos todavía lejos de los 61 necesarios para formar gobierno. Por eso el papel de los partidos árabes podría ser decisivo.
La extraña alianza Segalovitz-Ra'am
En este contexto también hay que tener en cuenta otra novedad importante: Yoav Segalovitz, exdiputado de Yesh Atid, judío y antiguo alto funcionario de la policía, ha decidido, para sorpresa de muchos, presentarse en las filas de Ra'am. No es la primera vez que un judío es candidato de un partido árabe: Hadash ya ha acogido a otros, pero siempre eran figuras vinculadas al ámbito activista y pacifista. En este caso, en cambio, la alianza involucra a una personalidad vinculada al establishment israelí. La decisión ha irritado a los otros partidos árabe-israelíes, unidos en la Lista Conjunta, pero forma parte de la estrategia aplicada en los últimos años por Mansour Abbas, quien ha desvinculado a su partido —originalmente islamista— de las connotaciones religiosas, para abrazar reivindicaciones sociales y económicas fundamentales para la comunidad. Por su parte, el propio Segalovitz ha explicado que decidió incorporarse al partido árabe "después de estar indeciso mucho tiempo" y tras "numerosas" conversaciones con Abbas, en una serie de entrevistas recientes y en una extensa publicación en la que explicó las razones y los objetivos de su participación activa.
"He decidido que es correcto actuar", afirma, en un momento de "polarización social entre judíos y árabes" en el que "Ra'am quiere participar en la acción". "Yo soy judío, sionista, laico, oficial de las FDI [las Fuerzas de Defensa de Israel] y comisario de la Policía de Israel. Mansour es árabe, musulmán practicante y conservador. Lo que nos une –prosigue Segalovitz– es que todos somos israelíes, y esa es la identidad que compartimos. Hemos oscurecido —continúa— el significado de la palabra israelí y nos centramos constantemente en expresiones étnicas divisivas en lugar de aquello que tenemos en común". "La población árabe de Israel —recuerda el dirigente judío— representa el 21% y es activa y productiva: en la industria, la economía, la cultura, la educación y la medicina. Es un motor del crecimiento económico y social. Sí, existen diferencias entre nosotros, hay una historia compleja entre árabes y judíos en esta tierra. Pero también hay un futuro compartido".
"La afirmación generalizada de que después del 7 de octubre no es posible mantener una alianza política con los partidos árabes carece de fundamento y es una mentira", sigue diciendo Segalovitz, recordando los dramáticos acontecimientos que han marcado la vida reciente de la nación sumiéndola en un conflicto sangriento. "Los árabes de Israel han vivido la guerra y, en el espantoso ataque del 7 de octubre murieron más de 34 miembros de la sociedad árabe; en Gaza también fueron secuestrados ciudadanos árabes, entre ellos seis miembros de la comunidad beduina del Néguev". "Las líneas divisorias políticas —denuncia— han sido trazadas por extremistas y se han convertido en una norma política aceptada por todos los partidos. Yo no acepto esta determinación".
"Quiero construir un verdadero puente político. Aunque haya problemas, y los habrá. Habrá dificultades y, aunque sea [un puente] inestable o frágil, será construido y sentará las bases para una continuidad política —augura el candidato de origen judío— que espero que muchas personas de bien, judíos y árabes, sigan construyendo de buena fe". "Sí, quiero romper explícitamente el paradigma de las líneas divisorias y de las líneas de diálogo. También quiero romper el paradigma de cómo se construye una alianza política. No me uno a la lista de Ra'am como parte de una facción, me uno a Ra'am en forma personal. Algunos dirán que esto es una debilidad política, pero yo creo que esto supone una fuerza y un poder mucho mayores. Llamo a judíos, árabes, musulmanes, cristianos y drusos —concluye— a confiar en este paso y a unirse".
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